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De qué va este blog…

Tendemos a estar tristes los domingos, a quejarnos los lunes y a ponernos como motos los viernes.

Tendemos la ropa, tendemos a infinito, tendemos a la cordura cuando quizás lo más sano es elogiar, un pelín, a la locura.

Este blog va de lo otro, de las pequeñas-grandes cosas, de tender una mano a la alegría, a la gente corriente que da calambre. Va de música, de cine, de viajes, de amores pasionales. De mi hijo.

Soy rubia, tengo mis sombras y mis dudas, no pretendo sentar cátedra, una rubia jamás osaría a algo tan complicado…🤪

Leedme, no me leáis, pero tratad de ser felices, que la vida es un ratito, que se pira ¡que se va por una alcantarilla! Sonreíd, brindad, emborrachad a la tristeza, que es muy mala, que es muy negra…

Sushi Q.

Cuarenta y tres

Veintiuno de abril.

Cuarenta y tres.

Astillada pero no rota.

Esta entrada me la dedico a mí, la merezco.

Tengo suerte, una suerte inmensa y descatalogada.

Cumplir años, pandemia mediante, con mi persona favorita del mundo, mi hijo, es un regalo que no puede catalogarse.

Anaqueles repletos de resiliencia, pompas de jabón volando libres, libros sin leer pero que serán leídos, notas a pie de página, en mi cabeza, recordándome lo fuerte que he sido, soy y continuaré siendo.

Música enrabietada, uñas sin pintar de rabiosa actualidad.

Mascarillas, máscara de pestañas, nunca caretas falsas.

Vamos a bailar un rock and roll a la plaza del pueblo. Sí, cuando amaine la tormenta, de momento sobre la cama elástica que monté para mi hijo.

Lágrimas de abril azuladas. Tarta de fresa para la cuarentañera en cuarentena. Velas rotas, no las quiero nuevas, las náufragas siempre sobrevivimos agarrando el timón, velas rasgadas, olas rompiéndote el pecho, dejándote herida pero jamás muerta, nunca muerta.

Confinamiento sin cofia, margaritas blancas cuando pueda ir a comprarlas, vaqueros ajustados, coleta, mi hijo colgado de mi cuello.

Videollamadas, vuelta a llorar, vuelta a reír, la vuelta a España desde un móvil que se ha convertido en bicicleta para visitar a todos sin contagiar nada, salvo mi sonrisa pizpireta.

Bonita palabra pizpireta. Pipi Lamstrung. Carnavales de hace mil años. Mi madre haciéndome trenzas con alambres y teñidas con spray naranja.

Mi hijo riéndose a raudales, confinado, confiado, feliz. Soy una buena madre.

Noches de insomnio, preocupación por todos. Tristeza por los que se han ido y se seguirán yendo.

Humor. Amor. Desazón. Yo le pongo sazón, son, son, le pongo sazón…

Ideas descabaladas pero inteligentes.

Ante el dolor saco pecho como un gorrión en invierno y me adapto. No resisto, me adapto.

Te quiero, os quiero. Me quiero.

Bien por los que expulsé de mi vida. Bien por los que voy acogiendo, por los que me acogen sin prejuicios, sin sentirse moralmente superiores. Humildad.

Gracias, infinitas gracias os doy. A todos, a los de siempre, a los nuevos. A los que se fueron en un tranvía en Gran Vía cuando aún había de eso.

Volveremos. Volveremos. Y cuando volvamos seremos distintos, diferentes, sobrehumanos y, también por desgracia, inhumanos.

Sushi Q. (Feliz Cumpleaños, me lo merezco)

De tintineos, aplausos, egoísmo y vasos canopos

Tintinear es una palabra muy bonita. El tintín que debía escucharse a estas alturas de la primavera ha mutado en aplausos, ladridos de perros desesperados y suspiros de niños y mayores.

Estoy acogiendo todos estos sonidos, en esta nueva etapa de mi vida (de nuestras vidas), como algo animoso, desesperante, conciliador e inspirador. Una amalgama de cosas espeluznante y, a la vez, apasionante.

Salgo a la terraza, respiro el aire fresco de la sierra, pasa un autobús, pienso en los conductores, los pasajeros. Los visualizo tensos, con miedo, les envío ánimo en silencio.

La poli, una ambulancia, los de la prote. Aplausos a las 20:00, contención de la emoción (aún queda mucho, no me permito emocionarme).

Pienso en mi prima Leti, enfermera, madrileña, dándolo todo por todos. Gracias. Valiente.

Pienso en los mayores, en los abuelos y en su sabiduría. En el Senado Romano.

No rezo por los fallecidos, soy atea, los guardo en mi corazón ‘amariposillado’. Me alegro por los dados de alta. Ole.

Pienso en mis vecinos, maravillosos. En los que trabajan a destajo en los supermercados (Anita, te quiero)

Me refugio en mi hijo, en mi familia (tíos, primos…) en las Video llamadas no pronosticadas que te descabalan el día a día rutinario que te has creado y que acaban estallando en carcajadas descabelladas (Mau, Marcos, Carlos)

Aprovechad esta oportunidad para fortaleceros. Ahorrad energía y no la malgastéis en el odio visceral. Guardad vuestros vasos canopos para meter esas vísceras bien dentro y, si queréis, sacadlas cuando todo esto termine. No es momento de odiar ahora. No es momento del: ‘y tú más’.

Creo, y puedo equivocarme, que es momento de unirse, da igual el color, la talla de vaqueros o de sujetador (si es que lo lleváis puesto 😉)

Creo que es hora de dar la talla como seres humanos. Creo que ya va siendo hora de contener al peor virus que se inventó: el egoísmo.

Sushi Q. (Jodida, como todos, pero fuerte, mucho, quizás demasiado. O no. En peores me he visto y he salido) ¡Ánimo!

Esto también pasará

Esto también pasará, como todas las cosas pasajeras, como los pasajeros que se apean del vagón y siguen su rumbo dejando atrás la estación.

Esto también pasará, como la pasión de los primeros meses de un romance, como el polen nevando en primavera, como el semáforo en rojo.

Pasará como las modas, las lágrimas de anteayer y los susurros de anoche.

Pasará como el arroz cuando se te pasa, las fresas cuando no las devoras y la nata montada cuando se desmonta.

Pasará como pasan las orugas procesionando, las amapolas derrumbándose en pétalos ennegrecidos y los gritos de los que no entienden de silencios.

Pasará como el fuego avivado que acaba reducido a ascuas, las hojas de morera, las uvas de la ira, los pasos de claqué que me invento cuando todo se viene un poco abajo.

Mientras no pase todo, mientras pase de todo, mientras los abrazos estén en cuarentena y los besos no dados esperen su turno… tirad de imaginación, sentid el cariño distanciado, hablad con los vuestros, dadles consuelo, sin suelo, con techo, con humor del bueno, del feo y del malo.

No dejéis de sonreír y de llorarlo. Haced acopio de sensatez, que rima con brillantez.

Tirad todo por la borda, las angustias, los miedos, el papel (higiénico).

Detenéos un instante, solo uno, y pensad que ésto, también pasará.

Sushi Q. (deseando abrazar, pero sintiéndome fuerte, muy fuerte)

Os dejo esta maravilla. Me ayudó mucho escucharla en un momento crítico de mi vida.

Desaturnarse

No tengo hambre. En navidades suelo tener el hambre justa. Supongo que me saturnan: las navidades y el cadmio de las cabezas de las gambas, por supuesto.

Una vez, hace ya años, recorriendo Estados Unidos, costa oeste, coche alquilado, navidades, me saturné. Al principio, molaba: Santa Clauses por cada rincón de San Francisco haciendo sonar sus campanillas, villancicos de esos que me apasionan en cualquier dial de radio, adornos, coches ataviados con cuernos de reno en los interminables atascos de Los Angeles, Las Vegas inconmensurables… acabé hasta el pesebre de tanta navidad. Fue bonito, sí, pero para un rato.

Las cosas bonitas han de durar lo justo, si no enmohecen, se vuelven ‘jartura’, te trastabillan. Creo que es mejor un poquito de todo … me río de mi misma escribiendo esto porque soy pura intensidad, pero, joder, acabé hasta el nacimiento.

Comienza un año nuevo. Celebraremos, beberemos como peces en el río, lloraremos y reiremos. Somos tremendamente humanos y deshumanos.

Necesito calma, noche de paz, noche de amor.

Me saturno con tanta bondad coyuntural, me descoyunto con tanta sonrisa falta de afecto.

Os deseo lo mejor en este nuevo año, pero no os engañéis, va a ser igual (mejor o peor) pero igual. Un cambio de cifras no cambia nada a no ser que nosotros, los humanos, obremos el milagro. Nada de dioses ni Fe va a modificar el sustrato.

Lo único que pido a este año es seguir acompañada de los de siempre, continuar acogiendo a los nuevos, seguir deshaciéndome de los que sobran.

Hay que sacarse más los calcetines y caminar rumbo a Saturno, creo que es la mejor manera de desaturnarse.

Sushi Q. (Llené el depósito, me piro a Saturno)

Propósitos de Año Nuevo

Mi propósito de año nuevo es seguir igual: Igual de imbécil, igual de importante para los que me rodean, igual.

Creo que hacer propósitos de Año Nuevo no conduce a nada, salvo a estresarse de mala manera y a idealizar sobre imposibles que nunca vas / vamos a lograr.

Antes amaba las navidades, ahora las esquivo como puedo. Me parece todo demasiado metódico, también apresurado. Somos presa de una locura endemoniada que nos hace ir a toda pastilla y, al final, derrapas y llegas a enero descuartizada.

Una vez, cuando aún creía en lo que nos venden y no era consciente de ello, hice una lista de propósitos de Año Nuevo: dejar de fumar, ser más empática, no alarmarme por cosas que alarman…

¡Joder! No cumplí ni una, y aquí estoy, resquebrajada a veces, fuerte otras y con la cabeza entre pinto y Valdemoro.

No creo en Papá Noel, en los Reyes Magos creo un poco más (no me preguntéis por qué) 🤷‍♀️

Creo en los niños y su inocencia, en la gente que es capaz de remendarse por muy rota que esté, en la sapiencia, en los que callan aún pudiendo dar lecciones de sabiduría, en la ternura de una medusa a la que todos destierran porque pica.

Creo en los delfines, a veces en los unicornios (sin fumar nada, que no fumo), creo en la gente que recoge prendas desprendidas de una percha en una tienda.

Creo en vosotros, ya sabéis quienes sois.

Creo en que la vida sería mucho más fácil si no nos metiéramos en la de los demás.

Creo en mi hijo.

No creo en que cambiando de año todo aquello que anhelamos se vaya a cumplir. Ni de coña.

Creo en el esfuerzo personal de cada uno, creo que estoy delirando, creo que no debiéramos ser juez y parte, creo en el desmadre.

Creo en tí. En tí, con acento en la í.

Propósitos de Año Nuevo: cero.

Sushi Q. (deseando que acabe ya esta pantomima. Anhelando mimos de una mimosa que murió congelada en el jardín de mis padres. Sobreviviendo al meteorito que aún no ha caído. Triste. Fuerte. Valiente. Lo de siempre)

Y si queréis llorar, hacedlo. Pero siempre llorad lagrimas negras, si no, no mola 👍

Feliz Navidad.

Manhattan (o Monjiti)

Cuando una peli te deja así: con una sonrisa nostálgica y bobalicona en la cara es que te ha removido.

Hacía tiempo que no la revisaba, hoy lo he hecho: ‘Midnight in Paris’. El otro día revisé ‘Manhattan’.

No solo es Woody, no solo es la música, el color, los diálogos, la ternura que lo envuelve todo. También es mi padre, con su herencia en vida del cine y de Allen. También es mi hijo, con su curiosidad.

Una noche, no hace mucho, le costaba dormirse y se metió en mi cama. Yo estaba volviendo a releer ‘Manhattan’ y él, curioso y preguntón como su madre, me soltó:

-Mami ¿qué lees?

-‘Manhattan’, de Woody Allen.

Se quedó pasmado y me preguntó:

-¿Me lo lees?

-Claro, hijo. Le respondí.

Comencé a leerle (por favor, l@s que piensen que leer un cachito de una obra de teatro de Allen a un niño de 6 años es pecado mortal, que se tapen los oídos y cierren la bocaza, no pasa nada, una madre siempre sabe dónde está el límite. Gracias)

Pues bien, se quedó flipado. Me preguntó qué era un letrero luminoso y qué era Manhattan. Se lo expliqué, le dije que yo había estado allí y, milagrosamente, se quedó dormido.

Después de unos meses, con un poco de fiebre, me pidió que le leyera. Fue a mi librería (aún pequeña porque tengo todos los libros de la carrera en casa de mis padres) y agarró el mismo libro: ‘Manhattan’. Se volvió a meter en mi cama y me soltó:

-Monjiti, día uno, exterior.

Me quedé pasmada.

-Hijo ¿cómo recuerdas eso? hace mucho que te lo leí.

-No sé, Mami, lee, me gusta cómo lees.

Ojalá más niños así. Ojalá más Woody Allen. Ojalá menos imposiciones morales sin fundamento.

Ojalá más realidad, más salirse del rebaño, menos tratar de vendernos vidas rotas como si fueran muy bien cuando, en realidad, no lo van. Menos modernos con sus moderneces de moda. Ojalá mas medias noches en París. Ojalá se te acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta…

Ojalá más dulzura y mirar a los ojos. Ojalá más de lo de verdad, menos lenguas de trapo, menos postureo y más ayudar a los demás sin cuadriculaturas.

Te quiero, hijo. Continuaremos leyendo a Woody cuando seas mayor y comprendas de qué trata la vida. Espero que no tengas que sufrir dolores inmensos y, si eso sucede, ya estaré yo para enseñarte de qué va esto, que de eso sé un rato (o, al menos, algo)

Por favor, sed vosotros mismos, tened criterio, no os dejéis manejar ni llevar por lo políticamente correcto, escuchad, comprended el sufrimiento de los demás e intentad poner un poco de cordura cuando la locura sectaria campa a sus anchas.

Ojalá más medias noches en París con Dalí, Picasso, Hemingway… con jamón york.

Sushi Q. (fuerte, desde hace ya mucho, sensible, escuchona, empática. Pa’fuera lo malo, lo sectario, lo que no aporta)

Empatía

Mi hijo me preguntó hoy qué era la empatía. Todo viene de una circular del cole en la que decía que se iba a trabajar la empatía. Se la leí y me preguntó que qué demonios era eso.

-Hijo, la empatía es ponerse en el lugar del otro. Por ejemplo, tú hoy, quizás, te has sentido mal por algo, no lo sé, quizás, y te hubiera gustado que un amigo te dijera:

– No te preocupes…Y te diera un súper abrazo.

-No lo entiendo, mami.

-A ver, hoy tu amigo de kárate y tú os habéis chocado, ha sido sin querer pero le has hecho daño en la orejita. Tú le has abrazado. Eso es empatía, hijo, eso es y estoy muy orgullosa de ti.

Se ha quedado callado, pensando, masticando sus filetes de merluza.

Cuando sea mayor le invitaré a que lea uno de mis libros de cabecera: ‘Matar a un ruiseñor’. Ahí, mi adorado Atticus Finch le explica a su hija Scout qué es la empatía:

“Nunca conoces realmente a una persona hasta que no has llevado sus zapatos y has caminado con ellos”.

Me volví a comprar el libro, el que tenía se lo regalé a mi abogada de cabecera; una tía empática, inteligente, pulcra en su trabajo y maravillosa. Gracias, Ana.

Ojalá lo adultos pudiéramos aprehender lo que es la empatía. No sé si los niños la desarrollan ellos solitos o les es inculcada. Mi hijo lo es, y mucho: empático (y simpático)

No soy nadie para dar lecciones de moralidad a ningún ser humano, pero sé que la empatía mueve montañas, pantanos, hace regurgitar volcanes y que es… mazo importante 😎

Ojalá mas empatía, menos creerse dignos de aleccionar sin tan siquiera saber cómo funciona el mecanismo de nada. Ojalá más prudencia y menos sonrisas enlatadas; ojalá más de lo de verdad, de lo que importa, de ayudarse.

Me siento tan fuerte y tan agotada. Me siento tan enorme y tan abierta a lo inefable. Menos mal que sé de lo que escribo y hablo, menos mal que cuando no sé de algo me callo. A veces, el silencio es la mejor respuesta a lo incomprensible (por desmesurado) a lo chabacano, a lo punzante.

Empatía para callarse, empatía para hablar, empatía para anular los dedos anulares. Sin guerra, sin violencia, solo con la sabiduría que el dolor te ha otorgado (me ha otorgado)

Sushi Q. (Cuidando de vosotros: mi familia, mis amigos. Siento no estar a todo, a todos, pero no me da la vida) GRACIAS a los que siempre estáis… y a las putas arterias coronarias de mi madre. ¡Qué fuerte eres, joder, qué fuerte eres!)

De twist, arterias y sectarismo

Papá, siempre te recordaré bailando el twist.

Tengo un padre mágico, baila el twist como nadie; me enseñó de pequeña y en las bodas siempre lo baila conmigo y con mi madre.

Mi padre es un ser especial: cultísimo, elegante, humilde… siempre tiene respuesta para todo y si no la conoce se la inventa (hasta para eso es especial)

Cuando hay un evento me saca a bailar un paso doble. Es la persona que mejor pasos dobles baila en el mundo.

La arteria de mi madre se desatascó el otro día. No la palmaste, cabrona, eres tan fuerte que asustas. Menudo despliegue de miedos (buuuuuuu!)

Llevamos unas semanas muy duras en general, pero más putas las hemos pasado y hemos salido adelante.

