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De qué va este blog…

Tendemos a estar tristes los domingos, a quejarnos los lunes y a ponernos como motos los viernes.

Tendemos la ropa, tendemos a infinito, tendemos a la cordura cuando quizás lo más sano es elogiar, un pelín, a la locura.

Este blog va de lo otro, de las pequeñas-grandes cosas, de tender una mano a la alegría, a la gente corriente que da calambre. Va de música, de cine, de viajes, de amores pasionales. De mi hijo.

Soy rubia, tengo mis sombras y mis dudas, no pretendo sentar cátedra, una rubia jamás osaría a algo tan complicado…🤪

Leedme, no me leáis, pero tratad de ser felices, que la vida es un ratito, que se pira ¡que se va por una alcantarilla! Sonreíd, brindad, emborrachad a la tristeza, que es muy mala, que es muy negra…

Sushi Q.

Mimetizarse o morir

Estoy feliz. No es lo mismo estar feliz que serlo. Ser feliz todo el rato no es posible y creo que hasta podría ser denunciable (gente que sois felices todo el rato: bajad de ahí que ahí no es)

Estar feliz mola: es puntual, sencillo, práctico ¿verdad?

Cuando una está feliz saltan chispas.

Odio el polen. No soy alérgica pero lo odio. Cuando nieva polen no estoy feliz. Tampoco estoy infeliz, simplemente me cabreo.

Cabrearse es bueno, estirar todo tu cuerpo y bostezar sin taparse la boca es bueno.

Hace años, conociendo China (un mes estuve allí) descubrí por qué los chinos viven tanto y por qué están tan felices (bueno, los que están felices):

Cuidan su cuerpo y su alma, pasean, frotan su espalda contra los árboles, escupen, hacen Tai Chi en los parques, bailan, se suenan los mocos sin pañuelo.

Al principio me chocaba, joderrr, que asco… después de estar allí un tiempo y observarles (parece que esté hablando de monos en un zoo y no es eso, observaba para empaparme, para mimetizarme) comprendí por qué lo hacían: para liberarse de toda la mierda que llevaban dentro.

En Pekín no había tanta polución, pero fue llegar a Shanghai y … el horror. No se podía ni respirar. Visité a Los Guerreros y, en plena tormenta de arena, lo único que quería hacer era escupir, sonarme los mocos y respirar.

Cuánto he aprendido de mis viajes por el mundo, cuánto. Solo hace falta dejarse llevar, sonreír y no prejuzgar.

Este verano tengo unos días libres y estoy planeando hacer un viaje sola, alone, con mi mochila y mi curiosidad; nada de viajes programados, los odio. Necesito perderme, conocer, hablar con desconocidos, intercambiar palillos, cigarros, copas de vino. Llevo necesitándolo mucho tiempo.

No sé a donde iré, solo se que me mimetizaré con lo que encuentre. Cuando te mimetizas, aprendes y aprender es lo que mueve mi mundo.

Mimetizarse o morir.

Sushi Q. (Casi recuperada de mi lesión del pie y con ganas de mimetizarme con el ambiente)

*Con estas zapatillas recorrí Vietnam y Camboya. No quiero tirarlas, están destrozadas pero son parte de mi vida. Las llevaré en mi viaje.

Magnetismo

Esta noche me siento en paz.

Mi hijo duerme, yo leo cosas, cosas de esas que me hacen bien. Mis cosas.

Estoy recostada en la cama. Un enorme cojín suave sostiene la curvatura de mi espalda. Una bonita espalda.

Salgo de mi cuerpo, me elevo y observo desde arriba mi figura. Me gusta ese plano cenital y me envío una amplia sonrisa.

Voy volando por todas las estancias de casa. Me detengo sobre la cama de mi hijo sonrío.

-Te quiero, hijo.

Sigo flotando y observando lo que he construido durante estos años. No me falta nada, me sobraban cosas, lugares y personas.

