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Tendemos a estar tristes los domingos, a quejarnos los lunes y a ponernos como motos los viernes.

Tendemos la ropa, tendemos a infinito, tendemos a la cordura cuando quizás lo más sano es elogiar, un pelín, a la locura.

Un bucle infinito nos engulle, un círculo del eterno retorno nos acongoja , un día de la marmota nos agota…

Este blog va de lo otro, de lo contrario, de las pequeñas-grandes cosas, de tender una mano a la alegría, a la gente corriente que da calambre, a la nostalgia aunque no sea bonita. Va de música, de cine, de viajes, de amores pasionales. De mi hijo.

Soy rubia, tengo mis sombras y mis dudas, no pretendo sentar cátedra, una rubia jamás osaría a algo tan complicado…simplemente estoy aquí de paso, como todos, como una extraña en un vagón de tren desvencijado.

Leedme, no me leáis, haced lo que os plazca que rima con catártica, pero tratad de ser felices, que la vida es un ratito, que se pira ¡que se va por una alcantarilla! Sonreíd, brindad, llorad, emborrachad a la tristeza, que es muy mala, que es muy negra…

Sushi Q.

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‘No sabía que ponerme y me puse bohemia’

‘Por cada minuto que estás enfadada pierdes 60 segundos de felicidad’

‘Llueve, pero soy un solete’

‘No sabía que ponerme y me puse contenta’

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Estoy hasta los cojones’: esta es mía.

Pues sí, hasta los cojones (hasta el coño ya estuve y si pincháis aquí podéis leerlo, gracias) harta de que Mister Wonderland me diga que sonría cuando a lo mejor lo que quiero es llorar, llorar hasta reventar.

‘Por cada minuto que estás enfadada pierdes 60 segundos de felicidad’

Venga, voy a ponerme contenta…

-¡Uy qué felicidad, ya me siento mejor! (poniendo las manitas así, como Faemino y Cansado)-

Pero vamos a ver ¿y si quiero estar enfadada el tiempo que haga falta? ¡Dejadme en paz, coño!

‘Llueve pero soy un solete’.

Joder, llueve ¡qué bien! ojalá caiga una buena tormenta, limpie de contaminación el cielo, bese y amamante al suelo…

‘No sabía que ponerme y me puse contenta’

Pues no, a lo mejor ese día no sabía que ponerme y me puse rabiosa y me desahogué haciendo deporte, sudando como una cerda mientras sonaba Metallica y después me di una ducha con música relajante super zen de la muerte y entonces sí que me sentí feliz y de puta madre…

No quiero ser feliz porque me lo vendáis, no quiero una venda en los ojos, no soy La Justicia. Quiero y puedo ser feliz por mis propios miedos, sí, miedos. Cuando venzo un miedo me siento feliz y no necesito una taza de desayuno que me diga:

Sonríe, la vida puede ser maravillosa’

¡Que sonría tu puta madre (con perdón) a las 6.30 de la mañana! Yo quiero 5 minutos más, 10 minutos más, dos días más…..pero si casi no tengo fuerzas, por las mañanas, de desnudar una magdalena…

La vida puede ser maravillosa (o no) o sí, a ratos, mientras me como un trozo de queso a pequeños bocados…

La vida muchas veces es una mierda, un dolor, una congoja inmensa y negarlo nos hace cómplices de nuestra desgracia. Aceptémoslo. Echar de menos es sano (eso es porque has sentido amor, creo yo) tener una sonrisa perpetua, a toda costa, porque hay que ser feliz es antinatura y además corres el riesgo de que se te desencaje la mandíbula.

Soy una tía alegre. No soy feliz, estoy feliz y no siempre, sólo a ratos…Me vale, me mola, ya.

La felicidad enlatada es una lata, lo único enlatado que me encanta son las sopas Campbell’s de Andy Warhol, bueno, y tampoco, están asquerosas, estéticamente una delicia, su sabor una desdicha.