De vosotros he aprendido que la vida es esto, lo que hay, de vosotros he aprendido que siempre hay esperanza (yo la veo como una manzana verde casi sin madurar, ya sabéis que soy sinestésica) , de vosotros he aprendido que hay que desalojar lo malo de nuestras vidas, lo sectario, que las arterias son caminos por donde fluye la sangre y la empatía. ¡Abajo el sectarismo y la gente cuadriculada con mente sucia y embarrada!)

No te estoy matando, papá, te queda aún mucha guerra por dar, simplemente quiero que sepas que, cuando no estés, te recordaré bailando el twist (y que me quedaré con todos tus libros de Woody Allen. Ya te he robado tres, quizás no lo hayas notado en la biblioteca inmensa que tenéis 🧐)

Papá, estoy fabricando algo a lo que agarrarme cuando no estés: el twist, las pelis antiguas que te encantan, los paso dobles y tu humildad.

Mamá, sigue así, dibujando y abrazándome cuando todo parece que se viene abajo.

Sushi Q. (agradecida, humana, sensible, resiliente, como vosotros) por favor, bailad esta canción esta noche, el tiempo se nos va)

👆🏻clik aquí y todo será más alegre.

Deja los tuppers de lentejas en la nevera

Ojalá todo fuera como cuando era niña. Diez, once años, no estoy segura.

Elvis sonando en mi cabeza y en mi radiocasete. Los Beach Boys. Películas de mi padre de esas en blanco y negro. Mi madre disfrazándome de punki. Ocho años, sí, ocho.

Yo imaginando y escribiendo poesías. Tímida a raudales pero siempre fuerte, muy fuerte, como ahora.

La lluvia, siempre ahí.

Mi hermano llevándoselas a todas de calle con su monopatín y siempre sonriendo y oliendo a calle (como decía mi abuela, la de Madrid)

Un bate de béisbol en la urba. El bote botero. El rescate. El escondite inglés.

Ojalá todo fuera como cuando era niña, pero no lo es. Ahora soy madre, hija, tía y amiga de un montón de seres infinitos que aportan a mi vida Magia y consuelo.

Tengo suerte, mucha suerte. No puedo quejarme.

Mi hijo construyó hoy, con una caja de zapatos, celo y unas cuantas pajitas un invento para que las canicas fueran de un extremo a otro.

-¡Mami, esto es importante, tienes que verlo!

Me he sentado a su lado en la cama y hemos hecho rodar la canica.

-Hijo, me siento tan orgullosa de ti. Esto que has hecho es Magia, Magia de la buena.

-¡Mami, abrázame! ¡Abrázame fuerte!

Y nos hemos abrazado.

Me siento tan orgullosa de él. Es un ser empático, da luz a mis días. Es generoso, siempre comparte las uvas que le llevo a la hora de merendar con sus amigos.

Ojalá todo fuera como cuando era niña, o no, mejor no, la vida, la gente, los árboles, los charcos, van mutando. Así es la vida, transformación y crecimiento.

Todo va a salir bien, mamá, te quiero. Tú me enseñaste a darle sentido a lo inexplicable y a no darle cancha a lo sin sentido. No te emociones al leer esta entrada. No te conviene. Estás pachucha pero fuerte. Gracias por enseñarme tanto y por mostrar a mi hijo y a mis sobrinos de qué va esto de la vida. Y si la ‘cascas’, como acabas de escribirme ahora, por favor, deja los tuppers de lentejas en la nevera.

Gracias. Te quiero.

Sushi Q. (avanzando, pa’ fuera lo malo, pa’ dentro lo que importa, que es mucho y muy bello)

Cachitos

Enrollé los toldos para que el otoño entrara, jamás pongo barreras al otoño, hacerlo me parecería un ejercicio de maldad extrema y yo de maldad no entiendo.

La lluvia llegó, el viento de la sierra lo removió todo, la maceta que rezaba: ‘I will survive’ se precipitó contra el suelo y murió. Ahí continúa, desmembrada, hecha cachitos.

Los cachitos son muy importantes. La vida está compuesta por cachitos de cosas. A veces, los cachitos conforman collages atemporales que atesoras para no perder la cuenta de los días, de las horas.

Ya no acumulo, dejé de hacerlo el día que comprendí que acumular solo sirve para ocupar espacio. Suena a banalidad pero así es y yo digo las cosas como son, como las siento, como las padezco.

Antes coleccionaba cosas inservibles, materiales, físicas, ahora solo conservo cachitos, recuerdos, nada que ocupe un espacio real y tangible en mi vida.

Pienso que amontonar cosas amontonables resta espacio a lo que va llegando, a lo nuevo, a lo que ladra, a lo estrepitoso, a lo silencioso.

Los cachitos son otra especie, a esos no los reciclo. Los cachitos sois vosotras: mis amigas. Los cachitos sois vosotros: mis niños, mi familia, mis soledades.

Deshacéos de lo que no sean cachitos. Agarráos a lo importante. La vida ya se encarga de reciclar aquello que no conmueve, no ladra, no chirría y no corta el aliento…

Sushi Q. (Llena de cachitos, pensamientos locuaces y tonterías a mansalva)

Topos

Hace mucho que no llueve, demasiado, desde la última vez.

Me seco. Necesito un buen aguacero. No sé por qué a los aguaceros se les denomina así.: Agua-Ceros, pero tampoco sé por qué en los velatorios no hay ninguna vela. Curioso.

A veces trato de no pensar, quizás así llueva. A veces creo que no llueve porque pienso demasiado en que llueva. Necesito saber, seguir sabiendo.

Pienso tanto y tan a lo ancho que mi cama, enorme, se hace chiquitita, como Pepita Pulgarcita y mis pensamientos lo ocupan todo. Necesito pensar, saber, aprender…

El saber no ocupa lugar ¡ja!, ocupa mi cama entera, la desborda, la inunda, la desbarata y todos los cojines y almohadas se me desmadran.

No llueve y pienso. Cuando llueve no lo hago, solo disfruto, me regodeo.

Qué complicado se vuelve todo de noche. Qué complicadas las rubias en pijama, en sus camas grandes, rodeadas de pensamientos (y a veces hasta de petunias)

Qué raro es esto, el pensar, el querer seguir sabiendo, el naufragar y volver nadando a una orilla inhóspita de la que eres dueña pero que en las noches se adueña de ti.

El saber sí ocupa lugar: en mi edredón, en mis pestañas, en mis calcetines de topos (adoro a los topos cegados de sol, de luz, de apatía) Si los topos pudieran ver, todo el universo entero ocuparía sus madrigueras. De repente conocerían lo que son los colores y querrían seguir sabiendo más y más.

Estoy feliz. Estoy feliz. Hoy abracé mucho, los abrazos si ocupan lugar, en mi pecho, aquí adentro, en el alma. Los recojo, los acuno, los cultivo. Estoy feliz.

Los topos, las gotas de lluvia, los parabrisas desmembrados después de un verano seco, reseco, agónico…

Sushi Q. (Feliz, topándome con nueva gente, rodeada de topos, insomne, deshilachada, desmesurada)

Encaramarse a lo sencillo

No me parece mala idea esa de encaramarse a lo sencillo, llevo años haciéndolo y he aprendido que es, a esa altura, donde mejor respiro.

Huyo de lo tóxico, de los tóxicos, de lo plastificado. Demasiado de eso hay ya en los mares. Demasiado hollín, humo y humos de gente malhumorada que se agarra al volante y comienza su mañana de forma desatinada. Uñas, uñas, demasiadas uñas.

Creo mi hogar bajo la capa de la armonía. Muchas veces la armonía se desarmoniza, así que sintonizo con lo sencillo y todo vuelve a fluir. Cero interferencias, salvo las que nos llegan y, cuando llegan… resiliencia. Kintsugi.

Encaramarse, qué bonita palabra y qué poco usada. Me maravillan las palabras en desuso, yo las reciclo y les doy un nuevo uso.

Tengo ganas de rapear, utilizar palabras, hacer una sopa de letras muy espesa y cantarla con mi hijo a todo trapo, a saco.

La gente que conforma mi vida no es aleatoria, la elige mi sapiencia (si ese término está permitido usarlo a una rubia) el resto lo deshecho, lo abandono, lo despido con cariño o lo mato.

Ayer, mi vecina, una abuelita encantadora que habla por los codos, me regaló una planta. Mi hijo la invitó a entrar en casa. Se la enseñé entera, no tengo secretos ni recovecos, me dejo llevar por las olas y el destormento (salvo cuando llueve, ya sabéis que las tormentas me afinan el alma, no necesito diapasón)

Qué bonito detalle regalarme una planta, yo le regalo a ella sonrisas en la entreplanta.

Todo es sencillo, o lo sencillo que queramos hacerlo.

Encaramarse a lo sencillo es lo mejor para vivir en este mundo a veces mágico y a ratos podrido.

Sushi Q. (Feliz, disfrutando de mi estación favorita, conociendo gente sin envoltorios, sin filtros, encaramándome a lo sencillo)

Os dejo esta maravilla. Encaramáos a ella. Fue mi banda sonora de este ratito en el que escribí esta entrada. Gracias por leerme 🙏🏻

https://open.spotify.com/track/17i5jLpzndlQhbS4SrTd0B?si=CQ8IrsnOSiK6cAvYv9lWEQ

No creo en Dios, creo en la lluvia

No creo en Dios, creo en la lluvia.

Me hacía tanta falta…

Tormenta, rayos, truenos. Lluvia.

Necesitaba salir de mi aletargamiento. El verano me ‘muere’, el calor me apaga, me enrrabieta, me hace desear que llegue el Otoño. Otoño todo el rato y a todas horas. Ojalá un dial para cambiar de Verano a Otoño. Hojarasca. Humedad. Color.

No entiendo a la gente que odia la lluvia, pero la respeto. A mi me genera tal cantidad de sensaciones que necesitaría un incunable para vomitar lo que siento.

La lluvia hace cosquillas, relaja, limpia lo caduco, cala los toldos, llena de vida las aceras, provoca locura en los niños y hace que las madres busquemos las botas de agua de otras temporadas como posesas.

No creo en Dios, creo en la lluvia.

De pequeña, viviendo en la montaña, mi madre nos sacaba a mi hermano y a mi cuando tronaba. Nos explicaba que no había que temer, solo disfrutar y eso mismo le estoy enseñando a mi hijo, ya de seis años. Cómo pasa el tiempo.

Veníamos hace un rato en el coche:

-¡Mamá, mira un rayo! ¡Mamá, mira es granizo!

-Hijo, es una maravilla ¿te gusta? ¡Está cayendo la del pulpo!

-Mamá, ¿qué pulpo?

-Hijo, es una expresión, significa que se ha liado una tormenta enorme y que me encanta estar contigo disfrutándola. Te quiero, hijo.

-Mami, yo también te quiero.

-Vale, ahora voy a poner música, no hablemos, necesito estar pendiente de la carretera. Voy a poner una canción, ¿Vale?

-Vale, Mami, no te hablo más.

-¡Mami, he visto un Bugatti en la carretera!

-Hijo, ¿no íbamos a callarnos?

-Vale, Mami, conSentráte en la lluvia, en el coche, en el volante.

-Vale.

Y he puesto esta canción a todo trapo.

Sushi Q. (Intentando hacer lluvia, rayos y centellas sobre la cabeza de mi hijo)

https://open.spotify.com/track/6FjAGZp7c0Z2uaL3eHkXsx?si=oWDxF0RTSjm_Pr8WEugxew

Vivir en gerundio

¿Y por qué todo tiene que ser según lo prefijado? ¿Y por qué no vivir todo el tiempo en gerundio?

El gerundio mola. Es el momento en el que abres un regalo de Navidad y después todo se desvanece… ese momento, ese justo momento.

El gerundio es eso que estás haciendo y, de repente, ya no está porque es pasado.

Deberíamos enamorarnos y desenamorarnos en gerundio, es decir, enamorarte al máximo y, después, desenamorarte para volver a sentir, de nuevo, mariposas por todo el cuerpo.

Es injusto disponer de un solo momento en tu vida para ello, más que injusto es antinatura, creo yo. Huele como a rancio, a humo de puro, a anticuado.

Es tan bonito el coqueteo. Es tan fascinante el aleteo de las mariposas. No creo en el amor para siempre, no creo en el amor de manual: verdadero e imperturbable para toda la vida.

Creo en el amor, quizás desatinado, de una noche de verano en el que lo das todo y después, después vuelve el gerundio con su aleteo, coqueteo, pestañeo y te pone ‘lo fregao’ patas arriba.

Otoño, ya se acerca, siempre lo ansío, lo abrazo y lo enamoro. Otoño, la mejor estación (hasta que inventen otra)

Sushi Q. (Romántica empedernida pero solo para un rato)

*’Til I find somebody new…

De Quantico y la lluvia

No sé qué hora será ahora mismo en Quantico (Virginia), pero sé que odio ver salir el arco iris después de una tormenta.

El arco iris lo estropea todo, es como el final feliz de una comedia romántica. Es el beso, el puñetero beso. Paradójicamente, me encantan las comedias románticas, no todas, claro, pero las que lo hacen me calan mucho y muy húmedo… ¡uy! volvamos a la tormenta y al puto arco iris.

Pues eso, que lo estropea todo, lo mata, pone paz… acaba con el desvarío de los rayos, con el estruendo de los truenos, con la locura de la lluvia enrabietándolo todo con sus baquetas salvajes…

Una vez, cumplí treinta y cuatro años en Guilin (China). Digo una vez sabiendo que estoy siendo pleonásmica pero me apetecía aclararlo por si alguien pensaba que tenía siete vidas como un gato. De momento, solo tengo una y, además, soy alérgica a los gatos. No sé qué hora será ahora mismo en Quantico (Virginia), pero sé que odio a los gatos.

Sigo con mi cumple…

Pues allí estaba, tomando una cerveza Tsingtao maravillosa cuando, ¡oh milagro!, comenzó a llover de una manera arrebatadora, estrepitosa, furiosa… La terraza donde me encontraba colapsó en cinco minutos, todo se llenó de agua, ríos de agua y yo estaba encantada. Fue uno de los cumpleaños más felices que recuerdo, y y no por la compañía, sino por la lluvia, que lo llenó todo de Magia y Vida.

Al día siguiente recorrí el Río Li en barco hasta Yangshuo. El río estaba marrón, tenía una fuerza titánica. El barco estaba lleno de chinos del interior, hablando en chino cerrado (como en chino granaíno) y comiendo cosas chinas.

Me miraban de arriba abajo, observaban mis pies, mi pelo rubio y, cuando se percataron de que no mordía y que estaba descojonándome, comenzaron a fotografiarse conmigo, por turnos, claro, muchos chinos en aquél barco oriental, demasiados…

No sé qué hora será en Quantico (Virginia), pero sé, casi con total seguridad, que mi foto cuelga de alguna pared de un salón oriental, que odio a los gatos, que sin lluvia muero (y morirse teniendo una sola vida es una putada) y que en aquel viaje a China el arco iris no salió, jamás salió…

Sushi Q.

Mariposas

El destino. No creo en él, jamás he creído en él. Soy una descreída, también, a veces, una engreída. Últimamente me veo muy bonita y chuleo de ello. Tengo unas bolsas bajo los ojos tremendas, antes las camuflaba, ahora ya menos. Tengo bolsas de tanto reír y también de tanto llorar, pero últimamente de reír y eso es muy placentero.

El destino, no creo en él pero sí en el karma.

Está apareciendo nueva gente en mi vida, como los alligators que descubrí en Miami hace ya siglos. Están ahí rezagados y de repente aparecen (o regresan)

Gracias a todos por aparecer y, a algunos, por regresar a mi vida.

Hoy, buscando en Alcampo un termo para mantener el agua fresquita, me atendió una mujer maravillosa, como de unos cincuenta:

-Ese termo es muy caro. Mira aquí abajo, los hay más baratos y hacen lo mismo.

-¡Ay¡Muchas gracias! ¡Qué amable!

-No cuesta nada ser buena persona, nada.

-Pienso lo mismo. Le he contestado. Gracias. Gracias, de verdad, gracias.

MARIPOSAS he sentido. Muchas MARIPOSAS.

Estoy tan feliz. Me iré en tren con mi hijo a la playa. Hoy me ha dicho:

-Mami, cuando voy en ‘altobús’ en excursión, todos mis amigos miran a la tele. Yo miro el país (paisaje) y miro Madrid y las nubes y el cielo.

-Hijo, eso es muy bonito, pero que cada uno mire lo que quiera, nosotros no nos metemos.

Creo que estoy haciendo algo bien. El destino no sirve para nada, el momento y el karma es lo que cuenta (bajo mi humilde opinión de rubia despistada y algo alocada)

Te quiero, hijo, y ahí estaré pa’siempre, como haces tú conmigo, que con seis años me das auténticas lecciones de vida.

Sushi Q. (asustada, feliz a ratos, desmejorada cuando hace calor y feliz cuando llueve)

*Escuchad este tema. Yo lo he hecho mientras escribía esta entrada. Canela.

https://open.spotify.com/track/3weNRklVDqb4Rr5MhKBR3D?si=QTInDGS0QT6NswEtz_48xQ

No sé el autor de esta foto, pero gracias, gracias. Mariposas, mariposas siempre, karma, recibes lo que das y yo últimamente recibo muchas mariposas.

Despertadme cuando Septiembre acabe

¿Y sabéis lo que pasa? Que esperamos a septiembre después del periodo estival y creemos que todo se pondrá en su sitio… y nunca se pone en su sitio. Siempre hay algo, siempre hay un pólipo, una astilla, una cerilla mal quemada, cera de velas que se desparrama en tapas de tarros de verdura y te inunda el puto mueble rojo de Ikea.