Tengo la habilidad de atraer lo bueno. Soy una especie de imán que absorbe lo que le hace bien y deja ir lo que le provoca dentera, nervios y acidez. Inteligencia emocional, lo llaman, yo prefiero hablar de ‘rubia que a veces tiene accesos de listeza’.

Me siento en paz. Mi respiración es pausada. Mi gesto, relajado. No tengo presión en el pecho.

Me levanto, voy al baño, me deshago la coleta. Me miro al espejo.

-Qué guapa eres. Bueno, guapa no, atractiva. Siempre has tenido un magnetismo especial para atraer lo que has ido necesitando. Quizás sea la magnetoterapia de la rehabilitación, no te flipes… que chula te están volviendo los años… cuánto descaro…

Regreso a la cama. Vuelvo a recostarme. Sonrío, estiro las piernas. Sonrío.

Soy un imán de cosas buenas. Soy un imán de gente amorosa, abrazona, amable, creativa, sonriente, auténtica.

Ahora sí que sí. Vuelvo a ser. Me he encontrado sin necesidad de buscar abrazos, amores sin sentido, miradas descalzas, palabras sin voz, cuerpos sin esperanza.

Bendita soledad. Bendito magnetismo. Bendita seguridad en mi.

Sushi Q. (en vías de mi recuperación física, en vías de volver al gym, en mis vías, en mis cabales y en mis descabales)

 

Punto y final •

A veces te centras en un solo algo y te absorbe de tal manera que no ves el todo.

Después de darle vueltas a ese algo, a ese solo algo, he visto el todo.

Punto y final •

Gracias a mi ‘fractura por stress del segundo y tercer metatarso del pie izquierdo’ por obligarme a frenar. Gracias, en serio, gracias, lo necesitaba y el cuerpo me lo gritaba.

Únicamente necesitaba pararme y ordenar los pájaros de mi cabeza.

Esta semana por fin los solté, dejé partir a mis pájaros, llevaban unos meses comiendo alpiste y sin volar.

Hay que dejar volar a aquello que tiene alas. No puede una enjaularse entre barrotes cuando en el fondo sabe que ha nacido para no atarse, para no esclavizar su alma libre y loca, para no dejar de ser un ave migratoria sin miedo a arribar a otros lugares. Nunca me dio miedo viajar.

Jamás podría prescindir de mis alas, me faltaría al respeto y me volvería azul oscuro, gris, gris plomo, gris pesado y herrumbroso…

No ha llegado aún el día en el que algo me vuelva gris. Soy de colores ¡nací y me hice de colores!

Pájaros libres ya por fin. Pie recuperándose cuando al fin lo escuché y comprendí. Ilusión de nuevo. Mejillas sonrosadas. Flequillo despeinado.

Vuelvo a ser. Estoy volviendo a ser 💜🙃

Punto y final •

Comienzo a caminar.

Sushi Q.

Como los salmones

Llevo mucho tiempo siendo fuerte, mucho tiempo tirando del carro, mucho tiempo sonriendo cuando mis ojos claman por unas cuantas lágrimas.

Hoy, ahora mismo, acabo de cumplir cuarenta y dos.

Estoy cansada, mucho, demasiado; no por cumplir años sino porque sí, por tanto, por tan poco, por tan demasiado.

Hoy me permito no celebrarlo.

Hoy me permito no soplar las velas de una tarta que no me apetece y que me viene larga.

Hoy me permito no nadar contra corriente, como los salmones.

Hoy me permito llorar y desahogarme.

Hoy me permito ser yo, sin tapujos, sin trampantojos, sin escenario, sin telón.

Hoy me permito no coger el teléfono si me llaman, no contestar a WhatsApps, no sonreír porque sí, sino porque no.

Hoy me permito ser yo misma, sin disimulos, sin recovecos, con mis curvas preciosas, con mi tristeza, mi nostalgia y mi fiereza.

Hoy me permito darme un respiro.

Estoy cansada, no pasa nada por estarlo. Me lo permito.

Me alegra cumplir años: estoy viva, pero no me apetece celebrarlo.