¡Viva la felicidad sin enlatar!

¡Viva el llorar de risa porque te sale sólo, sin ninguna taza que te lo diga!

No sabía que ponerme y me puse coleta.

No sabía que ponerme y me puse bohemia.

 

Ternura

La ternura no tiene color, es llana, humilde y no entiende de gritos.

Suele encontrarse en el brillo de los ojos de los abuelos, en el polvo de las alas de las mariposas y en el tacto de los pétalos de los tulipanes.

Ternura es mi hijo peinándome, sus orejas coloradas cuando duerme y sus pelos revueltos como los de una abuela que sale de casa en bata por la mañana.

Hay veces que la ternura se esconde en sitios muy extraños, una vez encontré ternura al ir a purgar un radiador; empezó a soltar aire y después sólo agua, mucho agua. Decidí detener el exceso de ternura con el destornillador pues ese día no quería llorar, sólo sentirme tierna.

También existe la sopa de ternura; la sopa de ternura está hecha de estrellas y ha de servirse calentita, si no pierde sus propiedades organolépticas y todo se va a la mierda.

Hay ternura en la voz de la  mujer del estanco de abajo.

El musgo es ternura.

Las manos de mi compañero unidas a las mías, casi en una caricia, son ternura.

Los charcos de lluvia están conformados en parte por ternura, en parte por agua y un poco de pis de perro abandonado.

Una uña desconchada, porque he estado jugando con mi hijo y no he tenido tiempo de pintármela, es ternura.

Una prenda de ropa cayendo de su percha en una tienda, donde todo el mundo la ve pero nadie la recoge, es ternura.

Si encuentras ternura en el hall de tu casa no la barras, quizás en algún momento te haga falta.

Llevo con un nudo en la garganta desde hace unos cuantos días. Necesitaba escribir esto, necesitaba poner un poco de ternura a ese nudo y deshacerlo. Creo que algo lo he disuelto…

Sushi Q.sopa-de-ternura

 

 

 

Las verdades no existen

Llueve y siempre que llueve mis ojos se achinan y mi cuerpo se destensa.

No entiendo a la gente que no ama la lluvia, pero la respeto.

Supongo que cada uno nacemos amando u odiando algo ya de serie.

Hay gente de agua, tormentas y otoño (como yo) Hay gente de sol, calor y agosto.

Odio el agosto. No odio a los agostados. No se me ocurriría.

Se puede ser de sal sin tener que gustarte el tequila. A mí me gusta la lluvia y el morado del cielo antes de estallar en tormenta.

Mi hijo no ve el cielo morado justo antes de llover, él lo ve gris. Nos entendemos. Nos llevamos bien, nos amamos.

Uno puede ser de arena, otro de canela y jengibre. El truco es no imponer, no acallar, no creerse poseedor de la verdad absoluta.

Las verdades absolutas no existen, existen las mentiras piadosas. La única verdad que concibo es esta, el ahora, este ratito en el que mientras llueve escribo sin que nadie me mire, ni me frene, ni tan siquiera me lea.

La única verdad que concibo es aquella que no mira mal a las mentirijillas y que se deja hacer cosquillas en la barriga.

Me escaman tantas cosas sin ser yo pescado…

Me escaman tantas cosas sin ser yo pescado…

No sé de leyes pero sé que lo de ayer no es de ley, no, ni de coña es de ley, por muchas vueltas que se dé a los términos no lo es. Abuso, agresión, violación… ¿dónde coño está el límite?

Estoy triste, como todas, y como muchos todos que también están ahí. Me siento impotente, herida y rabiosa. Siento hartazgo.

Atticus Finch se quedaría bizco; también le escamarían muchas cosas sin ser él pescado… ¿Qué le diría a Scout? me pregunto… ¿qué les decimos a nuestras hijas, hermanas, primas…mujeres fuertes, bellas e inteligentes que ahora, después de este sin sentido, se encuentran, aún, más desprotegidas? No tengo ni puta idea, pero ni puta idea.