Siempre hay algo. Siempre. Y no nos damos cuenta de que esto es lo que es: después de septiembre jamás tendremos un noviembre dulce, bueno, sí, qué coño, a veces hay noviembres dulces (que saben a membrillo de ese que hacía mi abuela la extremeña) y después de ese noviembre volverán las navidades y todos tendremos que hacer un esfuerzo por estar bien (como si todos tuviéramos que estar bien por navidad)

No hay que estar bien por navidad, no hay que disfrutar del verano porque haga calorcito y todo el mundo esté de vacaciones. Odio el calor del verano, odio el gentío, odio las cáscaras de sandía en la orilla, odio a los primeros del cole, esos que pillan primera línea de playa y se sienten los putos David Hasselhoff del mar.

Prefiero los septiembres a punto de mutar en otoño, los pelos de punta cuando el fresquito comienza a dar señales de alarma, el ¡bum! al cerrarse la puerta de la cocina porque el viento ya corre y va avisando de que el verano se acaba. Corrientes de aire. Cambios. Vida. Libertad.

Wake me up when September ends.

Ojalá menos largos y cálidos veranos, más abrazos de hojarasca y menos dramas por depresión post vacacional.

Por favor, despertadme cuando acabe Septiembre y comience mi estación. Ese tren nunca lo pierdo.

https://youtu.be/NU9JoFKlaZ0

Sushi Q.

Mimetizarse o morir

Estoy feliz. No es lo mismo estar feliz que serlo. Ser feliz todo el rato no es posible y creo que hasta podría ser denunciable (gente que sois felices todo el rato: bajad de ahí que ahí no es)

Estar feliz mola: es puntual, sencillo, práctico ¿verdad?

Cuando una está feliz saltan chispas.

Odio el polen. No soy alérgica pero lo odio. Cuando nieva polen no estoy feliz. Tampoco estoy infeliz, simplemente me cabreo.

Cabrearse es bueno, estirar todo tu cuerpo y bostezar sin taparse la boca es bueno.

Hace años, conociendo China (un mes estuve allí) descubrí por qué los chinos viven tanto y por qué están tan felices (bueno, los que están felices):

Cuidan su cuerpo y su alma, pasean, frotan su espalda contra los árboles, escupen, hacen Tai Chi en los parques, bailan, se suenan los mocos sin pañuelo.

Al principio me chocaba, joderrr, que asco… después de estar allí un tiempo y observarles (parece que esté hablando de monos en un zoo y no es eso, observaba para empaparme, para mimetizarme) comprendí por qué lo hacían: para liberarse de toda la mierda que llevaban dentro.

En Pekín no había tanta polución, pero fue llegar a Shanghai y … el horror. No se podía ni respirar. Visité a Los Guerreros y, en plena tormenta de arena, lo único que quería hacer era escupir, sonarme los mocos y respirar.

Cuánto he aprendido de mis viajes por el mundo, cuánto. Solo hace falta dejarse llevar, sonreír y no prejuzgar.

Este verano tengo unos días libres y estoy planeando hacer un viaje sola, alone, con mi mochila y mi curiosidad; nada de viajes programados, los odio. Necesito perderme, conocer, hablar con desconocidos, intercambiar palillos, cigarros, copas de vino. Llevo necesitándolo mucho tiempo.

No sé a donde iré, solo se que me mimetizaré con lo que encuentre. Cuando te mimetizas, aprendes y aprender es lo que mueve mi mundo.

Mimetizarse o morir.

Sushi Q. (Casi recuperada de mi lesión del pie y con ganas de mimetizarme con el ambiente)

*Con estas zapatillas recorrí Vietnam y Camboya. No quiero tirarlas, están destrozadas pero son parte de mi vida. Las llevaré en mi viaje.

Magnetismo

Esta noche me siento en paz.

Mi hijo duerme, yo leo cosas, cosas de esas que me hacen bien. Mis cosas.

Estoy recostada en la cama. Un enorme cojín suave sostiene la curvatura de mi espalda. Una bonita espalda.

Salgo de mi cuerpo, me elevo y observo desde arriba mi figura. Me gusta ese plano cenital y me envío una amplia sonrisa.

Voy volando por todas las estancias de casa. Me detengo sobre la cama de mi hijo sonrío.

-Te quiero, hijo.

Sigo flotando y observando lo que he construido durante estos años. No me falta nada, me sobraban cosas, lugares y personas.

Tengo la habilidad de atraer lo bueno. Soy una especie de imán que absorbe lo que le hace bien y deja ir lo que le provoca dentera, nervios y acidez. Inteligencia emocional, lo llaman, yo prefiero hablar de ‘rubia que a veces tiene accesos de listeza’.

Me siento en paz. Mi respiración es pausada. Mi gesto, relajado. No tengo presión en el pecho.

Me levanto, voy al baño, me deshago la coleta. Me miro al espejo.

-Qué guapa eres. Bueno, guapa no, atractiva. Siempre has tenido un magnetismo especial para atraer lo que has ido necesitando. Quizás sea la magnetoterapia de la rehabilitación, no te flipes… que chula te están volviendo los años… cuánto descaro…

Regreso a la cama. Vuelvo a recostarme. Sonrío, estiro las piernas. Sonrío.

Soy un imán de cosas buenas. Soy un imán de gente amorosa, abrazona, amable, creativa, sonriente, auténtica.

Ahora sí que sí. Vuelvo a ser. Me he encontrado sin necesidad de buscar abrazos, amores sin sentido, miradas descalzas, palabras sin voz, cuerpos sin esperanza.

Bendita soledad. Bendito magnetismo. Bendita seguridad en mi.

Sushi Q. (en vías de mi recuperación física, en vías de volver al gym, en mis vías, en mis cabales y en mis descabales)

 

Punto y final •

A veces te centras en un solo algo y te absorbe de tal manera que no ves el todo.

Después de darle vueltas a ese algo, a ese solo algo, he visto el todo.

Punto y final •

Gracias a mi ‘fractura por stress del segundo y tercer metatarso del pie izquierdo’ por obligarme a frenar. Gracias, en serio, gracias, lo necesitaba y el cuerpo me lo gritaba.

Únicamente necesitaba pararme y ordenar los pájaros de mi cabeza.

Esta semana por fin los solté, dejé partir a mis pájaros, llevaban unos meses comiendo alpiste y sin volar.

Hay que dejar volar a aquello que tiene alas. No puede una enjaularse entre barrotes cuando en el fondo sabe que ha nacido para no atarse, para no esclavizar su alma libre y loca, para no dejar de ser un ave migratoria sin miedo a arribar a otros lugares. Nunca me dio miedo viajar.

Jamás podría prescindir de mis alas, me faltaría al respeto y me volvería azul oscuro, gris, gris plomo, gris pesado y herrumbroso…

No ha llegado aún el día en el que algo me vuelva gris. Soy de colores ¡nací y me hice de colores!

Pájaros libres ya por fin. Pie recuperándose cuando al fin lo escuché y comprendí. Ilusión de nuevo. Mejillas sonrosadas. Flequillo despeinado.

Vuelvo a ser. Estoy volviendo a ser 💜🙃

Punto y final •

Comienzo a caminar.

Sushi Q.

Como los salmones

Llevo mucho tiempo siendo fuerte, mucho tiempo tirando del carro, mucho tiempo sonriendo cuando mis ojos claman por unas cuantas lágrimas.

Hoy, ahora mismo, acabo de cumplir cuarenta y dos.

Estoy cansada, mucho, demasiado; no por cumplir años sino porque sí, por tanto, por tan poco, por tan demasiado.

Hoy me permito no celebrarlo.

Hoy me permito no soplar las velas de una tarta que no me apetece y que me viene larga.

Hoy me permito no nadar contra corriente, como los salmones.

Hoy me permito llorar y desahogarme.

Hoy me permito ser yo, sin tapujos, sin trampantojos, sin escenario, sin telón.

Hoy me permito no coger el teléfono si me llaman, no contestar a WhatsApps, no sonreír porque sí, sino porque no.

Hoy me permito ser yo misma, sin disimulos, sin recovecos, con mis curvas preciosas, con mi tristeza, mi nostalgia y mi fiereza.

Hoy me permito darme un respiro.

Estoy cansada, no pasa nada por estarlo. Me lo permito.

Me alegra cumplir años: estoy viva, pero no me apetece celebrarlo.

No necesito velas, no quiero ser una chica excelente.

Hoy me permito estar abatida.

Hoy me permito no ir contra corriente, como los salmones, ya lo haré cuando me apetezca, lo necesite o me convenga.

Sushi Q.

La gente amable

La gente amable me puede. Hay muchas cosas que me pueden, no soy indestructible; una vez, como hace seis años, pretendí serlo y fracasé. Me gustó fracasar eso me hizo aprender y continuar.

El viernes salía para ir a trabajar y el jardinero me vio con la muleta:

-Buenos días.

-Buenos días.

Y tapó con su mano el aspersor para dejarme pasar y que no me mojara.

-Muchas gracias. Le dije.

Sonrió.

Seguí ‘caminando’ hasta el coche y se acercó.

-Por favor, si puedo ayudar…

Hizo gestos con sus manos, como de agarrar cosas, de llevar cosas. Es rumano y creo que no domina aún el castellano.

-Ohhh, pues muchas gracias, qué amable. Le constesté sonriendo. Y él continuó haciendo su impecable, porque así lo creo, trabajo.

La gente amable me puede, me pone una sonrisa en los ojos. La gente amable no escasea solo que muchas veces es tímida y tiene miedo a respuestas bruscas o a reacciones no amables.

Yo sigo sonriendo, sigo ‘caminando’ por mi camino de baldosas amarillas y me voy encontrando con gente amable y con gente que no lo es.

Mi hijo coloca todos los felpudos de los vecinos del rellano de nuestra escalera cuando ha terminado de fregar la mujer de la limpieza.

-Hijo, eso está muy bien, eres amable y cuidadoso. Estoy muy orgullosa de ti.

Él sonríe aún sin saber que forma parte de la gente amable. Cuando sea mayor sé que seguirá siéndolo. Es mi herencia en vida, al igual que yo aprendí, de mi madre, a ser generosa. No he conocido jamás a una persona tan generosa como mi madre. Es cierto, no hay persona igual en la Tierra.

Mi hijo ya duerme. Yo estoy casi a punto.

No dejéis jamás de ser amables y generosos: No pasa nada pero sucede mucho.

-Sushi Q. (Aún coja, pero sonriendo y sintiéndome vulnerable a ratos y otras, indestructible)

La gente que silba

La gente que silba es distraída, amable y nada morbosa. Suele caminar con las manos en los bolsillos (sobre todo en otoño, no sé por qué pero así es) y no le gusta meterse en la vida de los demás, no es nada cotilla.

La gente que silba es inofensiva, bueno, excepto los asesinos de las pelis de sobremesa; esos siempre silban para disimular, claro, pero su silbido no es alegre ni amigable sino tétrico y como diciendo: ‘… la sarta de puñaladas que te voy a asestar en cuanto te pille, víctima’, y continúan silbando como si nada.

La gente que silba (menos los asesinos de peli de sobremesa) debería estar amparada por alguna asociación sin ánimo de luto, habría que convertirla en especie protegida, a mí me da miedo que se extinga: alegra la existencia y encima lo hace sin darse cuenta debido a su condición de distraída.

Ayer comencé a caminar sin muletas y me sorprendí silbando por el pasillo de casa mientras daba sorbitos a mi infusión de jengibre con canela. Iba con el móvil en el bolsillo de atrás del vaquero escuchando una canción de silbar y, al oírme, me invadió una sensación muy agradable, como de calma y tranquilidad.

Mi hijo me dijo el otro día:

-Mami, ya silbo, mira, ¡Prfrfrfrfr!

Y un montón de babas se dispersaron entre nuestras caras. Nos reímos, nos tiramos en la cama y volvimos a reírnos. Mi hijo será un buen silbador lo sé, los tíos felices silban y él lo es.

La gente que silba es mágica, y no me refiero a mi, yo no soy mágica, soy sensible y alegre, la Magia se la dejo a los niños, ellos si son mágicos, aunque no sepan silbar.

Gracias, gente que silbáis por la calle.

Sushi Q. (Lanzando a tomar por saco mis muletas y silbando)

*Con muletas/Sin muletas (pero siempre silbando)

*No se por qué leches salen los gifs de lado. Si alguien sabe cómo arreglarlo que me de un silbidito 😗 Gracias.

La escena de la bolsa

Esta semana he sido consciente de que mi lesión del pie izquierdo me quiere decir algo: Para•

También he sido consciente de por qué me lesioné: coincidió con algo, algo que me pudo y traté de mitigar machacando mi cuerpo, a golpe de deporte, en el gimnasio. Fui a machetazos y yo no soy de ir a machetazos.

Necesito detenerme, hacer parón y cuenta nueva, agarrar una goma Milan impoluta e ir borrando del cuaderno aquello que me frena. Sé lo que es, o lo voy sabiendo.

¿Recordáis la escena de la bolsa de ‘American Beauty’? es magia pura. Así me siento yo: sé hacia donde dirigirme, o lo voy sabiendo, pero el viento me lleva de un lado a otro, me zarandea. He de detener ese remolino, por muy romántico que parezca, y volver a caminar sin viento, miedo no tengo.

Cuando te das cuenta de que hay algo que debes frenar, de que vas muy rápido y de que: así no, hay que aplacar los ánimos, bajar el ritmo, atusarse el flequillo y respirar… respirar muy hondo y muy largo.

Sushi Q. (mejorando, queriéndome, conociéndome, que ya es algo, un buen algo)

*Por favor, ved la escena y escuchad la música, es tan bonita que duele.

La cucaracha

Todos necesitamos ánimo, todos; yo, también.

Vais a superar eso que os lastima. No sé cómo pero encontraréis el modo. Lo sé. Ánimo.

Una vez, durmiendo en un barco en la Bahía de Ha Long, apareció, sobre la cama del camarote, una cucaracha marrón. Era enorme, maravillosa, de las que vuelan.

Me incorporé muy despacio, la observé, ella no sé qué hacía, supongo que cucarachear, me puse de pie y fui de puntillas para evitar que me mirara (estaba desnuda y no sabía si esa cucaracha pudiera ser Gregorio Samsa…)

Agarré una tela de la cama, la envolví con mucho cuidado para que no crujiera (todos sabemos que el crujido de una cucaracha da más miedo y asco que la cucaracha en sí) abrí la puerta del camarote y la lancé al pasillo.

Me sentí valiente, fuerte, independiente. No necesité a nadie que lo hiciera por mi.

Hoy me siento así: valiente, fuerte independiente.

Todos necesitamos ánimo, todos, así que hacéos un favor y animáos a agarrar a la puta cucaracha que os ha sido asignada y soltadla por ahí. Son pequeñas en comparación con nosotros, y el miedo que tenemos es del tamaño que nosotros le otorguemos. Agarradlo y soltadlo por ahí, al miedo (es fácil pero difícil ¿eh?)

Sushi Q. (aún coja pero mejorando. La cucaracha, la cucaracha ya no puede caminar, porque no tiene porque le faltan, las dos patitas de atrás) Pues si puedo y seguiré pudiendo.

Ánimo 💪🏻

*Ya pondré fotos del camarote. Ojalá hubieran estado los Hermanos Marx, hubiera sido más divertido 🙃

*Os dejo la versión de Satchmo de ‘La cucaracha’ Amo a Satchmo desde pequeña, le llamo así como si le conociera. Me parto el culo con su pronunciación.

Nolotil, resiliencia y nada de amor

He comenzado la mañana yendo a urgencias ¡Yuju!

Mi pie no mejora y necesito que lo haga.

Médico, tocamientos, radiografía.

Pues no hay nada roto: metatarsos aplastados ¡Toma ya! Cuando hago algo lo hago hasta el final y si aplasto mis metatarsos lo hago a conciencia ¡ou yeaaaaaa! 🤟🏻😎

Me he sentido como un elefante, la verdad… aplastados. Puta Bida.

Nolotil, paracetamol y plantillas retrocapitulares, o algo así, como las Capitulaciones de Santa Fé pero sin sentirme nada católica, claro, no estoy bien y soy una atea convencida y reconfirmada, a pasos agigantados, en mi ateísmo (bueno, a pasos no, a pasitos 😤)

Iba muy feliz en el coche, idiotamente feliz (resiliencia), cantando ‘American girl’ de Tom Petty and the Heartbreakers pero sin tener el corazón roto (y menos partío, que eso es muy hortera) solo metatarsalgias y un poco rota el alma.

-Ojalá no tuvieras metatarsos- he pensado mientras aceleraba -Pero claro, sin metatarsos lo mismo no podrías hacer el juego del pie, y a ti te gusta mucho jugar, enjugar tus lágrimas y conjugar verbos inexistentes como amar.

Estoy cabreada, me siento impotente, escribo para soltar todo lo que me enloquece. Los que practicáis deporte habitualmente entenderéis como se siente alguien sin su droga, los que no, pues no 🤷‍♀️

Me voy a poner bien (necesitaba verlo por escrito) me voy a poner bien y a volver a ejercitar mi cuerpo y mi mente.

Resiliencia, Nolotil, música y nada de amor. El amor no existe, es una invención. Los metatarsos sí, doy fé, fé ciega sin ser yo de eso.

Sushi Q. (aquí ando ¡qué cachonda, ¡ando! 🤣)

*Escuchad este tema. Es una maravilla 🤙🏻💜

¿Qué cojones es la felicidad?

Y otro día más disfrutado y dolorosamente mágico.

La vida es esto, no busquéis más porque es esto.

Te caen hostias por todos lados, te llueve amor a raudales, te destrozas los metatarsos del pie y sigues caminando.

¿Qué cojones es la felicidad? nadie lo sabe pero existe, a ratos:

En conversaciones de cocina con la gente adecuada, en el supermercado acalorada y después sintiendo un frío inmenso en la zona de congelados, en las carreras locas de los niños, en los andares erráticos de los ancianos…

Existe en las sábanas limpias después de una noche loca, en recoger las miguitas de pan del hule con las yemas de los dedos, en el crujido de la lechuga entre tus dientes, en el olor del perfume que utilizo los días de lluvia.

