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Tendemos a estar tristes los domingos, a quejarnos los lunes y a ponernos como motos los viernes.

Tendemos la ropa, tendemos a infinito, tendemos a la cordura cuando quizás lo más sano es elogiar, un pelín, a la locura.

Un bucle infinito nos engulle, un círculo del eterno retorno nos acongoja , un día de la marmota nos agota…

Este blog va de lo otro, de lo contrario, de las pequeñas-grandes cosas, de tender una mano a la alegría, a la gente corriente que da calambre, a la nostalgia aunque no sea bonita. Va de música, de cine, de viajes, de amores pasionales. De mi hijo.

Soy rubia, tengo mis sombras y mis dudas, no pretendo sentar cátedra, una rubia jamás osaría a algo tan complicado…simplemente estoy aquí de paso, como todos, como una extraña en un vagón de tren desvencijado.

Leedme, no me leáis, haced lo que os plazca que rima con catártica, pero tratad de ser felices, que la vida es un ratito, que se pira ¡que se va por una alcantarilla! Sonreíd, brindad, llorad, emborrachad a la tristeza, que es muy mala, que es muy negra…

Sushi Q.

Premios 20Blogs

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La gran belleza

El otro día vi por cuarta o quinta vez una peli maravillosa llamada La gran belleza. En una escena, el prota, Jep Gambardella, del que es imposible no enamorarse, decía que lo que más le gustaba de la vida era el olor de las casas de los viejos:

De pequeños, a esta pregunta, mis amigos daban siempre la misma respuesta: “Los coños”. Pero yo respondía: “El olor de las casas de los viejos”. La pregunta era: “¿Qué es lo que realmente te gusta más en la vida?”. Estaba destinado a la sensibilidad. Estaba destinado a convertirme en escritor. Estaba destinado a convertirme en Jep Gambardella.

Los olores son algo así como el Delorean de los sentidos, te transportan al pasado con una facilidad pasmosa, siempre lo he pensado. Anoche, hablando con mi compañero, llegamos a la conclusión de que el olfato es el sentido más evocador que existe y comenzamos a recorrer el Mundo contándonos los olores de nuestros viajes juntos y por separado.

Él me hablaba del penetrante olor a madera que le atrapó visitando los templos en Japón; yo le contaba la mezcla de olor a gasolina y comida que rezuma por las calles de Hanói. En Hawaii, según él, huele a día soleado a punto de llover y que en diez minutos estará nublado, que es verde luminoso y que en el mar hay peces de colores en lugar de barbos. Yo le explicaba que en Ushuaia olía a chimenea y a carne churruscada, que en Shanghai casi no se puede respirar por la contaminación que hay y que en San Francisco huele a Libertad.

También hablamos de sonidos, como el del suelo crujiente del hotel en el que nos alojamos en Krakovia y cómo se escuchaban los cascos de los caballos sobre los adoquines desde la habitación.

La nuestra es una historia peculiar, es un diálogo incesante de Vida. Es común vernos enmadejados en conversaciones acerca de lexemas, política, colores (sobre todo azules) películas, órganos del cuerpo humano, niños (los nuestros) Es fácil que saltemos de un tema a otro y que no sepamos cómo llegamos hasta ahí ni nos importe.

Mola olisquear la vida junto a alguien que es como tú; nos conocimos en un parking, montamos una road movie improvisada, y el viaje, que es lo realmente importante, nos está regalando momentos inolvidables. Es un placer viajar con Usted (y con Billy, la trucha viajera) Es un placer poder observar juntos la gran belleza que nos rodea.

Sushi Q.

La-Grande-Bellezza

El Hueso de la Risa

Sin el Hueso de la Risa todo sería inexorablemente gris; el gris huele a cemento y a hormigón, solo me gusta el gris cuando tiñe las nubes blancas y las lagrimea.

La vida te golpea, te zarandea pero al final, si no te mata, acabas riéndote de ella y con ella. Ahí está, el Hueso: roto, astillado, machacado… un día eres añicos pero no te falta humor, humor vítreo, que convierte tus ojos en mares cuando te das en el Hueso de la Risa contra el quicio de la puerta haciendo una pirueta.

Hay gente que nace sin Hueso de la Risa, yo tengo varios (y ovarios). Sería conveniente nacer con huesecillos de estos ya de serie; la gente es seria, muy seria y llora solo de llorar no de reír, digo los sin Hueso. Estaría bien llorar de reír más a menudo, partirse la caja, romperse los huesos y hacer un cocido madrileño.

Mis huesos de la risa están en ambos codos, en las muñecas y en el tobillo izquierdo. Ser un poco inestable y torpe tiene sus ventajas, suelo echarle la culpa a las placas tectónicas, que se mueven a mi paso, pero soy yo que me golpeo aquí, un poco allá y claro… mis huesecillos hacen magia y una risa tonta acaba estampada en mi cara.