Hoy me escama todo mucho, demasiado, sin ser yo pescado…

Sushi Q.

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La gran belleza

El otro día vi por cuarta o quinta vez una peli maravillosa llamada La gran belleza. En una escena, el prota, Jep Gambardella, del que es imposible no enamorarse, decía que lo que más le gustaba de la vida era el olor de las casas de los viejos:

De pequeños, a esta pregunta, mis amigos daban siempre la misma respuesta: “Los coños”. Pero yo respondía: “El olor de las casas de los viejos”. La pregunta era: “¿Qué es lo que realmente te gusta más en la vida?”. Estaba destinado a la sensibilidad. Estaba destinado a convertirme en escritor. Estaba destinado a convertirme en Jep Gambardella.

Los olores son algo así como el Delorean de los sentidos, te transportan al pasado con una facilidad pasmosa, siempre lo he pensado. Anoche, hablando con mi compañero, llegamos a la conclusión de que el olfato es el sentido más evocador que existe y comenzamos a recorrer el Mundo contándonos los olores de nuestros viajes juntos y por separado.

Él me hablaba del penetrante olor a madera que le atrapó visitando los templos en Japón; yo le contaba la mezcla de olor a gasolina y comida que rezuma por las calles de Hanói. En Hawaii, según él, huele a día soleado a punto de llover y que en diez minutos estará nublado, que es verde luminoso y que en el mar hay peces de colores en lugar de barbos. Yo le explicaba que en Ushuaia olía a chimenea y a carne churruscada, que en Shanghai casi no se puede respirar por la contaminación que hay y que en San Francisco huele a Libertad.

También hablamos de sonidos, como el del suelo crujiente del hotel en el que nos alojamos en Krakovia y cómo se escuchaban los cascos de los caballos sobre los adoquines desde la habitación.

La nuestra es una historia peculiar, es un diálogo incesante de Vida. Es común vernos enmadejados en conversaciones acerca de lexemas, política, colores (sobre todo azules) películas, órganos del cuerpo humano, niños (los nuestros) Es fácil que saltemos de un tema a otro y que no sepamos cómo llegamos hasta ahí ni nos importe.

Mola olisquear la vida junto a alguien que es como tú; nos conocimos en un parking, montamos una road movie improvisada, y el viaje, que es lo realmente importante, nos está regalando momentos inolvidables. Es un placer viajar con Usted (y con Billy, la trucha viajera) Es un placer poder observar juntos la gran belleza que nos rodea.

Sushi Q.

La-Grande-Bellezza

El Hueso de la Risa

Sin el Hueso de la Risa todo sería inexorablemente gris; el gris huele a cemento y a hormigón, solo me gusta el gris cuando tiñe las nubes blancas y las lagrimea.

La vida te golpea, te zarandea pero al final, si no te mata, acabas riéndote de ella y con ella. Ahí está, el Hueso: roto, astillado, machacado… un día eres añicos pero no te falta humor, humor vítreo, que convierte tus ojos en mares cuando te das en el Hueso de la Risa contra el quicio de la puerta haciendo una pirueta.

Hay gente que nace sin Hueso de la Risa, yo tengo varios (y ovarios). Sería conveniente nacer con huesecillos de estos ya de serie; la gente es seria, muy seria y llora solo de llorar no de reír, digo los sin Hueso. Estaría bien llorar de reír más a menudo, partirse la caja, romperse los huesos y hacer un cocido madrileño.

Mis huesos de la risa están en ambos codos, en las muñecas y en el tobillo izquierdo. Ser un poco inestable y torpe tiene sus ventajas, suelo echarle la culpa a las placas tectónicas, que se mueven a mi paso, pero soy yo que me golpeo aquí, un poco allá y claro… mis huesecillos hacen magia y una risa tonta acaba estampada en mi cara.