No necesito velas, no quiero ser una chica excelente.

Hoy me permito estar abatida.

Hoy me permito no ir contra corriente, como los salmones, ya lo haré cuando me apetezca, lo necesite o me convenga.

Sushi Q.

La gente amable

La gente amable me puede. Hay muchas cosas que me pueden, no soy indestructible; una vez, como hace seis años, pretendí serlo y fracasé. Me gustó fracasar eso me hizo aprender y continuar.

El viernes salía para ir a trabajar y el jardinero me vio con la muleta:

-Buenos días.

-Buenos días.

Y tapó con su mano el aspersor para dejarme pasar y que no me mojara.

-Muchas gracias. Le dije.

Sonrió.

Seguí ‘caminando’ hasta el coche y se acercó.

-Por favor, si puedo ayudar…

Hizo gestos con sus manos, como de agarrar cosas, de llevar cosas. Es rumano y creo que no domina aún el castellano.

-Ohhh, pues muchas gracias, qué amable. Le constesté sonriendo. Y él continuó haciendo su impecable, porque así lo creo, trabajo.

La gente amable me puede, me pone una sonrisa en los ojos. La gente amable no escasea solo que muchas veces es tímida y tiene miedo a respuestas bruscas o a reacciones no amables.

Yo sigo sonriendo, sigo ‘caminando’ por mi camino de baldosas amarillas y me voy encontrando con gente amable y con gente que no lo es.

Mi hijo coloca todos los felpudos de los vecinos del rellano de nuestra escalera cuando ha terminado de fregar la mujer de la limpieza.

-Hijo, eso está muy bien, eres amable y cuidadoso. Estoy muy orgullosa de ti.

Él sonríe aún sin saber que forma parte de la gente amable. Cuando sea mayor sé que seguirá siéndolo. Es mi herencia en vida, al igual que yo aprendí, de mi madre, a ser generosa. No he conocido jamás a una persona tan generosa como mi madre. Es cierto, no hay persona igual en la Tierra.

Mi hijo ya duerme. Yo estoy casi a punto.

No dejéis jamás de ser amables y generosos: No pasa nada pero sucede mucho.

-Sushi Q. (Aún coja, pero sonriendo y sintiéndome vulnerable a ratos y otras, indestructible)

La gente que silba

La gente que silba es distraída, amable y nada morbosa. Suele caminar con las manos en los bolsillos (sobre todo en otoño, no sé por qué pero así es) y no le gusta meterse en la vida de los demás, no es nada cotilla.

La gente que silba es inofensiva, bueno, excepto los asesinos de las pelis de sobremesa; esos siempre silban para disimular, claro, pero su silbido no es alegre ni amigable sino tétrico y como diciendo: ‘… la sarta de puñaladas que te voy a asestar en cuanto te pille, víctima’, y continúan silbando como si nada.

La gente que silba (menos los asesinos de peli de sobremesa) debería estar amparada por alguna asociación sin ánimo de luto, habría que convertirla en especie protegida, a mí me da miedo que se extinga: alegra la existencia y encima lo hace sin darse cuenta debido a su condición de distraída.

Ayer comencé a caminar sin muletas y me sorprendí silbando por el pasillo de casa mientras daba sorbitos a mi infusión de jengibre con canela. Iba con el móvil en el bolsillo de atrás del vaquero escuchando una canción de silbar y, al oírme, me invadió una sensación muy agradable, como de calma y tranquilidad.

Mi hijo me dijo el otro día:

-Mami, ya silbo, mira, ¡Prfrfrfrfr!

Y un montón de babas se dispersaron entre nuestras caras. Nos reímos, nos tiramos en la cama y volvimos a reírnos. Mi hijo será un buen silbador lo sé, los tíos felices silban y él lo es.

La gente que silba es mágica, y no me refiero a mi, yo no soy mágica, soy sensible y alegre, la Magia se la dejo a los niños, ellos si son mágicos, aunque no sepan silbar.