La felicidad está en un solo de armónica de la versión Tuesdays gone de Metallica, en sudar como una cerda haciendo deporte, en la luz que desprenden las velas.

Está en una cerveza fría que se derrama en tus vaqueros, en estrenar calcetines de topos blancos sobre fondo rojo en invierno, en el aire que te revuelve el flequillo al llegar el otoño y en estirarte en la cama haciendo sonar todos tus huesos.

Está en el echar de menos, sí, también en eso, en colgar un cuadro aunque no quede perfecto, en un gazpacho bien frío en verano, en la lluvia, en los truenos y en los relámpagos.

Existe en mi hijo diciéndome que me quiere: ‘más que a la sangre de mi alma’ (literal, menudo cursi poeta estoy criando 🤣)

En pintarte las uñas y que te queden niqueladas, en una visita a la oficina inesperada, en los ojos sabios de mi padre, en los abrazos apretujados de una buena amiga.

Está en un acelerón con el coche, en cascar un huevo, en un párrafo de un libro que te deja muerta, en ponerte bonita por dentro aunque nadie vaya a verlo.

Acaba de pasar una ambulancia cerca de mi casa, siempre digo lo mismo: suerte. Quizás el que va dentro se esté muriendo, quizás deba morirse y dejar de sufrir o se recupere y vuelva a revivir. Solo le deseo suerte, para un lado o para otro, pero por favor, que al menos haya conocido qué cojones es la felicidad.

Sushi Q. (Preguntándome qué es la felicidad o quizás, tal vez, habiendo encontrado la respuesta)

*Escuchad, escuchad y disfrutad del solo de armónica, es la polla.

De metatarsalgias, boquerones y buenos días

Hoy ha sido un buen día, (como la canción de Los Planetas) un día cualquiera, pero un buen día.

Ha comenzado con un ataque de risa al llevar a mi hijo al cole. Siempre ponemos música y hoy he elegido un tema maquinero que nos ponen en Body Pump y que necesitaba escuchar para darle caña a mi ánimo (que últimamente está un poco tocado)

-Mamá- me dice al poco de sonar- esta me gusta pero ¿por qué dicen boquerón? (*)

-¡Jajajaja!- no podía parar de reírme- hijo no dicen boquerón dicen: Pump it up! Pero a partir de ahora será la canción del boquerón.

Casi no podía ver la carretera de los lagrimones de risa que me caían. He echado en falta unos parabrisas a lo Penélope Glamour ¡oh, seeeehhhh!

He ido a currar y el pie cada vez iba doliéndome más. Para los que no seguís mi blog os resumo: llevo coja del pie izquierdo por hacer el salvaje en el gimnasio una semana.

Sigo.

He terminado de currar, he comido y he cogido el coche pues había quedado con un amigo, con el que quedó a bíceps (perdón, a veces, qué tonta estoy 🙄) que da unos abrazos de muerte y al que todas mis amigas quieren conocer (pero ya les he dicho que no, que se divorcien y se busquen a su propio amigo para quedar a bíceps con él. Listas, que sois unas listas)

Según iba para allá he decidido cambiar de rumbo, me dolía mucho, y le he llamado:

-Oye, tío, que quedamos en urgencias …

-No pasa nada- me ha dicho ya quedamos otro día.

Así me gusta, muy bien, obediente 👌🏻

He llegado a urgencias.

-Hola. qué mira que creo que tengo un eslince (ibérico), desde el jueves, en el pie izquierdo.

Me han atendido en seguida.

Según entro me encuentro con un médico súper atractivo (creo que venezolano) con barba canosa bien cuidada y unas manos grandes y preciosas que me ha sonreído y se ha enamorado de mi nada más verme. Eso una lo sabe, sí, lo sabe 😌

Ya está, el hombre de mi vida (he pensado) que alto, que sonrisa, qué manos, qué acento, qué…. hasta que me ha apretado el segundo y tercer metatarso y he sentido de todo menos un orgasmo.

He salido de allí agradecida, coja y con ganas de cantar (estoy mu loca)

Me he puesto música, sin música no se puede respirar, al menos yo.

Spotify. Lista Especialmente para ti. Clik. La Yenka. ¡La Yenka! ¡pero que puto algoritmo del vecino es este! Estoy yo como para bailar la Yenka…

Me he dirigido a la farmacia, me ha atendido Javi, que es encantador y súper amable,y se ha asustado al verme entrar caminando despacio como un alma en pena, solo me faltaba la bola y la cadena.

He comprado mis drogas para el pie y me he ido a comprar uvas, las de la ira porque tengo un cabreo que no me tengo encima…

Al salir, zas, me choco con una compi del gimnasio de la que no sé aún su nombre pero que es un encanto. Gracias por los ánimos.

He vuelto a casa dolorida, feliz,agradecida y emocionadaaaaa de encontrarme sonrisas por todos lados (y sabiendo que no son falsas)

Un buen día.

Sushi Q. (Hasta los metatarsos, así en general, pero con ganas de cantar)

(*) Os pongo la canción de Boquerón, a ver si escucháis lo mismo 🤣

Y, esta de abajo, la de Un buen día, de Los Planetas.

Lo hago como madremente puedo

Hoy he rebautizado a la abuela del mejor amigo de mi hijo.

Muchas veces les llevo en mi coche, porque ella no tiene y la madre del pequeño curra hasta muy tarde, y según salen del cole: ¡a karate! ¡Kia!

Al principio les daba mucho apuro, a la abuela, no al niño, el niño está encantado, claro, pero a base de insistir y de decirle que en mi coche caben todos, he conseguido que se sientan tranquilos y cómodos.

-Vamos abuela- le digo casi sin conocerla. Y la mujer sonríe y me mira como pensando: ¿de dónde habrá salido esta colgada? (estoy acostumbrada, soy así y hablo con todo el mundo, qué suerte tengo y la cantidad de gente que conozco, de la que aprendo y a la que acabo queriendo) ¡que viva la sociabilidad y los nachos con queso!

Sigo.

La semana pasada me enteré del nombre de la abuela y de que no le gusta nada (no me extraña, no daré datos por respetar su intimidad y la del niño, pero es un nombre espantoso, absolutamente espantoso) así que, como soy así, espontánea, he decidido proponerle un cambio:

-A ver abuela- le he soltado esta tarde -¿Cómo te gustaría llamarte si pudieras elegir nombre?

-Pues la verdad, no sé, mi nombre no me gusta, prefiero el diminutivo.

-Ya, ya, pero a ver, yo te hablo de un cambio ¿no te molaría llamarte como una diva Hollywoodiense tipo Ava Gardner o Marilyn?

La mujer me ha mirado y ha sonreído tímidamente, como con cariño y nostalgia… no sé, algo así.

-No sé, hija, eso no se puede cambiar…

-¡Como que no! ¡Claro que se puede! Mira, a partir de ahora te voy a llamar Marilyn, ya está, Marilyn. ¿Te gusta?

Y ha vuelto a sonreír.

-¡Niñooooos! ¡Vamos, al coche!

He abrochado a los niños, he abierto la puerta a Marilyn y he ido cojeando con un dolor de la hostia para conducir (hoy fui a la fisio y me llevé la del pulpo)

Allí los he dejado, en karate, me he metido en el coche a reposar una hora mientras escuchaba música idiotizante y he vuelto a por ellos.

Durante el camino que separa el parking del aula he decidido observar, renqueante, lo bueno del camino y me he encontrado con almendros florecidos y con gente tirada en la hierba en un parque de al lado. ¡Qué maravilla! ¡Qué puta maravilla! He tomado fotos de mis pies con playeras, de los árboles y de mi kit diario de supervivencia (cuando estoy con mi hijo)

Me he dado cuenta de que todo es tan pasajero, tan bonito o tan dañino como nosotros queramos hacerlo. Me he dado cuenta de que, pese al dolor, se puede disfrutar del no dolor y que mucho de ello depende de nuestra cabeza.

-La primavera está aquí- he pensado- y yo… yo lo hago como madremente puedo…*

Sushi Q. (hasta el coño de mi pie dolorido pero sin dejar nunca de disfrutar del camino)

Todos tenemos un don

Tengo la bonita costumbre, antes de irme a leer y después a dormir, de buscar en internet: fotografías, cuadros y cachitos de frases de libros que muchas veces no se de quién son. Siempre trato de conocer a su autor, no es bonito apropiarse del arte de otras personas sin nombrarlos. Si lo hicieron es por algo y ese algo hay que respetarlo.

Me encanta el Arte, me nutro del Arte. Hay Arte en cada rincón de la vida, hasta en el enchufe de la cocina que me observa absorto mientras escribo esto y mi primer cigarro del día se consume como dinamita.

La segunda carrera que estudie, cuando tenga tiempo y esté más calmada, será Historia del Arte. Se lo comentaba, la otra noche, a un amigo fotógrafo que he vuelto a recuperar estas navidades y que conocí, hace millones de lunas, en mis noches de farra Malasañera. Qué alegría volver a hablar contigo de aquellos tiempos y, ahora, de nuestros hijos… gracias infinitas te doy, gracias.

Hay gente que tiene un don, bueno, creo que todos tenemos un don, varios u ovarios, pero admiro mucho a la gente que sabe pintar, fotografiar, escribir, cantar, tocar un instrumento y llegar a captar la atención y el alma de la gente.

A mi siempre me dicen que mi don es la Alegría, soy como un surtidor de Ella (debe ser porque amo, desde muy pequeña, a Ella Fitzgerald) supongo que soy así de siempre y que, desde hace un tiempo, mucho, la disperso sin vergüenza, pasando de los que no lo entienden… soy una puta camella de Alegría.

No me molesta la gente que no sintoniza con mi Alegría, cada uno es como nace y como lo hacen. Utilizo el Humor y la Alegría para todo, quién no tiene humor está un poco muerto, y a mi me encanta estar viva.

Por favor, gentes que tenéis un Don: ¡sacadlo fuera, vomitadlo, lloradlo, pintadlo, fotografiadlo, cantadlo, tocadlo!

Yo os lo agradezco. Os lo agradezco tanto y tan grande que necesitaría más de una vida para besaros.

Todos tenemos un don y si no lo sacamos, lo matamos.

Matar dones, unicornios, estrellas fugaces, canciones, debería estar penado… ¡que cada uno sea como quiera!¡que cada uno se exprese como le salga del papo, pero sacadlo! ¡No lo matéis! Está muy feo y hace mucho daño.

Sushi Q. (aún coja pero avanzando)

*También tengo el don (y me he dado cuenta esta noche) de levantarme con el flequillo como Goku. Me he despertado de madrugada y resulta que duermo con la palma de la mano en la frente, como duermo sola no lo sabía, ahora ya lo sé: tengo otro don 🙃

*Ved el vídeo. Os pongo la versión con Louis. Qué grande era. Una noche le canté esta nana a mi hijo y casi me escupe. Mi don no es la voz 🤣

Un puto abrazo

Hacía tiempo que no me sentía tan vulnerable. Llevo coja desde el jueves, tanto gimnasio me ha dejado inmóvil y yo no puedo dejar de moverme, soy pura energía.

Manta eléctrica, cremas de mierda que no sirven para nada, ibuprofeno y reposo (con un hijo, lo del reposo es una utopía)

Escucho ‘Runaway‘ de Del Shannon, mi hijo duerme. Me encanta Del, me encanta Runaway y soy una loca de esas que le hacen los coros y bailan a su puta bola.

Necesito viajar, hacerme la Ruta 66 y la 69. Coja, imposible. He de recuperarme.

No paro de escribir y de poner banda sonora a esta semana. Necesito un Motel de carretera, como aquél de San Luis Obispo en el que nos alojamos, pero sin tí. Te echo tanto de más…

My little runaway… y huir lejos de todo, sin cojera, con coleta, labios rojos, motel de carretera y Bourbon de palo, que no me gusta, para hacerme la guays y salir de mi mismidad.

Vamos, que necesito un abrazo. Un puto abrazo…

Sushi Q. (Coja pero esperanzada)

*Ved el vídeo y escuchad la canción, es una puta maravilla.

Sólo se vive dos veces

You only live twice, one life for yourself and one for your dreams’ y es verdad. Una vida para ti y otra para tus sueños.

Me inspiro para escribir cuando estoy mal, muy mal y cuando estoy bien, muy bien. Soy maniqueísta, supongo, aprendí esta palabra en la carrera, en la asignatura de Historia Medieval II, haciendo un trabajo sobre no sé qué carajo.

Vivimos al límite y no tan al límite, supongo que tiene que ver con la posición de la Luna, con las placas tectónicas, con la lluvia cuando resbala sobre los cristales y con la nieve cuando todo lo ahoga en ese silencio maravilloso que solo la nieve sabe hacer.

Vivimos dos veces, así es, y lo hacemos tan mal o tan bien como queramos o como la vida nos lo permita.

Hoy salía del gimnasio, llevo toda la semana yendo, y siempre me quedo hablando un rato con la maravillosa persona que hay en recepción.

Hablábamos de regalos de parturientas, de mis lágrimas de esta semana y de mi hijo.

Al lado, había una compañera de unos veinte pocos años. Me ha mirado, ha abierto la boca muy grande y me ha dicho:

-¿Pero, tú eres madre?

Estaba sorprendida, mucho.

– Si, lo soy, mi hijo tiene 5 años.

-Pero, pero, pero… (seguía con la boca muy abierta y muy sorprendida)

-¡No pareces madre!

-Pues lo soy.

– ¡Pues no lo parece! ¡Tienes el espíritu que a mi me falta!

La maravillosa persona de recepción, a la que admiro y quiero, le ha contestado:

-¡Es que está muy loca!

Y me ha encantado.

Solo se vive dos veces: tu vida y tus sueños.

Hace poco un amigo, al que aprecio y cuento todas mis cosas muy cosas, me dijo:

-Tú encanto es tu locura.

Solo se vive dos veces y, si no las aprovechas, quizás solo vivas una y se acabe antes de que tengas tiempo de vivir la segunda.

Sushi Q. (mejorando por momentos)

*Por favor, escuchad la canción y empapaos de la letra. Solo tenemos dos vidas, no las desaprovechéis.

*No se poner vídeos bien, este es una horterada, pero escuchad la canción. Gracias.

*Lo último: no sé si sólo lleva tilde o no. La RAE se está volviendo loca. He decidido ponerle tilde, todo sabe mejor con tildes y con orégano.

Soy madre, sí, y cuantos más años pasan más bonita y buenorra me veo (a parte de inteligente, claro, soy full equip 😎)

Luna Hiena

Hoy había una luna enorme, supongo que ‘hiena’, no la oí reírse.

Salía del gimnasio y ahí estaba: entera, verdadera, como para mi sola, como una llamada de atención o algo…

No podía dejar de mirarla y, como soy tan despistada, despisté mis sentidos arácnidos y acabé tropezando y cayendo en el agujero de un árbol.

Me reí yo sola, soy así, me reí como una hiena y la Luna me miraba y yo la miraba a ella (parezco García Lorca, pero no, solo soy una rubia enloquecida y abrumada por las cosas buenas que le pasan)

Saqué la compra del coche, subí a casa, tiré la bolsa de ensalada a la nevera como si no me importara, como si fuera Escarlata O’Hara y me importara un bledo Clark Gable.

Hice compra antes de ir al gimnasio. Hago compra despistada, sin lista, pillando lo que veo sin fijarme en las ofertas porque soy así y sonrío cuando veo que en mi nevera hay más cosas empaquetadas que las cajas que he hecho en todas mis mudanzas.

No me asustan las mudanzas, me asusta perder la cuenta de las veces que me he ilusionado y no ha servido de nada.

Soy el espíritu de la contradicción, pero así soy: loca, cuerda, valiente, apasionada…

La Luna, probablemente, se rió mucho de mi al verme caer y chocar contra el árbol. Se rió como una hiena, estoy segura, sin piedad y sin pena, pero bueno, no la culpo, hace su trabajo: alucinar a la gente y hacerle saber que ahí sigue: maravillosa. inmensa y un poco lunática.

Sushi Q. (Sigo estando)

Curvas

Mi vida está llena de cosas redondeadas. Tiendo a redondearlo todo, desde mi espalda, cuando acabo de entrenar en el gimnasio y me estiro como un gato, hasta las figuras de plastilina que moldeo junto a mi hijo.

El bolso que llevo hoy es de lunares, la funda de las gafas y el tarro de crema de manos, igual. Todo redondo, curvo, apacible.

Me limo las uñas con cuidadito para que no quede ningún pico.

Mi letra se curva como si quisiera proteger mi mundo en un abrazo perfecto y circular. No me gustan las aristas ni la gente arisca. Curvas.

Trato de enseñar a mi hijo el poder de las sonrisas y que si curvas los labios hacia arriba te brillan los ojos y atraes lo bueno… es curioso como imita mi manera de dibujar corazones,  los acabo con un trazo curvo al final y él los hace igual, como si solo existiera una forma de hacer corazones, espero que algún día encuentre la suya.

Odio a la gente que clava el boli al escribir y lo hace con furia, como si estuvieran apuñalando al papel…bueno, no odio a la gente, odio esa manera de escribir tan violenta, supongo que no saben hacerlo de otra forma o que no son de curvas sino de aristas…

Una vez, estando en Pekín, una amiga que vivía allí (china, chinísima de rasgos pero criada en Carabanchel 😂)me levantó de la mesa en la que estábamos cenando y recorrimos todo el restaurante observando curvas. Me contó que a los chinos no les gustan nada las formas que acaban en pico y  fue mostrándome la curva que había en cada mueble, plato, cubierto, fuente… jamás voy a olvidarlo, fue maravilloso, maravilloso y amable. Curvas.