Ojalá todos conociéramos dónde se encuentra nuestro hueso. Os animo a buscarlo, a ir al osteópata, a radiografiaros. Una vez que lo encuentras lo que duele sigue haciendo daño, pero el dolor es menos agudo, menos retorcido, menos malo.

Sushi Q.

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Ojalá

Te enganchas a lo de siempre, a la gente de toda la vida. Te enganchas a la misma gotera que apañas con un barreño de plástico y que sabes que dejará de gotear cuando la lluvia amaine *

Utilizas siempre el mismo recorrido para ir a trabajar, compras el mismo pollo fileteado del súper porque siempre te ha ido bien y no se te ha pegado en la sartén. Ojalá lo cambiaras.

Te mueves por tu barrio, te asusta salir de él porque no has tenido la oportunidad de recorrer los hutones de Pekín sin guía ni viaje organizado o porque, de haber podido, lo hubieras desechado por temor a caer en la zona desconocida, esa a la que no estás acostumbrado y que, para mí, es la zona mágica. Ojalá la probaras.

A veces pienso en la cantidad de lugares, personas y ambientes que no conozco y que probablemente vengan a mí porque mi mente y mis brazos están abiertos a nuevas emociones, a nuevas voces, a nuevas maneras de colocarse una bufanda, a nuevas formas de enjabonarse la cara.

Muchas veces dejo los filetes de pollo de siempre y frío boquerones, de los pequeñitos, sin raspa, para que mi hijo saboree algo más de lo que le venden, de lo que le vendo… me siento bien.

Pienso en lo que llegará, y aún desconozco, con gran entusiasmo, siempre es bueno abrirse al mundo, a la gente deshilachada que desde un principio sabes que enhebrará su hilo en tu vida y que quizás con el tiempo se vayan, pero ese tiempo que permanezcan, que les escuches, les abraces y les regales margaritas, ese tiempo no es en vano; ese tiempo es en vaso, en plato hondo, en copa de vino, en paraguas volcado.

Atrevéos, conoced, sonreíd, que la mayoría necesitamos eso: tímidos héroes de calle que bajan la mirada cuando les sonríes por miedo al rechazo, por soledad, por ceguera impuesta y aborregada. Ojalá no lo hicierais, ojalá os atrevierais.

Jamás rechacéis un gesto amable, una ternura, un Nuevos días. Creo que hay mundo más allá de nuestro camino de baldosas amarillas y si no lo hay, yo voy a seguir fabricándolo, me hace bien, no hace daño, salvo el daño que tú te dejes hacer.

*La lluvia nunca amaina, es la Vida. Siempre lloverá, el truco es saber cantar bajo ella, como Gene Kelly, y empaparse hasta ahogar lo que nos acongoja, nos atemoriza y nos descoloca. Resiliencia.

Ojalá más ‘pescaítos’ sonrientes surcando los mares, ojalá más amor.

https://youtu.be/kB9wpKXvr1o

Sushi Q.

Cuarentena

Me gusta mi cuarentena; leo con gafas de cerca pero me sientan tan bien que no me afecta.

Los años me están haciendo más paciente, menos cuando me cabreo porque no tengo batería en el cepillo de dientes.

Me gustan mis ojeras, mi piel ya no es como a los treinta. No me cambio por los treinta, prefiero mi cabeza de ahora, mi fortaleza de ahora, mis arruguitas de ahora, salvo cuando veo alguna foto de esa época y caigo en que estaba tremenda. Pero no, no me cambio, estoy hecha de cachitos que juntos conforman un algo bonito.

Voy templando mi carácter, menos cuando un jélipoller me quita una plaza de parking.

-Bravo- le digo – adelante, toda tuya, la has conseguido.

Y como no sabe qué decir porque le hablo con una sonrisa amable,  pues no dice nada y se marcha. Y claro, me dan ganas de abofetearle pero no lo hago porque tengo que comprar sushi para una sushi cena yo sola con mi mismidad y no me apetece que nadie me joda mi mismidad, mi cena, mi peli antigua y mi plan.