Ojalá todos conociéramos dónde se encuentra nuestro hueso. Os animo a buscarlo, a ir al osteópata, a radiografiaros. Una vez que lo encuentras lo que duele sigue haciendo daño, pero el dolor es menos agudo, menos retorcido, menos malo.

Sushi Q.

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Ojalá

Te enganchas a lo de siempre, a la gente de toda la vida. Te enganchas a la misma gotera que apañas con un barreño de plástico y que sabes que dejará de gotear cuando la lluvia amaine *

Utilizas siempre el mismo recorrido para ir a trabajar, compras el mismo pollo fileteado del súper porque siempre te ha ido bien y no se te ha pegado en la sartén. Ojalá lo cambiaras.

Te mueves por tu barrio, te asusta salir de él porque no has tenido la oportunidad de recorrer los hutones de Pekín sin guía ni viaje organizado o porque, de haber podido, lo hubieras desechado por temor a caer en la zona desconocida, esa a la que no estás acostumbrado y que, para mí, es la zona mágica. Ojalá la probaras.

A veces pienso en la cantidad de lugares, personas y ambientes que no conozco y que probablemente vengan a mí porque mi mente y mis brazos están abiertos a nuevas emociones, a nuevas voces, a nuevas maneras de colocarse una bufanda, a nuevas formas de enjabonarse la cara.

Muchas veces dejo los filetes de pollo de siempre y frío boquerones, de los pequeñitos, sin raspa, para que mi hijo saboree algo más de lo que le venden, de lo que le vendo… me siento bien.

Pienso en lo que llegará, y aún desconozco, con gran entusiasmo, siempre es bueno abrirse al mundo, a la gente deshilachada que desde un principio sabes que enhebrará su hilo en tu vida y que quizás con el tiempo se vayan, pero ese tiempo que permanezcan, que les escuches, les abraces y les regales margaritas, ese tiempo no es en vano; ese tiempo es en vaso, en plato hondo, en copa de vino, en paraguas volcado.

Atrevéos, conoced, sonreíd, que la mayoría necesitamos eso: tímidos héroes de calle que bajan la mirada cuando les sonríes por miedo al rechazo, por soledad, por ceguera impuesta y aborregada. Ojalá no lo hicierais, ojalá os atrevierais.

Jamás rechacéis un gesto amable, una ternura, un Nuevos días. Creo que hay mundo más allá de nuestro camino de baldosas amarillas y si no lo hay, yo voy a seguir fabricándolo, me hace bien, no hace daño, salvo el daño que tú te dejes hacer.

*La lluvia nunca amaina, es la Vida. Siempre lloverá, el truco es saber cantar bajo ella, como Gene Kelly, y empaparse hasta ahogar lo que nos acongoja, nos atemoriza y nos descoloca. Resiliencia.

Ojalá más ‘pescaítos’ sonrientes surcando los mares, ojalá más amor.

https://youtu.be/kB9wpKXvr1o

Sushi Q.

Cuarentena

Me gusta mi cuarentena; leo con gafas de cerca pero me sientan tan bien que no me afecta.

Los años me están haciendo más paciente, menos cuando me cabreo porque no tengo batería en el cepillo de dientes.

Me gustan mis ojeras, mi piel ya no es como a los treinta. No me cambio por los treinta, prefiero mi cabeza de ahora, mi fortaleza de ahora, mis arruguitas de ahora, salvo cuando veo alguna foto de esa época y caigo en que estaba tremenda. Pero no, no me cambio, estoy hecha de cachitos que juntos conforman un algo bonito.

Voy templando mi carácter, menos cuando un jélipoller me quita una plaza de parking.

-Bravo- le digo – adelante, toda tuya, la has conseguido.

Y como no sabe qué decir porque le hablo con una sonrisa amable,  pues no dice nada y se marcha. Y claro, me dan ganas de abofetearle pero no lo hago porque tengo que comprar sushi para una sushi cena yo sola con mi mismidad y no me apetece que nadie me joda mi mismidad, mi cena, mi peli antigua y mi plan.