Mi cuerpo es curvilíneo, muchos hombres se han mareado al recorrerlo, creo que a partir de ahora avisaré para que, por favor, se tomen una Biodramina a fin de evitar pájaras y desmayos dramáticos. Curvas, curvas, muchas curvas 😂

Últimamente estoy cuidando mucho mi corazón, calmándolo… tiende a precipitarse y se exalta, es un poco heavy, un poco macarra … lo acurruco y le digo palabras bonitas, después, redondeo mi cuerpo, lo abrazo, me convierto en bicho bola y me acuno entre mantas de topos dorados y música curvilínea…

Sushi Q.

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Queremos

Queremos tener una casa ‘mejor’, una cafetera ‘mejor’, un coche ‘mejor’…

Queremos un día sin nubes, una carne al punto pero que no sangre, unos hijos perfectos que sepan leer a los tres años y que no se manchen…

Queremos un amor de nuestra vida, una media naranja que nos complemente y nos haga zumo cada noche en la cama…

Queremos no salir de nuestra zona de confort porque lo de fuera nos aterra y nos revuelve…

Queremos, queremos, queremos…

Yo también quiero y muchas veces, de tanto querer, me pierdo en lo no importante.

Yo no tengo casa, vivo alquilada, me gusta mi ‘no casa’. Allá donde voy siempre creo mi hogar, no me da miedo, siempre acabo haciéndolo.

Quiero que me quieran, y me quieren.

Quiero seguir viajando sin guía, sin viaje organizado y sin zona de confort, el confort ya me lo busco yo.

Quiero mis días nublados y mi carne al punto sangrando.

No quiero ni media naranja, no existe; prefiero mi medio limón y que me de mucho amor.

No quiero que mi hijo sepa leer a los cinco años, quiero que aprenda cuando le llame y que de mayor devore libros como su madre (Yo aprendí a leer casi a los siete… benditos padres que hablaron con mi profe para que no me enseñara a leer hasta que yo no quisiera)

Pensamos demasiado, mucho, muy a lo largo…

Esta noche no voy a pensar a lo largo, voy a hacerlo a lo ancho, en mi cama enorme (porque la tengo y la disfruto), en mi mundo de introspección y de soledad (adoro la soledad)

Tengo miedo, y no es malo; todos tenemos miedo, el caso es reconocerlo, acariciarlo y no pensarlo tanto (si no se crece 😉)

Queremos, queremos, queremos y no nos damos cuenta que todo lo llevamos dentro…

Queridos Reyes Magos

Queridos Reyes Magos:

Que nos dejen de matar, violar, atemorizar.

Hemos sido buenas, nos hemos unido, hemos llorado por nuestras hermanas, el morado ha inundado nuestros estados de whats, nuestros corazones y nuestras manos.

Nos gusta el negro, pero no el del luto incesante que parece que no acabe; nos gusta el negro en pantalones pitillo, en raya del ojo, en rímel, en uñas, en botines de tacón eterno aunque no nos haga falta para que se note que somos largas, muy largas, de mente y de talla.

Nos gusta que nos dejen en PAZ, que no nos digan por la calle que sonriamos que así estamos más guapas.

Odiamos que algunos, demasiados aún, se coloquen el paquete delante de nuestras narices y se desparramen como si al hacerlo nos pusiera cachonda su virilidad… que lo hagan antes de salir de su escombrera, no sé, es un consejo, da asco, mucho, asco puto…

Nos gusta salir a correr de noche sin escolta (gracias), nos gusta emborracharnos y bailar con los ojos cerrados, no necesitamos esas babas que, a veces, nos llegan desde la barra…

Nos gusta follar con quien queramos. No somos de nadie, nuestros escotes son nuestros, que no osen apropiarse de ellos.

Si me pinto los labios de rojo es porque me pone cachonda mirarme al espejo y hacer un homenaje a Robert Smith mientras canto a todo volumen: Just like heaven.

Si me pinto los labios de rojo es porque adoro besar a mi hijo en la mejilla y que sepa que la madre que lo parió le adora.

Mis labios son míos, no son una incitación a que los muerdan, los besen o los violenten.

Mi opinión es mía, que no se atrevan a empequeñecerla o despreciarla.

Somos valientes, queremos ser libres.

Seguiremos siendo valientes, si no lo somos la vida nos come… pero ser valientes y además libres ¡wow, debe ser la hostia!

Queridos Reyes Magos, que nos dejen de matar, violar, atemorizar.

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Sí, señora

Ayer estuve de cumple con mi hijo en un parque de bolas. Todo ok, lo de siempre: niños locos, Coca Cola para todos, luces de colores y padres haciendo que se lo pasan bien mientras apuran latas de Mahou como cabrones…

Una hora, hora y cuarto, tarta, regalos… venga, ya queda menos, dos horas ¡nos vamos!

Iba yo monísima, todo sea dicho: vaqueros ajustados, botas de pelito y un jersey ideal comprado hacía poco que me sentaba fenomenal. Tengo 41 pero joer, pues estoy bien, muy bien, qué coño… sigo con el cumpleaños…

-Hijo, vámonos, bonito, ponte las zapas, el abrigo y a casa.

De repente, así muy loco todo, se forma una cola de niños y me quedo, junto con el fotógrafo, atrapada entre ellos y las redes que contienen las bolas. El fotógrafo se encarama a un tobogán y logra salir ileso pero yo, para no montar el espectáculo, pues nada lo hago de manera más civilizada, como una madre, y no como un mono (aunque hubiera preferido hacerlo como un mono)

-¿Hijo, me dejas pasar?- le digo dulcemente a uno de los niños allí apostado.

Me mira de arriba abajo y me contesta todo educado:

-Sí, señora.
-¿Señora? ¿perdona? ¿señora, me has llamado señora? ¡Señora!…

(aquí se va a liar….bufff, señora)

Le aparto, le miro mal, no le escupo porque está por ahí el fotógrafo…paso, le vuelvo a mirar mal y pienso: Puto niño de los cojones, a la salida te espero…

Teniendo en cuenta que los que siempre dicen la verdad son los borrachos y los niños ¿he de asumir este nuevo rol señorial que me han asignado o debo pensar que el niño ese era hipermétrope y necesitaba gafas?

Me quedo desolada y me entra mucha rabia y como ganas de llorar o quemar contenedores o quitarle su bolsa de chuches de un zarpazo ¿será hijo puta…?

Estoy a un tris de ir a hablar con sus padres para decirles que qué clase de educación le están dando a su hijo que no sabe lo que es una MILF, pero claro, pienso, lo mismo ellos tampoco tienen ni idea…

Salimos de allí una amiga, su hijo, el mío y yo:

-Tía, qué me ha llamado señora…

Ella riéndose, yo lamentándome, los niños sudando como pollos y la noche, la noche helada y gélida…

La vida 🤷‍♀️

*Benditos niños. Bendita inocencia 💜

Sushi Q.

La lógica de la razón pura

He vuelto a cambiar de color de uñas… Siempre que varío de perfume o color de uñas es que algo, dentro de mi, se está fraguando. Como soy rubia pues no me entero así mucho pero por dentro, mi inconsciente (sí, las rubias somos unas inconscientes) me dice: eh, nena, estoy tramando algo…

El sábado mi hijo me dejó flipada; le disfracé de pirata y nos convertimos en navegantes de un enorme barco que resultó ser mi cama.

-¡A la orden, mi capitán!- le espeté (de casa Tarradellas)

-¡A la orden, mi capitana!- me respondió con firmeza.

-¡Toma ya, muy bien! le dije. ¡Lenguaje inclusivo!- y chocamos las manos.

A ver, con 5 años no sabe que leches es eso de inclusivo pero le pregunté:

-Hijo ¿por qué has dicho mi capitana? y me contestó:

-Porque yo soy el capitán y tú, la capitana.

Punto y final. Más claro, agua.

Ayer, coloreando, tuvimos otro diálogo así curioso:

-Hijo cada día lo haces mejor, no te has salido nada.

-No me he salido ni un perique (es su manera de decir que no se ha salido nada, me parto)

-Mamá, tú tampoco te has salido, eres una buena dibujanta…

(¡Joder, otra vez! dije para mis adentros llena de emoción y perplejidad ¡estoy creando un monstruo feminista de la hostia!)

-Yo soy dibujante y tú, dibujanta…

-Pues claro hijo, así es…

Y continuamos coloreando y disfrutando como si nada. Cuando las cosas están claras y no necesitan explicación ¿para qué seguir hablando…?

Ojala la lógica aplastante y pura de los niños se metiera dentro de las cabezas deconstruidas y rancias de algunos mayores; el mundo sería más mejor y todos seríamos muy mejores amigos…

Por la noche, niño dormido, decidí que mi color de uñas ya no me representaba. Dejé a un lado el color coral que me ha acompañado estos dos últimos meses y me las pinté de un rojo intenso apasionado, como la pasión que siento por mi hijo y su lógica pura y arrolladora de niño de cinco años…

Sushi Q.

Jamás te dejaré sola

Y otro día más disfrutado.

Estoy reencontrándome, llevaba un tiempo perdida, demasiado azul en mi vida, demasiada intensidad y pirotecnia vacía.

Acabo de llegar del gimnasio, ejercito mi cuerpo, mi mente y mi alma. Salgo, entro, me rocío de vida de la cabeza a los juanetes. Mis sentidos se han agudizado.

Me siento tan fuerte, tan bonita y tan querida…

Está llegando nueva gente positiva a mi vida. He vuelto a abrir mis brazos y llevo una sonrisa casi perenne en los labios. Rojos, siempre rojos, a lo Robert Smith, o desnudos de carmín pero felices y curvados.

Sudo mucho, me canso, tengo agujetas de reírme y de deportivearme. Leo, escucho, comparto. La gente de siempre sigue ahí, a mi lado. La nueva gente aparece y nos vamos acomodando.

No lloro, no siento presión en el pecho, respiro pausadamente, no necesito esparcir ni arrojar confeti, no necesito buscar, lo bueno me va lloviendo, me va cayendo del cielo.

No hay incertidumbre, solo lo sencillo y lo sano anida en mis días. Pies en la tierra, calma chicha, ganas de todo sin necesidad de nada. Qué felicidad, estoy disfrutando tanto…

Mi hijo me dijo la otra noche: ‘jamás te dejaré sola’ Es un niño listo y sensible. Es lo que más amo. Cinco años y sabe más que los adultos que saben tanto.

‘Jamás te dejaré sola’ y nos abrazamos, nos sonreímos y dormimos de la mano.

Sushi Q.

*Vuelvo a ser.

La trapecista

Últimamente me siento viva, enérgica, fuerte; no es que antes no lo fuera, pero cuando decides saltar de tu trapecio sin red y ves que no te estampas contra el suelo, te recorre una sensación de control y poder sobre tu vida que nada ni nadie puede arrebatarte.

Son las 22:00, escucho a Aretha, la gran Aretha, freedooooom, freedoooom…

Anoche , comentaba con un reciente amigo (nunca sabes quién se va a cruzar en tu vida y la maravilla y curiosidad que eso genera) algo que llevo practicando muchos años y que, hasta ahora, a mí me ha funcionado: visualizar, visualizar aquello que anhelas, que necesitas, que quieres atraer a tu vida cuando estás en un pozo anegado de incertidumbre, miedo e irrealidad.

Comienzas a imaginar cómo quieres que sea después del salto del trapecio, lo visualizas, lo paladeas, lo hueles, casi hasta lo tocas y los pelos se te erizan, te emocionas… Aún queda dar el salto, es la parte más complicada y peligrosa, has de hacerlo con precisión, con sangre fría, sin corazón (ya habrá corazón para rato y latirá el tiempo que nos haya sido adjudicado) así que saltas de un trapecio a otro, a otro del cual no sabes nada, solo lo que has visualizado. No miras abajo, miras adelante, no miras atrás, el atrás solo es pasado, dejas tu vulnerabilidad, aprietas todos los músculos de tu cuerpo y entonces, cuando no aplaude nadie (es un circo vacío, tu circo, no necesitas aplausos, ni domador, ni payaso) respiras, te balanceas, te dejas mecer por tu nuevo trapecio y el otro, desde el que saltaste, ya no está, se fue y te encuentras sola, allá arriba llena de fuerza, ilusión y alegría.

Todas somos trapecistas, solo necesitamos saltar, atrevernos y no tener miedo, ese miedo a lo desconocido que nos frena y nos engulle sin tan siquiera pedirnos permiso. Todas somos trapecistas de nuestra vida: SALTA, el miedo no conduce a nada.

Sushi Q.

De bufandas otoñales y swing

Este otoño pienso estrenar bufanda. Ha de ser larga, muy larga y amorosa.

Larga porque ha de abarcar no solo a mí sino a lo que pienso atraer a mi vida: calma, sosiego y momentos amables.

Amorosa porque el otoño es la mejor estación para quererse y abrazarse a una misma.

No sé aún el color, eso ha de decidirlo el momento. Es como con los perfumes, cuando llueve utilizo uno, si hace sol elijo otro totalmente distinto. ¿No os sucede a vosotros?

Cada día que nace es un momento único y hay que aderezarlo con un perfume, un suspiro, un chasquido de dedos únicos.

Hablando de chascar dedos, hace tiempo que no escucho swing, creo que mañana mi banda sonora será un swing eléctrico que me recorra de la cabeza a los pies.

Os dejo con el gran Benny Goodman y un trocito de una peli que os recomiendo encarecidamente ver: Swing Kids (Los rebeldes del swing) es maravillosa, mágica.

Prometo poner foto de mi bufanda nueva y otoñal cuando la tenga; una vez que me la líe al cuello y chasque los dedos todo se volverá swing.

Sushi Q.

https://youtu.be/YibBVIYwQWs

Mi billete

Me siento liviana. Agosto se agosta y el otoño me abrazará, con su elegancia y ternura, como siempre hace.

Pocas cosas hay tan tiernas como las estaciones que uno ama.

Las de tren también son tiernas, aunque hay veces que los trenes no parten porque somos nosotros los que no dejamos que lo hagan. Nos da miedo comprar nuestro billete por si acabamos en lugares inhóspitos (me encanta esta palabra), desconocidos, extraños.

Entonces, un día, o durante varios, te vas dando cuenta de que llevas un tiempo triste, muy triste, desilusionada, sin brillo en los ojos y decides que el tren ha de partir y que es hora de comprar tu billete.

Ya es mío. Lo compré hoy. Es sólo de ida, las vueltas no van conmigo.

No sé qué me deparará el destino, únicamente me importa el viaje.

De lo que sí estoy segura es de que atraeré lo bueno, lo de colores, lo azul, la lluvia; que me rodearé de ilusión, que volveré a sonreír y a enamorarme de la vida. Es lo que hacen las valientes cuando el verano se agosta, los trenes no parten y las margaritas ya no aparecen por mucho que las esperes: soltar lastre, quitarse mochilas dañinas y pesadas y no temer a las estaciones de tren por las que se avance.

Me siento valiente, mimosa, esperanzada. Me siento liviana. Ya tengo mi billete, no pienso cambiarlo, devolverlo o extraviarlo.

Sushi Q.

Las noches de Cabiria

Aún bebo el zumo de naranja de un trago por si se le van las vitaminas, sé que el agua oxigenada cura cuando empieza a burbujear sobre la herida, si te muerdes la lengua las avispas no pican…

Madres: con sus taras y sus tarantelas, enseñándonos a vivir como hicieron las suyas con ellas y recogiendo nuestros pedazos cuando, inevitablemente, nos estrellamos. Absorbemos todo, lo bueno y lo menos bueno. Mi hijo sabe cómo alimentar gusanos de seda, conoce el ris-ris que se escucha cada vez que mordisquean las hojas de morera. Es parte de mi herencia.

Madres, abuelas, tías… mujeres, en cualquier lugar del mundo, educando, transmitiendo lo que a ellas les legaron. Herencias que se van perpetuando, otras que mueren, algunas que reavivamos.

En Pekín, hace años, me quedé fascinada observando a un grupo de mujeres que elaboraban dim sum mientras seguían, absortas, un culebrón en televisión. En España es igual solo que elaboran croquetas y los culebrones son en sudamericano.

Mujeres, costumbres, hermandad, sororidad en este mundo que a veces te duele y otras te besa apasionadamente.

Y de pronto, hace unos meses, me encuentro en un avión en el aeropuerto de Chicago destino Whasington (viaje de trabajo) se sienta a mi lado una ancianita de ochenta y pico años, me mira, sonreímos, nos damos los buenos días. Es de Utah, va a Whasington para ver a sus hijos. Al poco, aparece otra abuelita, colombiana, que no sabe inglés. Hago de intérprete entre las vidas de una y otra. Las dos tienen muchos hijos y nietos, yo tengo mucho sueño.

El avión despega, sigo teniendo miedo a volar pero continúo venciéndolo (es lo que hacen las valientes cuando les puede más el ansia por conocer que el miedo al propio miedo)

La anciana de Utah se duerme, la observo, me dejo llevar por el movimiento del avión, he descubierto que es lo mejor para combatir el miedo, me acoplo a él, no me opongo ni me tenso, aprendo que es mejor dejarse llevar, total, al final, todos moriremos.

Observo a la anciana, hace frío, va en pantalón corto, me quito la chaqueta y le cubro las piernas. Me mira somnolienta con sus ojos de ratón, me sonríe y se vuelve a dormir.

Aterrizamos, me dejan salir rápido, tengo que coger otro vuelo y solo dispongo de una hora y para mi eso es poco porque soy muy nerviosa. Me despido, encuentro mi conexión, compro una botella de agua, la abro y estalla (tiene gas, como no) me empapo, mojo a la de al lado que me mira mal, le pido disculpas en inglés y me contesta en español, un español borde. Me da igual.

Estoy agotada y contenta me encantan los aeropuertos, observar, inventarme las vidas de cada pasajero…

Despego relajada, el truco de dejarme llevar parece que funciona. Duermo, duermo, duermo.