Disfruto haciendo las cosas despacio, sin correr, sin ir a destajo, salvo cuando estoy hasta el coño y meto los platos en el lavavajillas a su puta bola porque sí, porque mi cuarentena me ha vuelto más calmada pero soy humana, soy persona, soy persiana veneciana…

No me gusta la palabra cuarentona, prefiero las carantoñas. Cuarentona es despectivo y no puede ser uno despectivo con una mujer que está en plena cuarentena y que va repartiendo alegría y bordería a partes desiguales por la vida; soy más de alegrías que de borderías, la verdad, lo bueno es que ahora lo suelto, paso de anclas y de morderme la lengua, eso ya lo dejé, lo desterré…

Me gusto, me asusto, a veces desearía esconderme en un arbusto…pero soy valiente, puñetera, fuerte, me gusta mi cuarentena pero sin estar aislada, sin zona de confort almohadillada.. salgo, entro, corro, me despeino, viajo, viajo, viajo… dios, adoro perderme por el mundo, en los brazos de mi hijo, en un libro…

Me gusta mi cuarentena, me gusta mi compañero, que viene así de repente y me da un beso en el cuello y me dice que soy preciosa, que sin rimmel estoy maravillosa como una mariposa…

Entonces me relajo, valoro más aún mi vida de ahora, el amor que me rodea y me convierto en caramelo de tofe, me derrito y dejo sobre el suelo un charco de ternura que no quiero limpiar porque limpiarse de ternuras envejece el alma, reseca el corazón y aumenta el colesterol…

Me gusta mi cuarentena y mis gafas de cerca…

Sushi Q.

cuarentena

De gente sonriente y no sonriente

Me gusta la gente que sonríe al otro lado del teléfono; no los ves, pero su voz sonríe.

Te llaman:

-Buenos días mi nombre es Verónica y le llamo del servicio de atención al cliente de tal, tal, tal…

Entonces le respondes:

-Hola, Verónica- y sonríes.

Verónica nota que estás sonriendo al otro lado, se relaja y deja de hablarte como una máquina expendedora de tristeza… ¡de pronto se siente humana!

Me encanta dirigirme a la gente por su nombre, para eso nos regalaron uno ¿no?

Debajo de mi casa hay una tienda pequeñita regentada por una familia china. Mi hijo de 4 años comenzó a gritar al padre:

– ¡Eh, chino! ¡Hola, chino!

Un día le dije:

-Hijo, seguramente tiene un nombre ¿por qué no se lo preguntamos? Estoy convencida de que le alegrará escucharlo. ¿A ti te gusta que digan tu nombre o preferirías que te chillaran: ¡Eh, niño! ¡Niño, eh, niño!?

Desde entonces le saludamos por su nombre: Yuping, y a su mujer por el suyo: Sao King y siempre tienen una enorme sonrisa china en la boca.

El hombrecito de correos sonríe, es amable, es gracioso, hace su trabajo mejor que bien.

-¡A ver, que dé un paso al frente el número 336 para recoger¡ ¡ Vamos número 336, no sea tímido…a la de una, a la de dos…. ¡adjudicado!

Voy mucho a correos con mi hijo y siempre que está el hombrecito salgo de allí con un chute de alegría enorme. Es como *George Bailey. Es tan amable y tan sencillo que siempre regreso a casa emocionada y llena de gratitud.

El barrendero de la calle donde viven mis padres es un tipo genial (ya le dediqué una entrada en mi antiguo blog) Siempre te sonríe y saluda, ya esté pelao de frío o achicharrado en pleno mes de julio… ¡gracias, joder, gracias!