Gracias, gente que silbáis por la calle.

Sushi Q. (Lanzando a tomar por saco mis muletas y silbando)

*Con muletas/Sin muletas (pero siempre silbando)

*No se por qué leches salen los gifs de lado. Si alguien sabe cómo arreglarlo que me de un silbidito 😗 Gracias.

La escena de la bolsa

Esta semana he sido consciente de que mi lesión del pie izquierdo me quiere decir algo: Para•

También he sido consciente de por qué me lesioné: coincidió con algo, algo que me pudo y traté de mitigar machacando mi cuerpo, a golpe de deporte, en el gimnasio. Fui a machetazos y yo no soy de ir a machetazos.

Necesito detenerme, hacer parón y cuenta nueva, agarrar una goma Milan impoluta e ir borrando del cuaderno aquello que me frena. Sé lo que es, o lo voy sabiendo.

¿Recordáis la escena de la bolsa de ‘American Beauty’? es magia pura. Así me siento yo: sé hacia donde dirigirme, o lo voy sabiendo, pero el viento me lleva de un lado a otro, me zarandea. He de detener ese remolino, por muy romántico que parezca, y volver a caminar sin viento, miedo no tengo.

Cuando te das cuenta de que hay algo que debes frenar, de que vas muy rápido y de que: así no, hay que aplacar los ánimos, bajar el ritmo, atusarse el flequillo y respirar… respirar muy hondo y muy largo.

Sushi Q. (mejorando, queriéndome, conociéndome, que ya es algo, un buen algo)

*Por favor, ved la escena y escuchad la música, es tan bonita que duele.

La cucaracha

Todos necesitamos ánimo, todos; yo, también.

Vais a superar eso que os lastima. No sé cómo pero encontraréis el modo. Lo sé. Ánimo.

Una vez, durmiendo en un barco en la Bahía de Ha Long, apareció, sobre la cama del camarote, una cucaracha marrón. Era enorme, maravillosa, de las que vuelan.

Me incorporé muy despacio, la observé, ella no sé qué hacía, supongo que cucarachear, me puse de pie y fui de puntillas para evitar que me mirara (estaba desnuda y no sabía si esa cucaracha pudiera ser Gregorio Samsa…)

Agarré una tela de la cama, la envolví con mucho cuidado para que no crujiera (todos sabemos que el crujido de una cucaracha da más miedo y asco que la cucaracha en sí) abrí la puerta del camarote y la lancé al pasillo.

Me sentí valiente, fuerte, independiente. No necesité a nadie que lo hiciera por mi.

Hoy me siento así: valiente, fuerte independiente.

Todos necesitamos ánimo, todos, así que hacéos un favor y animáos a agarrar a la puta cucaracha que os ha sido asignada y soltadla por ahí. Son pequeñas en comparación con nosotros, y el miedo que tenemos es del tamaño que nosotros le otorguemos. Agarradlo y soltadlo por ahí, al miedo (es fácil pero difícil ¿eh?)

Sushi Q. (aún coja pero mejorando. La cucaracha, la cucaracha ya no puede caminar, porque no tiene porque le faltan, las dos patitas de atrás) Pues si puedo y seguiré pudiendo.

Ánimo 💪🏻

*Ya pondré fotos del camarote. Ojalá hubieran estado los Hermanos Marx, hubiera sido más divertido 🙃

*Os dejo la versión de Satchmo de ‘La cucaracha’ Amo a Satchmo desde pequeña, le llamo así como si le conociera. Me parto el culo con su pronunciación.

Nolotil, resiliencia y nada de amor

He comenzado la mañana yendo a urgencias ¡Yuju!

Mi pie no mejora y necesito que lo haga.

Médico, tocamientos, radiografía.

Pues no hay nada roto: metatarsos aplastados ¡Toma ya! Cuando hago algo lo hago hasta el final y si aplasto mis metatarsos lo hago a conciencia ¡ou yeaaaaaa! 🤟🏻😎

Me he sentido como un elefante, la verdad… aplastados. Puta Bida.