Esta noche estoy cansada, es 24 de agosto de 2018, acaban de dar las doce, ya no es 23. Mi hijo duerme plácidamente después de contarle historias de conejos, marcianos y estrellas de mar.

Estoy cansada de muchas cosas pero tranquila. Me cansé. Me siento como en ‘Las noches de Cabiria’: desilusionada pero esperanzada. Es un sentimiento extraño por eso necesito escribirlo y desahogarlo.

Estoy agotada, lloro pero sonrío. Pienso en las mujeres de Pekín elaborando dim sum mientras disfrutan de su telenovela, pienso en mi madre de la que tanto bueno y menos bueno he heredado, pienso en Cabiria, en los músicos que la acompañan al final de la película. Imagino a la abuela de Utah rodeada de sus hijos y nietos.

Necesitaba escribir, soltar esto, pedacitos de vida, fragmentos de un mundo descolocado que hay veces, como esta noche, en las que es mejor no ordenarlo y dejarse llevar como en un vuelo, como Cabiria y sus lágrimas finales de tristeza y alegría.

Sushi Q.

La nostalgia no abriga

Hace mucho tiempo que no se de Nick; desde la última vez. Era de Chicago, vino a España a aprender el idioma. Nos conocimos y surgió una amistad maravillosa de la que hoy no queda nada.

Pasábamos las noches enteras por Malasaña. Quedábamos en el Palma 3, nos pedíamos dos chupitos de tequila y unas cervezas e intercambiábamos idiomas. Éramos two peas in a pod, como decía él.

Por mi cumpleaños me regaló un CD doble de Aretha Franklin, compartíamos gustos musicales similares. Lo compró en Madrid Rock, donde los jevis de Gran Vía, donde ahora hay una tienda de ropa sin encanto con música ratonera.

Fueron dos años de amistad sincera, risas y noctambulismo.

Volvió a Chicago, le dejé en Nuevos Ministerios y, al mirar hacia atrás a través del retrovisor, le vi chascando los dedos al ritmo de la canción que acabábamos de escuchar en mi coche: Don’t play that song. Nos dimos un abrazo, me dijo que no llorara y nada más.

En breve voy a Chicago. No son vacaciones es un viaje de trabajo. Un viaje breve pero cansado e intenso.

Me gustaría tener tiempo para visitar y ver todas aquellas cosas de las que me hablaba en el Palma 3 mientras nos bebíamos la Luna.

No le echo de menos. No he tratado de ponerme en contacto con él. Hay gente que solo está de paso en nuestra vida. Es bonito mientras dura, pero cuando se acaba, lo mejor es cortar y no meter pasados en presentes sólo por sentir nostalgia y abrigarse con ella. La nostalgia es bonita en las películas, en los libros… permitir que nos envuelva y dejarnos llevar por ella puede herir a tu presente incluso a veces de muerte.

Tendemos a ensalzar los pasados como algo bello, obviamos lo malo.

Nick no me produce nostalgia, tampoco esos años de conocer americanos, ingleses, australianos y perdernos por Madrid hasta las mil. Lo recuerdo todo con una nitidez asombrosa, con cariño, pero no lo echo de menos. Trato de enfocarme en el presente. Únicamente echo de menos a aquellos que se fueron, sobre todo a los que lo hicieron antes de tiempo y de manera brutal. Estrellas en el cielo.

A la vuelta de mi viaje, que será un poco Road movie pues comenzará en Minneapolis y acabará en Chicago, abrazaré a mi hijo y le contaré que en Chicago está el enorme Lago Michigan y que por Minneapolis pasa el río Mississippi.

Le diré que cuando sea mayor viaje, conozca, viva, pero que no se ancle, que continúe con su mochila pero que vaya vaciándola, en cada parada, para acoger a nuevas personas, lugares y experiencias.

Os dejo esta maravilla de canción y el recuerdo de Nick chascando los dedos y tarareándola aún plasmado en mi retrovisor. Siempre que la escucho me acuerdo de él, pero no es nostalgia, la nostalgia no abriga, es simplemente algo que fue y ya no es.

Sushi Q.

https://youtu.be/rsMGHzOQrps

Catorce días

Por razones que no vienen al caso, el otro día eliminé mi cuenta de Facebook.

Qué puta locura ¿no? ¡Borrarme de Facebook!

Años y años compartiendo fotos, viajes, añadiendo y borrando amistades. Recordatorios de Facebook que no quiero recordar porque hay personas que se fueron y duele leerlas porque ya no volverán.

Se acabó.

¿Eliminar cuenta?

Sí.

Zas.

Adiós.

Ah no, espera, mensajito:

Hemos recibido tu solicitud para borrar tu cuenta de forma permanente. Tu cuenta ha sido desactivada del sitio y será eliminada definitivamente dentro de 14 días.

Tengo 14 días para retractarme y volver a la secta con la cuenta indemne ¡qué buenos son que me la mantienen! ¡Y gratis!

14 días..

-Sé fuerte, Sushi, sé fuerte (como diría aquél)

Supongo que lo tienen todo estudiado, te dan 14 días… 14 días para que te desintoxiques, respires y vuelvas aún con más ganas y sintiéndote más guay, como liberada, como si volvieras de motu propio pero en realidad no decides tú, son ellos que te han dado un plazo y saben o esperan que cumplas.

Pues no, no voy a volver, desde que dejé de ver la tele mi número de pulsaciones por minuto ha descendido. No voy a volver, mantendré Twitter, me gusta informarme y no quiero que mis pulsaciones bajen tanto que el pulsióximetro no me detecte… es simplemente justicia poética, romanticismo, prefiero perderme en mis libros, en los rayos de sol que se cuelan en el salón mientras abrazo a mi hijo, en mis series y películas clásicas y raras, que es lo único que de verdad me engancha.

Ayer se rompió mi caldera, la placa se quemó, 300 pavos de arreglo… obsolescencia programada.

Esto es igual: te hartas, te quemas, llegas al punto de ser hiper mega dependiente, decides abandonar pero… ¡tachán! El técnico de Facebook llega y… ¡te regalan 14 días para arrepentirte! (tras la obsolescencia programada aún hay esperanza)

Me he salido de todo, necesito respirar. Adiós Face, adiós grupos de WhatsApp que muchas veces se convierten en escenarios de guerras civiles sin sangre pero encarnizados. Adiós Instagram. Prefiero desayunar en Dublin, en Temple Bar sin tener que detenerme para hacer una foto del Greasy Spoon que me voy a zampar y automáticamente subirlo a una red social ¿para qué? Para nada.

14 días… no sé cuantos me quedan y me importa un huevo. Seguro que antes de que se cumpla el plazo aparece algún mensaje por algún lago para que vuelva al redil y me recuerden que sin Facebook no se puede vivir.

Pues sí se puede, sí se puede y creo que hasta se debe.

Por supuesto todo son opiniones, mis opiniones, subjetivas, cada cuál decide y elige su dosis de droga y el nivel de drogadicción al que está dispuesto a llegar.

Yo tuve una época en la que estaba enganchada a programas del corazón, a ‘Pasión de gavilanes’ y a revistas que ahora veo y digo: ¡fus fus, fuera, fuera! Poco a poco me di cuenta de que todas esas cosas en realidad no me gustaban, no me aportaban…

No digo que lo mío sea mejor, pero es lo mejor para mi.

Me retiro.

Los que me conocéis bien sabéis dónde encontrarme. Una llamada es más bonita, más directa, más romántica.

14 días… Joder ¡qué liberación, en serio, qué puta liberación!

*Foto de la placa de mi caldera quemada (como yo)

-Sushi Q.

‘No sabía que ponerme y me puse bohemia’

‘Por cada minuto que estás enfadada pierdes 60 segundos de felicidad’

‘Llueve, pero soy un solete’

‘No sabía que ponerme y me puse contenta’

…………………………………………………………..

Estoy hasta los cojones’: esta es mía.

Pues sí, hasta los cojones (hasta el coño ya estuve y si pincháis aquí podéis leerlo, gracias) harta de que Mister Wonderland me diga que sonría cuando a lo mejor lo que quiero es llorar, llorar hasta reventar.

‘Por cada minuto que estás enfadada pierdes 60 segundos de felicidad’

Venga, voy a ponerme contenta…

-¡Uy qué felicidad, ya me siento mejor! (poniendo las manitas así, como Faemino y Cansado)-

Pero vamos a ver ¿y si quiero estar enfadada el tiempo que haga falta? ¡Dejadme en paz, coño!

‘Llueve pero soy un solete’.

Joder, llueve ¡qué bien! ojalá caiga una buena tormenta, limpie de contaminación el cielo, bese y amamante al suelo…

‘No sabía que ponerme y me puse contenta’

Pues no, a lo mejor ese día no sabía que ponerme y me puse rabiosa y me desahogué haciendo deporte, sudando como una cerda mientras sonaba Metallica y después me di una ducha con música relajante super zen de la muerte y entonces sí que me sentí feliz y de puta madre…

No quiero ser feliz porque me lo vendáis, no quiero una venda en los ojos, no soy La Justicia. Quiero y puedo ser feliz por mis propios miedos, sí, miedos. Cuando venzo un miedo me siento feliz y no necesito una taza de desayuno que me diga:

Sonríe, la vida puede ser maravillosa’

¡Que sonría tu puta madre (con perdón) a las 6.30 de la mañana! Yo quiero 5 minutos más, 10 minutos más, dos días más…..pero si casi no tengo fuerzas, por las mañanas, de desnudar una magdalena…

La vida puede ser maravillosa (o no) o sí, a ratos, mientras me como un trozo de queso a pequeños bocados…

La vida muchas veces es una mierda, un dolor, una congoja inmensa y negarlo nos hace cómplices de nuestra desgracia. Aceptémoslo. Echar de menos es sano (eso es porque has sentido amor, creo yo) tener una sonrisa perpetua, a toda costa, porque hay que ser feliz es antinatura y además corres el riesgo de que se te desencaje la mandíbula.

Soy una tía alegre. No soy feliz, estoy feliz y no siempre, sólo a ratos…Me vale, me mola, ya.

La felicidad enlatada es una lata, lo único enlatado que me encanta son las sopas Campbell’s de Andy Warhol, bueno, y tampoco, están asquerosas, estéticamente una delicia, su sabor una desdicha.

¡Viva la felicidad sin enlatar!

¡Viva el llorar de risa porque te sale sólo, sin ninguna taza que te lo diga!

No sabía que ponerme y me puse coleta.

No sabía que ponerme y me puse bohemia.

Sushi Q.

 

Ternura

La ternura no tiene color, es llana, humilde y no entiende de gritos.

Suele encontrarse en el brillo de los ojos de los abuelos, en el polvo de las alas de las mariposas y en el tacto de los pétalos de los tulipanes.

Ternura es mi hijo peinándome, sus orejas coloradas cuando duerme y sus pelos revueltos como los de una abuela que sale de casa en bata por la mañana.

Hay veces que la ternura se esconde en sitios muy extraños; una vez, encontré ternura al ir a purgar un radiador, empezó a soltar aire y después sólo agua, mucho agua. Decidí detener el exceso de ternura con el destornillador pues ese día no quería llorar, sólo sentirme tierna.

También existe la sopa de ternura; la sopa de ternura está hecha de estrellas y ha de servirse calentita, sino pierde sus propiedades organolépticas y todo se estropea.

Hay ternura en la voz de la  mujer del estanco de abajo.

El musgo es ternura.

Los charcos de lluvia están compuestos en parte por ternura, en parte por agua y un poco de pis de perro abandonado.

Una uña desconchada, porque he estado jugando con mi hijo y no he tenido tiempo de pintármela, es ternura.

Una prenda de ropa cayendo de su percha en una tienda, donde todo el mundo la ve pero nadie la recoge, es ternura.

Si encuentras ternura en el hall de tu casa no la barras, quizás en algún momento te haga falta.

Llevo con un nudo en la garganta desde hace unos cuantos días. Necesitaba escribir esto, necesitaba poner un poco de ternura a ese nudo y deshacerlo. Creo que algo lo he disuelto…

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Las verdades no existen

Llueve y siempre que llueve mis ojos se achinan y mi cuerpo se destensa.

No entiendo a la gente que no ama la lluvia, pero la respeto.

Supongo que cada uno nacemos amando u odiando algo ya de serie.

Hay gente de agua, tormentas y otoño (como yo) Hay gente de sol, calor y agosto.

Odio el agosto. No odio a los agostados. No se me ocurriría.

Se puede ser de sal sin tener que gustarte el tequila. A mí me gusta la lluvia y el morado del cielo antes de estallar en tormenta.

Mi hijo no ve el cielo morado justo antes de llover, él lo ve gris. Nos entendemos. Nos llevamos bien, nos amamos.

Uno puede ser de arena, otro de canela y jengibre. El truco es no imponer, no acallar, no creerse poseedor de la verdad absoluta.

Las verdades absolutas no existen, existen las mentiras piadosas. La única verdad que concibo es esta, el ahora, este ratito en el que mientras llueve escribo sin que nadie me mire, ni me frene, ni tan siquiera me lea.

La única verdad que concibo es aquella que no mira mal a las mentirijillas y que se deja hacer cosquillas en la barriga.

Sushi Q.

Me escaman tantas cosas sin ser yo pescado…

Me escaman tantas cosas sin ser yo pescado…

No sé de leyes pero sé que lo de ayer no es de ley, no, ni de coña es de ley, por muchas vueltas que se dé a los términos no lo es. Abuso, agresión, violación… ¿dónde coño está el límite?

Estoy triste, como todas, y como muchos todos que también están ahí. Me siento impotente, herida y rabiosa. Siento hartazgo.

Atticus Finch se quedaría bizco; también le escamarían muchas cosas sin ser él pescado… ¿Qué le diría a Scout? me pregunto… ¿qué les decimos a nuestras hijas, hermanas, primas…mujeres fuertes, bellas e inteligentes que ahora, después de este sin sentido, se encuentran, aún, más desprotegidas? No tengo ni puta idea, pero ni puta idea.

Hoy me escama todo mucho, demasiado, sin ser yo pescado…

Sushi Q.

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El Hueso de la Risa

Sin el Hueso de la Risa todo sería inexorablemente gris; el gris huele a cemento y a hormigón, solo me gusta el gris cuando tiñe las nubes blancas y las lagrimea.

La vida te golpea, te zarandea pero al final, si no te mata, acabas riéndote de ella y con ella. Ahí está, el Hueso: roto, astillado, machacado… un día eres añicos pero no te falta humor, humor vítreo, que convierte tus ojos en mares cuando te das en el Hueso de la Risa contra el quicio de la puerta haciendo una pirueta.

Hay gente que nace sin Hueso de la Risa, yo tengo varios (y ovarios). Sería conveniente nacer con huesecillos de estos ya de serie; la gente es seria, muy seria y llora solo de llorar no de reír, digo los sin Hueso. Estaría bien llorar de reír más a menudo, partirse la caja, romperse los huesos y hacer un cocido madrileño.

Mis huesos de la risa están en ambos codos, en las muñecas y en el tobillo izquierdo. Ser un poco inestable y torpe tiene sus ventajas, suelo echarle la culpa a las placas tectónicas, que se mueven a mi paso, pero soy yo que me golpeo aquí, un poco allá y claro… mis huesecillos hacen magia y una risa tonta acaba estampada en mi cara.

Ojalá todos conociéramos dónde se encuentra nuestro hueso. Os animo a buscarlo, a ir al osteópata, a radiografiaros. Una vez que lo encuentras lo que duele sigue haciendo daño, pero el dolor es menos agudo, menos retorcido, menos malo.

Sushi Q.

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Ojalá

Te enganchas a lo de siempre, a la gente de toda la vida. Te enganchas a la misma gotera que apañas con un barreño de plástico y que sabes que dejará de gotear cuando la lluvia amaine *

Utilizas siempre el mismo recorrido para ir a trabajar, compras el mismo pollo fileteado del súper porque siempre te ha ido bien y no se te ha pegado en la sartén. Ojalá lo cambiaras.

Te mueves por tu barrio, te asusta salir de él porque no has tenido la oportunidad de recorrer los hutones de Pekín sin guía ni viaje organizado o porque, de haber podido, lo hubieras desechado por temor a caer en la zona desconocida, esa a la que no estás acostumbrado y que, para mí, es la zona mágica. Ojalá la probaras.

A veces pienso en la cantidad de lugares, personas y ambientes que no conozco y que probablemente vengan a mí porque mi mente y mis brazos están abiertos a nuevas emociones, a nuevas voces, a nuevas maneras de colocarse una bufanda, a nuevas formas de enjabonarse la cara.

Muchas veces dejo los filetes de pollo de siempre y frío boquerones, de los pequeñitos, sin raspa, para que mi hijo saboree algo más de lo que le venden, de lo que le vendo… me siento bien.

Pienso en lo que llegará, y aún desconozco, con gran entusiasmo, siempre es bueno abrirse al mundo, a la gente deshilachada que desde un principio sabes que enhebrará su hilo en tu vida y que quizás con el tiempo se vayan, pero ese tiempo que permanezcan, que les escuches, les abraces y les regales margaritas, ese tiempo no es en vano; ese tiempo es en vaso, en plato hondo, en copa de vino, en paraguas volcado.

Atrevéos, conoced, sonreíd, que la mayoría necesitamos eso: tímidos héroes de calle que bajan la mirada cuando les sonríes por miedo al rechazo, por soledad, por ceguera impuesta y aborregada. Ojalá no lo hicierais, ojalá os atrevierais.

Jamás rechacéis un gesto amable, una ternura, un Nuevos días. Creo que hay mundo más allá de nuestro camino de baldosas amarillas y si no lo hay, yo voy a seguir fabricándolo, me hace bien, no hace daño, salvo el daño que tú te dejes hacer.