Disfruto haciendo las cosas despacio, sin correr, sin ir a destajo, salvo cuando estoy hasta el coño y meto los platos en el lavavajillas a su puta bola porque sí, porque mi cuarentena me ha vuelto más calmada pero soy humana, soy persona, soy persiana veneciana…

No me gusta la palabra cuarentona, prefiero las carantoñas. Cuarentona es despectivo y no puede ser uno despectivo con una mujer que está en plena cuarentena y que va repartiendo alegría y bordería a partes desiguales por la vida; soy más de alegrías que de borderías, la verdad, lo bueno es que ahora lo suelto, paso de anclas y de morderme la lengua, eso ya lo dejé, lo desterré…

Me gusto, me asusto, a veces desearía esconderme en un arbusto…pero soy valiente, puñetera, fuerte, me gusta mi cuarentena pero sin estar aislada, sin zona de confort almohadillada.. salgo, entro, corro, me despeino, viajo, viajo, viajo… dios, adoro perderme por el mundo, en los brazos de mi hijo, en un libro…

Me gusta mi cuarentena, me gusta mi compañero, que viene así de repente y me da un beso en el cuello y me dice que soy preciosa, que sin rimmel estoy maravillosa como una mariposa…

Entonces me relajo, valoro más aún mi vida de ahora, el amor que me rodea y me convierto en caramelo de tofe, me derrito y dejo sobre el suelo un charco de ternura que no quiero limpiar porque limpiarse de ternuras envejece el alma, reseca el corazón y aumenta el colesterol…

Me gusta mi cuarentena y mis gafas de cerca…

Sushi Q.

cuarentena

De gente sonriente y no sonriente

Me gusta la gente que sonríe al otro lado del teléfono; no los ves, pero su voz sonríe.

Te llaman:

-Buenos días mi nombre es Verónica y le llamo del servicio de atención al cliente de tal, tal, tal…

Entonces le respondes:

-Hola, Verónica- y sonríes.

Verónica nota que estás sonriendo al otro lado, se relaja y deja de hablarte como una máquina expendedora de tristeza… ¡de pronto se siente humana!

Me encanta dirigirme a la gente por su nombre, para eso nos regalaron uno ¿no?

Debajo de mi casa hay una tienda pequeñita regentada por una familia china. Mi hijo de 4 años comenzó a gritar al padre:

– ¡Eh, chino! ¡Hola, chino!

Un día le dije:

-Hijo, seguramente tiene un nombre ¿por qué no se lo preguntamos? Estoy convencida de que le alegrará escucharlo. ¿A ti te gusta que digan tu nombre o preferirías que te chillaran: ¡Eh, niño! ¡Niño, eh, niño!?

Desde entonces le saludamos por su nombre: Yuping, y a su mujer por el suyo: Sao King y siempre tienen una enorme sonrisa china en la boca.

El hombrecito de correos sonríe, es amable, es gracioso, hace su trabajo mejor que bien.

-¡A ver, que dé un paso al frente el número 336 para recoger¡ ¡ Vamos número 336, no sea tímido…a la de una, a la de dos…. ¡adjudicado!

Voy mucho a correos con mi hijo y siempre que está el hombrecito salgo de allí con un chute de alegría enorme. Es como *George Bailey. Es tan amable y tan sencillo que siempre regreso a casa emocionada y llena de gratitud.

El barrendero de la calle donde viven mis padres es un tipo genial (ya le dediqué una entrada en mi antiguo blog) Siempre te sonríe y saluda, ya esté pelao de frío o achicharrado en pleno mes de julio… ¡gracias, joder, gracias!

¡Bravo por la gente que sonríe en su trabajo! ¡Bravo por los que sonreís al otro lado del teléfono! ¡Bravo por los que no sonreís! Sí, bravo también por vosotros, quizás no os enseñaron a hacerlo o quizás llevéis una pena inmensa dentro. No os juzgo, no sé nada sobre vuestras vidas pero si os veo por la calle os sonrío, y si no me devolvéis la sonrisa espero, que al menos, os haya conmovido.

Sushi Q.

¡Feliz Navidad y Próspero Año Tuerto!

Y es que no es normal, lo que sucede en las cabalgatas de Reyes no es normal.

Desde el Rey Baltasar teñido de betún de Judea que parece una puerta (exceptuando el cuello y las orejas; flipo) hasta majorettes, de verdad, un año vi majorettes, muertas de frío y con la bandera de Estados Unidos….vaaaaaale, que no es plan de poner al Negro del Pollón, que tendrá un caché tan bestia como su rabo, pero coño, que negros de verdad hay, por dios ¡dejad de pintar de negro a concejales blancos, que los niños ahora son muy avispados y luego te fríen a preguntas y acabas loca perdida!

Pero lo más fuerte, lo más heavy, lo más brutal, son los lanzadores profesionales de caramelos. Sí, ellos, homicidas en potencia que tiran a dar, joder, que se les ve, que van a matar, que los lanzan a degüello, que si os fijáis bien lo tienen todo estudiado: se muerden el labio de abajo, agarran bien la munición, te miran, siiiiiii, te están mirando a ti, y ¡zas! te lanzan los caramelos que si no los esquivas acabas tuerto* ¡Feliz Navidad y prospero Año Tuerto!

 *Yo este año voy a hacerme con unas  gafas de soldador, hago un llamamiento a la comunidad que no quiera perder un ojo, o los dos, a hacerlo. Gracias.