Nolotil, paracetamol y plantillas retrocapitulares, o algo así, como las Capitulaciones de Santa Fé pero sin sentirme nada católica, claro, no estoy bien y soy una atea convencida y reconfirmada, a pasos agigantados, en mi ateísmo (bueno, a pasos no, a pasitos 😤)

Iba muy feliz en el coche, idiotamente feliz (resiliencia), cantando ‘American girl’ de Tom Petty and the Heartbreakers pero sin tener el corazón roto (y menos partío, que eso es muy hortera) solo metatarsalgias y un poco rota el alma.

-Ojalá no tuvieras metatarsos- he pensado mientras aceleraba -Pero claro, sin metatarsos lo mismo no podrías hacer el juego del pie, y a ti te gusta mucho jugar, enjugar tus lágrimas y conjugar verbos inexistentes como amar.

Estoy cabreada, me siento impotente, escribo para soltar todo lo que me enloquece. Los que practicáis deporte habitualmente entenderéis como se siente alguien sin su droga, los que no, pues no 🤷‍♀️

Me voy a poner bien (necesitaba verlo por escrito) me voy a poner bien y a volver a ejercitar mi cuerpo y mi mente.

Resiliencia, Nolotil, música y nada de amor. El amor no existe, es una invención. Los metatarsos sí, doy fé, fé ciega sin ser yo de eso.

Sushi Q. (aquí ando ¡qué cachonda, ¡ando! 🤣)

*Escuchad este tema. Es una maravilla 🤙🏻💜

¿Qué cojones es la felicidad?

Y otro día más disfrutado y dolorosamente mágico.

La vida es esto, no busquéis más porque es esto.

Te caen hostias por todos lados, te llueve amor a raudales, te destrozas los metatarsos del pie y sigues caminando.

¿Qué cojones es la felicidad? nadie lo sabe pero existe, a ratos:

En conversaciones de cocina con la gente adecuada, en el supermercado acalorada y después sintiendo un frío inmenso en la zona de congelados, en las carreras locas de los niños, en los andares erráticos de los ancianos…

Existe en las sábanas limpias después de una noche loca, en recoger las miguitas de pan del hule con las yemas de los dedos, en el crujido de la lechuga entre tus dientes, en el olor del perfume que utilizo los días de lluvia.

La felicidad está en un solo de armónica de la versión Tuesdays gone de Metallica, en sudar como una cerda haciendo deporte, en la luz que desprenden las velas.

Está en una cerveza fría que se derrama en tus vaqueros, en estrenar calcetines de topos blancos sobre fondo rojo en invierno, en el aire que te revuelve el flequillo al llegar el otoño y en estirarte en la cama haciendo sonar todos tus huesos.

Está en el echar de menos, sí, también en eso, en colgar un cuadro aunque no quede perfecto, en un gazpacho bien frío en verano, en la lluvia, en los truenos y en los relámpagos.

Existe en mi hijo diciéndome que me quiere: ‘más que a la sangre de mi alma’ (literal, menudo cursi poeta estoy criando 🤣)

En pintarte las uñas y que te queden niqueladas, en una visita a la oficina inesperada, en los ojos sabios de mi padre, en los abrazos apretujados de una buena amiga.

Está en un acelerón con el coche, en cascar un huevo, en un párrafo de un libro que te deja muerta, en ponerte bonita por dentro aunque nadie vaya a verlo.

Acaba de pasar una ambulancia cerca de mi casa, siempre digo lo mismo: suerte. Quizás el que va dentro se esté muriendo, quizás deba morirse y dejar de sufrir o se recupere y vuelva a revivir. Solo le deseo suerte, para un lado o para otro, pero por favor, que al menos haya conocido qué cojones es la felicidad.

Sushi Q. (Preguntándome qué es la felicidad o quizás, tal vez, habiendo encontrado la respuesta)

*Escuchad, escuchad y disfrutad del solo de armónica, es la polla.