*La lluvia nunca amaina, es la Vida. Siempre lloverá, el truco es saber cantar bajo ella, como Gene Kelly, y empaparse hasta ahogar lo que nos acongoja, nos atemoriza y nos descoloca. Resiliencia.

https://youtu.be/kB9wpKXvr1o

Sushi Q.

Cuarentena

Me gusta mi cuarentena; leo con gafas de cerca pero me sientan tan bien que no me afecta.

Los años me están haciendo más paciente, menos cuando me cabreo porque no tengo batería en el cepillo de dientes.

Me gustan mis ojeras, mi piel ya no es como a los treinta. No me cambio por los treinta, prefiero mi cabeza de ahora, mi fortaleza de ahora, mis arruguitas de ahora, salvo cuando veo alguna foto de esa época y caigo en que estaba tremenda. Pero no, no me cambio, estoy hecha de cachitos que juntos conforman un algo bonito.

Voy templando mi carácter, menos cuando un jélipoller me quita una plaza de parking.

-Bravo- le digo – adelante, toda tuya, la has conseguido.

Y como no sabe qué decir porque le hablo con una sonrisa amable,  pues no dice nada y se marcha. Y claro, me dan ganas de abofetearle pero no lo hago porque tengo que comprar sushi para una sushi cena yo sola con mi mismidad y no me apetece que nadie me joda mi mismidad, mi cena, mi peli antigua y mi plan.

Disfruto haciendo las cosas despacio, sin correr, sin ir a destajo, salvo cuando estoy hasta el coño y meto los platos en el lavavajillas a su puta bola porque sí, porque mi cuarentena me ha vuelto más calmada pero soy humana, soy persona, soy persiana veneciana…

No me gusta la palabra cuarentona, prefiero las carantoñas. Cuarentona es despectivo y no puede ser uno despectivo con una mujer que está en plena cuarentena y que va repartiendo alegría y bordería a partes desiguales por la vida; soy más de alegrías que de borderías, la verdad, lo bueno es que ahora lo suelto, paso de anclas y de morderme la lengua, eso ya lo dejé, lo desterré…

Me gusto, me asusto, a veces desearía esconderme en un arbusto…pero soy valiente, puñetera, fuerte, me gusta mi cuarentena pero sin estar aislada, sin zona de confort almohadillada.. salgo, entro, corro, me despeino, viajo, viajo, viajo… dios, adoro perderme por el mundo, en los brazos de mi hijo, en un libro…

Entonces me relajo, valoro más aún mi vida de ahora, el amor que me rodea y me convierto en caramelo de tofe, me derrito y dejo sobre el suelo un charco de ternura que no quiero limpiar porque limpiarse de ternuras envejece el alma, reseca el corazón y aumenta el colesterol…

Me gusta mi cuarentena y mis gafas de cerca…

Sushi Q.

cuarentena

De gente sonriente y no sonriente

Me gusta la gente que sonríe al otro lado del teléfono; no los ves, pero su voz sonríe.

Te llaman:

-Buenos días mi nombre es Verónica y le llamo del servicio de atención al cliente de tal, tal, tal…

Entonces le respondes:

-Hola, Verónica- y sonríes.

Verónica nota que estás sonriendo al otro lado, se relaja y deja de hablarte como una máquina expendedora de tristeza… ¡de pronto se siente humana!

Me encanta dirigirme a la gente por su nombre, para eso nos regalaron uno ¿no?

Debajo de mi casa hay una tienda pequeñita regentada por una familia china. Mi hijo de 4 años comenzó a gritar al padre:

– ¡Eh, chino! ¡Hola, chino!

Un día le dije:

-Hijo, seguramente tiene un nombre ¿por qué no se lo preguntamos? Estoy convencida de que le alegrará escucharlo. ¿A ti te gusta que digan tu nombre o preferirías que te chillaran: ¡Eh, niño! ¡Niño, eh, niño!?

Desde entonces le saludamos por su nombre: Yuping, y a su mujer por el suyo: Sao King y siempre tienen una enorme sonrisa china en la boca.

El hombrecito de correos sonríe, es amable, es gracioso, hace su trabajo mejor que bien.

-¡A ver, que dé un paso al frente el número 336 para recoger¡ ¡ Vamos número 336, no sea tímido…a la de una, a la de dos…. ¡adjudicado!

Voy mucho a correos con mi hijo y siempre que está el hombrecito salgo de allí con un chute de alegría enorme. Es como *George Bailey. Es tan amable y tan sencillo que siempre regreso a casa emocionada y llena de gratitud.

El barrendero de la calle donde viven mis padres es un tipo genial (ya le dediqué una entrada en mi antiguo blog) Siempre te sonríe y saluda, ya esté pelao de frío o achicharrado en pleno mes de julio… ¡gracias, joder, gracias!

¡Bravo por la gente que sonríe en su trabajo! ¡Bravo por los que sonreís al otro lado del teléfono! ¡Bravo por los que no sonreís! Sí, bravo también por vosotros, quizás no os enseñaron a hacerlo o quizás llevéis una pena inmensa dentro. No os juzgo, no sé nada sobre vuestras vidas pero si os veo por la calle os sonrío, y si no me devolvéis la sonrisa espero, que al menos, os haya conmovido.

Sushi Q.

¡Feliz Navidad y Próspero Año Tuerto!

Y es que no es normal, lo que sucede en las cabalgatas de Reyes no es normal.

Desde el Rey Baltasar teñido de betún de Judea que parece una puerta (exceptuando el cuello y las orejas; flipo) hasta majorettes, de verdad, un año vi majorettes, muertas de frío y con la bandera de Estados Unidos….vaaaaaale, que no es plan de poner al Negro del Pollón, que tendrá un caché tan bestia como su rabo, pero coño, que negros de verdad hay, por dios ¡dejad de pintar de negro a concejales blancos, que los niños ahora son muy avispados y luego te fríen a preguntas y acabas loca perdida!

Pero lo más fuerte, lo más heavy, lo más brutal, son los lanzadores profesionales de caramelos. Sí, ellos, homicidas en potencia que tiran a dar, joder, que se les ve, que van a matar, que los lanzan a degüello, que si os fijáis bien lo tienen todo estudiado: se muerden el labio de abajo, agarran bien la munición, te miran, siiiiiii, te están mirando a ti, y ¡zas! te lanzan los caramelos que si no los esquivas acabas tuerto* ¡Feliz Navidad y prospero Año Tuerto!

 *Yo este año voy a hacerme con unas  gafas de soldador, hago un llamamiento a la comunidad que no quiera perder un ojo, o los dos, a hacerlo. Gracias.

Otra figura típica, y con cada vez más acogida dentro de esta celebración lúdica, es la del Abuelo Ninja…. sí, ese abuelo que ves todos los días llevado a rastras por sus nietos al colegio,  aterido de frío e inmóvil (ole por los abuelos ¿eh? ole por ellos) y que en la cabalgata de Reyes no se qué cojones se toman que cuando los padres queremos coger unos cuantos caramelos: ¡fiiiiuuuummmm! en una maniobra física paranormal que ni Bruce Lee podría imitar, ya se han agachado y han arrasado con todos,  salvo los de anís ¿¡¡pero seréis cabrones!!? Flipo con los abuelos ninjas, qué capacidad de reacción, de rastreo de la zona, de discriminación entre los buenos y los de anís y de recogida. Me quito el sombrero, de verdad, me quito el sombrero.

A mí me da mucho miedo cuando viene Bob Esponja. Está loco, muy loco y como los niños empiezan a corearle se viene arriba y claro, pues luego los padres tenemos pesadillas. Esos dientes de castor hipertrofiado, esos ojos de consumidor habitual de metanfetamina azul que nunca parpadean, ese vaivén para un lado y para otro sobre sus piernecitas flacas de Mick Jagger… diosssssss es aterrador…

Y luego están los bomberos: mi carroza favorita, cuando empieza a acercarse no sé que me da que se me quita el frío. Muy fan del cuerpo de bomberos, mucho ¡ole por ellos! Pero claro, cuando ya tienes en frente a la carroza y te fijas… ¿dónde cojones están los bomberos de los calendarios que compras para hacer el bien a los más necesitados? ¡Por ningún lado! en mi cabalgata no salen ellos… de verdad, que puto timo, un timazo…

Así que ya sabéis, para poder disfrutar de una cabalgata lo más segura posible: ataviaos con unas buenas gafas de soldador, evitad que los niños se acerquen a Bob Esponja (no sea que les inicie en el consumo de drogas), distraed a vuestros hijos si el Rey Baltasar está pintado de negro (evitaréis que el niño os fría a preguntas luego) y dejad a los abuelos su hueco para no caer en reyertas y otro tipo de escenas nada navideñas.

¡Feliz navidad y prospero año Tuerto!

Sushi Q.

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Os animo

Feliz nuevo año, os animo a no desperdiciarlo.

Os animo a vivir, a enamoraros, a no acobardaros.

Os animo a continuar, siempre se puede avanzar un poco más, aunque la sopa se enfríe y se nos desgasten los calcetines.

Os animo, también, a veniros abajo de vez en cuando; es sano, muy sano y cuando volváis a levantaros sentiréis que sois fuertes, que lo habéis superado.

Somos humanos, necesitamos llorar, desahogarnos. Somos humanos, salvo los que nos matan, nos violan, nos maltratan, nos humillan y nos despedazan. Para ellos no va mi ánimo, para ellos va mi desprecio, mi odio, mi rabia y mi puño en alto.

Sororidad.

Os animo a que cada mañana destinéis uno segundos a estiraros en la cama, a ronronear y a daros cuenta de que los lunes, los martes y los miércoles son días de vida que matáis cada vez que gruñís porque el viernes aún no está (sois gilipollas, perdonadme, pero sois gilipollas)

Os animo a cultivar amigos, a regarlos y a florecerlos.

Os animo a repartir afecto y a no esquivar abrazos, que quedan pocos, que están faltando.

Cuando todo esté patas arriba haced el pino, os animo a ver todo desde otra perspectiva, comprad un caleidoscopio, haced de lo distinto buen acopio.

Todos tenemos dramas, dramas horrorosos. Todos tenemos un alguien que se fue, un tren que se perdió por miedo a subirnos a él… os animo a recordar con cariño a los que se fueron, a poner velas por ellos, a agradecerles lo que nos dieron y a seguir caminando sin culpa y sonriendo.

Cuando os hagan cosquillas no os separéis, reíos, descojonaos. Juntaos con gente a la que se le sonrojen las mejillas, acampad junto al buen humor, probad nuevos platos, nuevos perfumes, inventad nuevos colores.

Viajad sin rumbo, salid de vuestra zona de confort, no pasa nada, pasa mucho, por eso os animo a salir y a permitir que os pase mucho.

El Mundo es de los que se arriesgan: menuda frase típica, manida y vacua. El Mundo es de todos, no solo de los que se arriesgan. Os animo a arriesgaros, pero no por haceros con el Mundo, ¿acaso os cabe en el armario? sino por el simple placer que proporciona saltarse la rutina, bailar el mambo, caminar descalzo por la plaza de San Marco una madrugada veneciana y descubrir que hay vida más allá de vuestra mirilla.

Feliz año nuevo, y si no estáis bien os animo a que lloréis, pero a que lo hagáis con ganas, con rabia, con lagrimones, con mocos, con la cara roja y los ojos saltones.

Y si no estáis bien, aún después de haber llorado, os animo a estarlo, al menos aunque solo sea un rato.

Sushi Q.

gracias

Efímeros

Somos efímeros…

Mi hijo de cuatro años dormido en mi cama; Totoro, Thomas Jerry, Kanta, cojines y almohadas le resguardan.

Yo, en la cocina disfrutando de mi infusión de raíces de jengibre y canela. La probé en Camboya hace ya largo tiempo, me encandiló y ya no me separo de ella.

En Camboya los niños se te agarran de la ropa, te venden su sonrisa, una sonrisa que no es la de un niño como el mío.

Te venden su alma, les sonríes, te sientes impotente, culpable, mala. Les das caramelos, jabones… y te sonríen, pero es una sonrisa vacía, vacua.

Somos efímeros, como mi taza de jengibre y canela de esta noche.

Somos efímeros pero podemos aportar algo: Una sonrisa, un no desprecio, un abrazo de los de verdad a alguien que sólo tiene como amiga a su soledad.

Podemos hacer poco y mucho. Podemos sonreír, escuchar, observar sin prejuicios. Podemos hacer mucho bien y mucho mal, yo elijo lo primero ¿y vosotros?

Somos efímeros, todos acabaremos del mismo modo, da igual las partidas de ajedrez que juguemos con la muerte *

¿Por qué no compartir un poco de nuestra ‘efimeridad’ (si esta palabra existe) con aquellos que no tienen ni por donde empezar?

*https://es.m.wikipedia.org/wiki/El_séptimo_sello

Elegante

El otoño es elegante. Pisar con mi hijo hojas crujientes y recoger piñas en el parque es elegante.

Un abrigo de paño azul oscuro sin abrochar al que de repente el viento abre de par en par, es elegante.

Elegantes son los Temptations cantando y bailando My girl.

Es elegante el pescadero cuando descama el pescado y todo se llena de virutas, como una ventisca de nieve.

El seseo de Louis Armstrong, al acabar cada estrofa, es elegante.

Es elegante que una persona que conoces en una fiesta de Halloween te regale un broche de murciélago con luces y lo prenda sobre tu disfraz, al lado del corazón. Esto es elegante, por el modo de hacerlo, y tremendamente tierno, muy tierno.

Las zanahorias estofadas en un guiso de mi madre son elegantes.

El hombrecillo que toca el serrucho, a modo de violín, en una calle de Budapest es elegante.

El barrendero de mi barrio es elegante y su sonrisa amable.

Estamos rodeados de belleza y elegancia. Es una maravilla, es como magia.

¿Y a vosotros, qué os parece elegante? Me encantaría saberlo, escribir una lista, leerla frente a la chimenea y quemarla luego.

Es elegante el fuego quemando letras. No es elegante un bosque agonizando en llamas.

Sushi Q.

Cómo sentirse y/o sentarse bien.

Me siento bien sobre la alfombra del salón, con un libro, en mallas y una infusión de jengibre recién preparada.

Me siento bien en las escaleras del portal, observando como mi hijo abre la puerta. Necesita su tiempo, no le acelero, le dejo que aprenda, que se ilusione, que disfrute, que se apasione. Gano tiempo yendo despacio.

Me siento bien según se va alejando el verano. El largo y cálido verano…

Me siento bien estirando las mangas de mi nuevo jersey de rayas.

Últimamente las tontadas no me rayan.

Me gusta el olor a la ralladura de limón.

Los discos rallados no me ponen nada.

Me siento bien echándome una manta, caminando descalza por casa porque ya se nota el fresco y puedo empezar a usar mis calcetines grises con su bordecito malva.

Me siento bien apoyando la espalda en el nuevo cabecero de mi cama. Parece un cuadro renacentista, es primavera en mi habitación pero otoño en mi interior.

He aprendido que para sentirse bien solo es necesario no sentirse mal, sentarse adecuadamente y rodearse de buenos ingredientes: silencio, algarabía, gente de amor, besos de vaca, pellizcos en la barriga, plastilina azul mezclada con morada…

La alegría se contagia. La energía se contagia. Me sienta bien ser portadora de alegría, me viene bien ser camella de buen rollo y carcajadas.

¿Podéis sonreir un poco? ¿podéis sentaros bien ahora mismo y sentiros bien aunque solo sea por un segundo?

Estoy segura de que podéis. Os animo a hacerlo y a contármelo luego 🙂

Sushi Q.

rayas

Amor a bocajarro

No se puede poner cercas al odio; se cuela a través de los resquicios de las puertas, inunda las calles llenas de pájaros, se mete en los sueños y atasca las alcantarillas para que el agua no fluya.

Sí se puede, en cambio, abrir bien los brazos, no caer en el odio por odio, diente por diente enfurecido y desatado.

La vida es una putada. La vida es maravillosa. Pura dicotomía.

Qué malo y qué fácil es generalizar. No todos somos la misma mierda y por eso, porque afortunadamente hay diversidad y no sólo odio, deberíamos hacer algo… ¿El qué? Ni puta idea.

Yo, por mi parte, voy a dedicarme a dar abrazos, respirar y consolar dolores varios. Repartiré amor sin límites, sin cercas, amor a bocajarro. No se puede combatir al odio con odio generalizado. Hoy yo odio mucho, sí, pero no a todo, no a todos.

Acabo de ver un hashtag en Twitter #Notengomiedo. Yo sí tengo miedo, mucho miedo, sería antinatura no tenerlo. ¿Cómo vencerlo? Ni puta idea, sólo aspiro a reconocerlo, manejarlo y neutralizarlo. No quiero vivir paralizada. No quiero dejar de dar abrazos. No quiero odiar ciegamente en este mundo, a veces, tan inhumano.

Os dejo una entrada rescatada de mi antiguo blog, diciembre de 2012, cuando una profecía maya aseguraba que ese año se acabaría el mundo. No se por qué, o sí, hoy la he recordado. El maya.

Todo mi cariño, amor y ternura para las víctimas.

18pray05

 

 

 

 

 

 

 

 

Hasta el Planeta

Llevo sin ver la tele una buena temporada, un año más o menos, supongo que eso es una buena temporada…Únicamente pongo Bob Esponja (y similares), Netflix y pelis antiguas y/o raras.