¡Bravo por la gente que sonríe en su trabajo! ¡Bravo por los que sonreís al otro lado del teléfono! ¡Bravo por los que no sonreís! Sí, bravo también por vosotros, quizás no os enseñaron a hacerlo o quizás llevéis una pena inmensa dentro. No os juzgo, no sé nada sobre vuestras vidas pero si os veo por la calle os sonrío, y si no me devolvéis la sonrisa espero, que al menos, os haya conmovido.

Sushi Q.

¡Feliz Navidad y Próspero Año Tuerto!

Y es que no es normal, lo que sucede en las cabalgatas de Reyes no es normal.

Desde el Rey Baltasar teñido de betún de Judea que parece una puerta (exceptuando el cuello y las orejas; flipo) hasta majorettes, de verdad, un año vi majorettes, muertas de frío y con la bandera de Estados Unidos….vaaaaaale, que no es plan de poner al Negro del Pollón, que tendrá un caché tan bestia como su rabo, pero coño, que negros de verdad hay, por dios ¡dejad de pintar de negro a concejales blancos, que los niños ahora son muy avispados y luego te fríen a preguntas y acabas loca perdida!

Pero lo más fuerte, lo más heavy, lo más brutal, son los lanzadores profesionales de caramelos. Sí, ellos, homicidas en potencia que tiran a dar, joder, que se les ve, que van a matar, que los lanzan a degüello, que si os fijáis bien lo tienen todo estudiado: se muerden el labio de abajo, agarran bien la munición, te miran, siiiiiii, te están mirando a ti, y ¡zas! te lanzan los caramelos que si no los esquivas acabas tuerto* ¡Feliz Navidad y prospero Año Tuerto!

 *Yo este año voy a hacerme con unas  gafas de soldador, hago un llamamiento a la comunidad que no quiera perder un ojo, o los dos, a hacerlo. Gracias.

Otra figura típica, y con cada vez más acogida dentro de esta celebración lúdica, es la del Abuelo Ninja…. sí, ese abuelo que ves todos los días llevado a rastras por sus nietos al colegio,  aterido de frío e inmóvil (ole por los abuelos ¿eh? ole por ellos) y que en la cabalgata de Reyes no se qué cojones se toman que cuando los padres queremos coger unos cuantos caramelos: ¡fiiiiuuuummmm! en una maniobra física paranormal que ni Bruce Lee podría imitar, ya se han agachado y han arrasado con todos,  salvo los de anís ¿¡¡pero seréis cabrones!!? Flipo con los abuelos ninjas, qué capacidad de reacción, de rastreo de la zona, de discriminación entre los buenos y los de anís y de recogida. Me quito el sombrero, de verdad, me quito el sombrero.

A mí me da mucho miedo cuando viene Bob Esponja. Está loco, muy loco y como los niños empiezan a corearle se viene arriba y claro, pues luego los padres tenemos pesadillas. Esos dientes de castor hipertrofiado, esos ojos de consumidor habitual de metanfetamina azul que nunca parpadean, ese vaivén para un lado y para otro sobre sus piernecitas flacas de Mick Jagger… diosssssss es aterrador…

Y luego están los bomberos: mi carroza favorita, cuando empieza a acercarse no sé que me da que se me quita el frío. Muy fan del cuerpo de bomberos, mucho ¡ole por ellos! Pero claro, cuando ya tienes en frente a la carroza y te fijas… ¿dónde cojones están los bomberos de los calendarios que compras para hacer el bien a los más necesitados? ¡Por ningún lado! en mi cabalgata no salen ellos… de verdad, que puto timo, un timazo…

Así que ya sabéis, para poder disfrutar de una cabalgata lo más segura posible: ataviaos con unas buenas gafas de soldador, evitad que los niños se acerquen a Bob Esponja (no sea que les inicie en el consumo de drogas), distraed a vuestros hijos si el Rey Baltasar está pintado de negro (evitaréis que el niño os fría a preguntas luego) y dejad a los abuelos su hueco para no caer en reyertas y otro tipo de escenas nada navideñas.

¡Feliz navidad y prospero año Tuerto!

Sushi Q.

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