Bob Esponja lo veo porque mi compañero de piso tiene 4 años y es hiper fan-ático de él (pese a vivir en un primero), Netflix porque me chiflan sus series y, las pelis antiguas y/o raras pues porque sí, porque soy así.
Antes solía ir a los cines Renoir de Martín de los Heros para hacerme la guay y la bohemia, hace tiempo que no voy y lo echo de menos. Necesito regresar, perderme en una sala y montarme una película de las buenas. Soy tremendamente peliculera. Me encanta ser tremendamente peliculera.
Me dejaba caer por allí de pascuas a ramos, la verdad, pero no para hacerme la guay: ya soy guay, sino porque los típicos cines enormes donde te inflas a comer nachos con queso, sales medio sorda y con los bracitos crionizados de la potencia del aire acondicionado, me dan como ganas de gomitar (que diría mi compañero de piso) y claro, para acabar gomitando en una sala repleta de gente extraña como Gordi el de los Goonies, pues como que paso…
Me atraen sobremanera (fijáos si soy guay ¡mirad que vocabulario!) los sitios cucos, con o sin Jack Nicholson, pequeñitos, con pelis en versión original y sin palomitas. Las palomitas dan sed, acabas con los labios como dos torreznos y las muelas se te llenan de pa’luegos que ni con hilo de pescar puedes sacarte eso.
Como os contaba, apenas veo la tele, me informo de lo que sucede en el mundo por el ruido que hace la Tierra cuando se resquebraja, leyendo y observando la cara de la gente por la calle. Nos miramos poco y mal, me refiero a cuando vamos por la calle. Deberíamos mirarnos más y mejor, más amablemente, hay miradas que merecen mucho la pena…
Deberíamos ser menos tímidos y más mirones. A ver, no me refiero a poner los ojos como el Coyote cuando persigue al Correcaminos, pero tampoco fingir que no existimos. Nos sobra timidez, nos falta calidez.
Mi hijo me ha dicho hoy que me quiere hasta el Planeta. Eso debe ser muy, muy, muy gordo ¡hasssta el planeta! Y claro, me he emocionado…
La tele no emociona, me refiero a ese tipo de tele.  La tele no hace gracia, me refiero a ese tipo de tele. Emociona más ver a Marilyn y Tony Curtis besándose mientras Jack Lemmon baila el tango con Osgood Fielding III. Emociona más Billy Wilder, Hitchcock o Tim Burton. Emociona que la quieran a una ¡hassssta el Planeta!
Bueno, me emociona a mi, claro, ¿qué esperabais? ¡es mi blog!
Mi hijo me quiere hasssssta el Planeta. No se si en el Planeta habrá tele, solo se que me quiere. Voy a abrazarle, a despedir a Bob Esponja y a dormir. Es ya de noche y tengo sueño, un sueño inmenso, un sueño hasta el planeta…
*Foto fugaz de mi hijo besándome en plan ¡Hassssta el Planeta!
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Estoy hasta el coño

Estoy hasta el coño.

Estoy hasta el coño, así, en líneas generales.

Estoy hasta el coño de tus soliloquios, de tu gesto adusto, de tu cara de arbusto (immmmbécil).

Estoy hasta el coño al cubo; hasta el triquini de la operación bikini.

Estoy hasta el coño de que si eres madre tengas que mantener el tipo aunque estés hecha añicos. Quéjate, tienes derecho, estás hasta el coño, nada más que eso, eres una buena madre, la mejor, solo que estás, así, hasta el coño…

Estoy hasta el coño del puto verano con su puto calor.

Las princesas Disney también están hasta el coño. Están hasta el coño de sus zapatitos de cristal, de que las saquen a bailar cuando no les apetece una mierda bailar el vals, de cantar con los animalitos del bosque como si fueran cast-members perturbadas de Faunia, de soñar con príncipes azules cuando en realidad los prefieren con barba, sin espada y sin coraza.

Estoy hasta el coño de los que se quejan de los lunes, de los martes, de los miércoles, de los jueves y solo están de buen rollo cuando es viernes… ¿qué mierda estáis haciendo? ¡vivid y dejad de quejaros, que me tenéis hasta el coño!

Ayer fui a comprar el pan y me preguntó la de la tienda:

-¿Qué tal?

-Pues mira, muy bien, hasta el coño…

Se rió, se puso colorada y se relajó.

La del pan también está hasta el coño, como tú, como yo, y saber que no es la única mujer sobre la faz de la tierra que está hasta el coño le hace sentirse aliviada, liviana, más mejor.

Estoy hasta el coño de Piaras, de pollas en vinagre, de vuestras babas.

Hola me llamo Sushi Q. y yo también estoy hasta el coño.

*Por favor, las que estéis hasta el coño manifestaos (bueno, si os sale del coño, claro)

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Viento

Hace viento. Alguien escucha jazz en mi bloque. Me gusta el jazz, de siempre, desde pequeña, desde que tenía coletas. Lo Shazameo, pero mi Shazam debe estar sordo o absorto: Ningún resultado. Decido disfrutarlo sin saber quien toca así el piano, es algo brutal, extraordinario.

Soy una valiente, los días de viento no se deben tomar decisiones arriesgadas, pero decido que lo quiero disfrutar, así que cierro los ojos y me pongo a ronronear.

Una vez, también fui valiente; tendría ocho ó nueve años y decidí que de mayor quería viajar. Fue una decisión tomada un día como el de hoy y claro, el viento, en represalia por mi osadía, borró todas las pecas de mi cara, me las arrebató, se las llevó.

Echo de menos mis pecas, pero he conocido mundo, mucho mundo, así que, aunque haga viento, decido Shazamear, otra vez, ese piano de caramelo que se está derritiendo, que me está derritiendo. Error, nada, la sordera sigue ahí, los días de viento todo se escapa.

Odio el viento, es chaquetero, veleta, traicionero, te descoloca los pelos, te roba las pecas, te da la vuelta al sombrero. Al viento le da igual si ese día no estás para farolillos, es cruel y despiadado, es Eolo cabreado.

Me levanto del sofá, son las cuatro ó cinco de la tarde, el viento se cuela por mi terraza, golpea el toldo, me saca la lengua, me da la espalda. No es delicado, siempre aparece a horas *interfestivas, no tiene cuidado.

Abro la puerta, dejo que entre, no le tengo miedo, sólo rabia y rencor (se llevó mi inocencia) No quiere café, sólo incordiar. No le hablo, le observo cruzada de brazos, se cansa, se aburre, se va. Cierro la puerta y pienso que dejar de tomar decisiones, aunque haya huracanes de por medio, es de cobardes, así que sigo inventando, chascando los dedos, moviéndome.

Me pongo a colgar cuadros de cine en el salón. Estoy sola con mi jazz. Agarro el martillo, no tengo nivel, me importa un carajo, a ojo, lo haré a ojo. Acabo y me gusta el resultado. Me regocijo, me doy besos y abrazos, me abro una cerveza.

Ya es de noche, madrugada. Un gran estruendo me hace saltar de la cama. No es tormenta, no son truenos, son los cuadros, sí, han de ser ellos ¿Cuántos se habrán lanzado al vacío…? No me levanto. Mañana decidiré si los recojo, si los dejo o si los regalo, aunque vuelva a hacer viento, mucho viento, o quizás precisamente por eso.

*Va por ti, Dani (sigue inventando palabras. Te quiero)

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Dame sal, Bill

Anoche estaba friéndome unos huevos a distancia. Sí, los frío a distancia pero sin mando, agarrando la espumadera como si practicara esgrima y apartando mi cuerpo hacia atrás en una graciosa pose digna de pin up. He mejorado la técnica, no os creáis, antes los freía con los ojos cerrados, porque todo el mundo sabe que cuando cierras los ojos nada malo puede pasarte, y ahora, ya veis, incluso los abro ¡bravo!

Cada uno tiene sus cosillas: freír huevos a distancia, mascar chicle sin parar, golpear con los nudillos todos los muebles de Ikea, tomar infusión de jengibre con canela por la noche… lo probé en Vietnam y me supo a gloria, ahora me sabe a gloria pero no estoy en Vietnam. Algún día os hablaré de Vietnam, hoy no toca, hoy quiero hablaros de Bill, mi vecino de al lado. Volvamos a los huevos de anoche.

En esas estaba, friendo los huevos, cuando ¡oh cielos! (bueno, en realidad dije: ¡hostia puta!) no quedaba sal en el cuenco rojo con lunares blancos donde guardo la sal. Los lunares blancos sobre fondo rojo me alegran la vista, no se, me alegran más la vista los lunares blancos sobre fondo rojo que el negro del pollón. Ya sé que no tiene nada que ver, ya lo sé, pero es lo que se me ha pasado por la cabeza, punto. Y no es racismo, ni ostracismo, ni snobismo, que no os engañen, ¿eh? que no os engañen, es simplemente una cuestión de gustos.

Huevos. Sigo.

Acabé de freírlos, los coloqué en un plato hondo y pensé (voy a ver si Bill tiene sal) Salí de mi casa, me atusé la coleta y llamé a su timbre. Después de un minuto o dos, Bill apareció:

-Hola Bill, dame sal.

Se apretó el cinturón de la bata, asintió con la cabeza, se dirigió a la cocina y me entregó su salero.

-Gracias, Bill.

Levantó su mano para despedirse en plan indio del oeste americano, cerró la puerta y me metí en casa a saltear los huevos (aunque sería más correcto decir asaltarlos dado el brío, a lo Íñigo Montoya, con el que agarro la espumadera)

Qué majo es Bill, pensé ya con mi salero. Se mudó hace unos meses a mi bloque y la verdad es que es buen vecino. No arma escándalos, siempre saluda en la escalera (lo cual lo convierte en asesino en potencia) y, si quiero desahogarme, voy a su casa, tomamos un café etíope con Mulatu Astatke de fondo, hablo, hablo y hablo y él permanece callado escuchando, con las manos juntas y muy erguido. A veces responde, pero si sigo hablando vuelve a callarse y a escuchar. No le molestan las interrupciones, es elegante, educado y tierno. Cuando acabo, nos despedimos, le doy un abrazo, él me da palmaditas en la espalda, así  como de ánimo y cada uno a su casa.

-Dame sal, Bill.

Me encanta. 

Y la vida sigue, aunque las flores estén rotas y en Tokio suene More than this a todo trapo.

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Ocre

Me sienta bien el color amarillo de mi jersey de punto. Es amarillo mostaza, amarillo ocre. Me gusta la palabra ocre, sabe a trozo de pintalabios desprendido de su barra y es tremendamente suave y blando (pero no blandito como un peluche, no, blandito como el ocre) (*sinestesia)

Llevo unos pendientes hippies de mi madre. Hoy no llevo el collar largo de piedras verdes de mi abuela, que no se bien qué son pero una vez, comprando tabaco en un quiosco de Gran Vía, me dijo la quiosquera:

-Qué collar más bonito, se nota que es bueno.

-Claro que es bueno -le dije- era de mi abuela.

La mujer sonrió y yo me emocioné porque mi abuela ya no está pero sí que está (*se ha convertido en polilla,  ya os he hablado de esto, creo…) y claro, fue un momento bonito entre la quiosquera, Gran Vía, Plaza de España y yo.

Cuando hay polillas por ahí revoloteando no puedo matar ni una porque lo mismo son mi abuela y, claro, una tiene sentimientos, es empática (y creo que también simpática) y no está bien matar, no porque lo digan los Mandamientos (No matarás) sino porque me parece muy gore, muy triste y muy cansado ir matando por ahí a gente, a polillas y a ilusiones efímeras. No se quienes son los que matan las ilusiones, no lo se ni me interesa, la gente que mata ilusiones no es de mi acera.

Mañana me pondré el collar verde de mi abuela polilla, hoy me quitaré el jersey ocre y los pendientes hippies con cuidado, antes de ir a nadar. Me gusta ir a nadar y me da pereza, mucha pereza, pero así es la vida, hay cosas perezosas, como los osos perezosos de tres dedos, y otras que no lo son tanto y claro, cuando el cielo está nublado, llevo puesto mi jersey de punto ocre y necesito respirar, pues escribo, escribo de manera perezosa, nado despacio, saboreo el color ocre, echo de menos a mi abuela y sigo ilusionándome aunque haya homicidas de ilusiones de color indeterminado y que probablemente no sea ocre.

Sushi Q.

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Paso de cebras

Ayer cedí el paso, en un paso de cebra, a una mujer. Normal: peatón, paso de cebra, ceder el paso.

Era una abuelita, a ver, no se si tenía nietos o no, pero para mi era una abuelita.

Caminaba tipo teletubie, la rotundidad del cuerpo no le permitía moverse de otro modo, y su pelo corto aparecía despiadadamente revuelto por el viento de marzo (que este año nos ha llegado por adelantado) No sabría describir el color, pero era tirando a pelirrojo desgastado, sí, a pelirrojo desgastado, como el que tienen las panochas que cultivo en mi huerto de Sikeston (Misuri) y que observo tumbada desde la hamaca en los largos y cálidos veranos Paul Newmanianos. Las contemplo con una pierna fuera de la hamaca, aire despreocupado y bebiendo limonada. Así ha de hacerse, la gente sureña somos así: sureños.

La abuelita se emocionó, me miró a los ojos y me saludó. Yo me emocioné (eso no es difícil cuando una tiene el corazón desvalijado, descabalado, desvencijado y enamorado) y comencé a saludarla del mismo modo que ella a mí: levantando y balanceando grácilmente la mano. Parecíamos dos reinas saludando a nuestros cortesanos.

Permaneció todo el recorrido del paso meneando la mano y, cuando dio su trayecto por finalizado, sin fractura de cadera y con las tibias enteras, se detuvo, me sonrió y no pude evitar lanzarle una beso. ¡Zasca! te lanzo un beso porque sí, por guapa, porque te han brillado los ojos, porque tus pelos revueltos me han parecido de lo más fashion, porque paso de cebras y porque desde hace ya tiempo hago cosas que me hacen cosas, cosas que me provocan cosquillas, cosas que elijo sin aleatoriedad porque se que me van a sentar bien, como las rayas blancas y negras sientan a las cebras aunque pase de ellas: Bien.

Este verano tengo pensado visitar mi plantación de Sikeston (Misuri). Me tumbaré en la hamaca, me abriré una cerveza (seguramente ya habré tomado unas cuantas limonadas y necesite zumo de cebada) y observaré como el atardecer va enrojeciendo y anaranjando las mazorcas que crecen en ella. Irremediablemente, y me alegro de que así sea, me acordaré de la abuelita, de sus pelos de panocha, sonreiré y pasaré de cebras. Una vez que pasas de cebras ya no vuelves a atrás, jamás vuelves atrás. Hay que avanzar, hay que ceder el paso, hay que lanzar besos, detenerse un rato, pero una vez hecho esto es importante seguir avanzando, siempre avanzando.

Sushi Q.

 

 

 

De atracos, tirugones y mi móvil

Llevo ya un tiempo perdiendo el móvil a propósito. Ya se que perder y a propósito no encajan, pero me gustan las cosas que no encajan (y también las que encajan, como tus manos acariciándome la cara)

Pierdo el móvil, lo dejo por ahí por casa, a veces incluso silenciado (sí, soy una chunga: silenciado) y me digo así en alto :

-!A tomar por culo la vida! !móvil: que te den!

Y me pongo a hacer algo, sí, algo. Tengo siempre muchos algos que hacer y cuando no quiero hacer algo pues nado, no hago nada, nado, a crol, a espalda, a braza, me doy un abrazo cuando salgo del agua, respiro, me quiero, te quiero, os quiero.

!Móvil: que te den!

Hablo sola, sí, como todos los que me leéis, lo se, y si no lo hacéis pues os respeto vale, que soy la chunga pero soy tolerante. Pienso que hablar sola no es malo, salvo que te conteste alguien con voz ronca, navaja en mano y te suelte:

-Cierra el pico, rubia, abre la caja fuerte, dame las joyas, y no me mires a la cara o tendré que matarte (y no quiero matarte…)

Si eso sucede es que han entrado en tu casa y te están atracando y como eres la chunga y has dejado el móvil a tomar por culo la vida, pues no puedes llamar a los “Fuerzos y cuerpas de seguridad del Estado” (perdón por las erratas, me están atracando, estoy nerviosa ¿vale?) y tienes que asumir tu condición de atracada. Punto. Te jodes y te aguantas. Lo bueno es que como no tienes joyas (no te molan) ni caja fuerte y solo te queda un euro que guardas en el bolsillo derecho del abrigo para el carro del supermercado, pues contestas a tu atracador:

-Toma, atracador, un euro y unas croquetas de mi madre que hay en la nevera, pero no te lleves la birra, por favor, antes prefiero que me claves la navaja. Gracias.

Y entonces el atracador se apiada de ti y con gesto cabizbajo se va pensando:

-Pobrecilla, qué imbécil.

Y se va a atracar un barco.

Se acabó el atraco, ya no estoy nerviosa, me abro una cerveza y continúo hablando.

Dejo el móvil, me pongo a hacer algo, a observar como atardece. Ayer atardecía y el cielo que se veía desde mi cocina (no se el del resto de cocinas) era asalmonado, azul y no estaba enladrillado. Tenía unos colores estridentes, chirriantes, acojonantes, estaba tan bonito que observarlo hacía hasta daño.

-!Ala mamá qué presioso! parese juego quemado (fuego quemado)

Y la verdad es que era presioso, sí, maravilloso.

Me gusta que mi hijo vea cosas, toque cosas, sienta cosas, huela cosas. Me encanta enjabonarle la cabeza y dejar que se aclare con una regadera. La bañera se llena de tirugones (tiburones) de coches, de barcos hechos con botes de crema corporal que reciclo cuando se me han acabado.  Pierdo el móvil. Antes lo dejaba en el baño a mi lado, ahora lo pierdo, salvo cuando decido meterme con mi niño en la bañera y escuchar a Louis Armstrong.

He silenciado todas las notificaciobnes, todos los globos, las tiras, las alarmas …me he dado cuenta de que perdiendo el móvil gano momentos. Perder cosas me hace ganar algos. Perder el tiempo me hace encontrarlo. No tener joyas hace que los atracos sean frustrados.

Atardece, salmón en la cocina, la bañera se llena, el móvil a su bola, un tirugón acecha.

Sushi Q.