Otra figura típica, y con cada vez más acogida dentro de esta celebración lúdica, es la del Abuelo Ninja…. sí, ese abuelo que ves todos los días llevado a rastras por sus nietos al colegio,  aterido de frío e inmóvil (ole por los abuelos ¿eh? ole por ellos) y que en la cabalgata de Reyes no se qué cojones se toman que cuando los padres queremos coger unos cuantos caramelos: ¡fiiiiuuuummmm! en una maniobra física paranormal que ni Bruce Lee podría imitar, ya se han agachado y han arrasado con todos,  salvo los de anís ¿¡¡pero seréis cabrones!!? Flipo con los abuelos ninjas, qué capacidad de reacción, de rastreo de la zona, de discriminación entre los buenos y los de anís y de recogida. Me quito el sombrero, de verdad, me quito el sombrero.

A mí me da mucho miedo cuando viene Bob Esponja. Está loco, muy loco y como los niños empiezan a corearle se viene arriba y claro, pues luego los padres tenemos pesadillas. Esos dientes de castor hipertrofiado, esos ojos de consumidor habitual de metanfetamina azul que nunca parpadean, ese vaivén para un lado y para otro sobre sus piernecitas flacas de Mick Jagger… diosssssss es aterrador…

Y luego están los bomberos: mi carroza favorita, cuando empieza a acercarse no sé que me da que se me quita el frío. Muy fan del cuerpo de bomberos, mucho ¡ole por ellos! Pero claro, cuando ya tienes en frente a la carroza y te fijas… ¿dónde cojones están los bomberos de los calendarios que compras para hacer el bien a los más necesitados? ¡Por ningún lado! en mi cabalgata no salen ellos… de verdad, que puto timo, un timazo…

Así que ya sabéis, para poder disfrutar de una cabalgata lo más segura posible: ataviaos con unas buenas gafas de soldador, evitad que los niños se acerquen a Bob Esponja (no sea que les inicie en el consumo de drogas), distraed a vuestros hijos si el Rey Baltasar está pintado de negro (evitaréis que el niño os fría a preguntas luego) y dejad a los abuelos su hueco para no caer en reyertas y otro tipo de escenas nada navideñas.

¡Feliz navidad y prospero año Tuerto!

Sushi Q.

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Os animo

Feliz nuevo año, os animo a no desperdiciarlo.

Os animo a vivir, a enamoraros, a no acobardaros.

Os animo a continuar, siempre se puede avanzar un poco más, aunque la sopa se enfríe y se nos desgasten los calcetines.

Os animo, también, a veniros abajo de vez en cuando; es sano, muy sano y cuando volváis a levantaros sentiréis que sois fuertes, que lo habéis superado.

Somos humanos, necesitamos llorar, desahogarnos. Somos humanos, salvo los que nos matan, nos violan, nos maltratan, nos humillan y nos despedazan. Para ellos no va mi ánimo, para ellos va mi desprecio, mi odio, mi rabia y mi puño en alto.

Sororidad.

Os animo a que cada mañana destinéis uno segundos a estiraros en la cama, a ronronear y a daros cuenta de que los lunes, los martes y los miércoles son días de vida que matáis cada vez que gruñís porque el viernes aún no está (sois gilipollas, perdonadme, pero sois gilipollas)

Os animo a cultivar amigos, a regarlos y a florecerlos.

Os animo a repartir afecto y a no esquivar abrazos, que quedan pocos, que están faltando.

Cuando todo esté patas arriba haced el pino, os animo a ver todo desde otra perspectiva, comprad un caleidoscopio, haced de lo distinto buen acopio.

Todos tenemos dramas, dramas horrorosos. Todos tenemos un alguien que se fue, un tren que se perdió por miedo a subirnos a él… os animo a recordar con cariño a los que se fueron, a poner velas por ellos, a agradecerles lo que nos dieron y a seguir caminando sin culpa y sonriendo.

Cuando os hagan cosquillas no os separéis, reíos, descojonaos. Juntaos con gente a la que se le sonrojen las mejillas, acampad junto al buen humor, probad nuevos platos, nuevos perfumes, inventad nuevos colores.

Viajad sin rumbo, salid de vuestra zona de confort, no pasa nada, pasa mucho, por eso os animo a salir y a permitir que os pase mucho.

El Mundo es de los que se arriesgan: menuda frase típica, manida y vacua. El Mundo es de todos, no solo de los que se arriesgan. Os animo a arriesgaros, pero no por haceros con el Mundo, ¿acaso os cabe en el armario? sino por el simple placer que proporciona saltarse la rutina, bailar el mambo, caminar descalzo por la plaza de San Marco una madrugada veneciana y descubrir que hay vida más allá de vuestra mirilla.

Feliz año nuevo, y si no estáis bien os animo a que lloréis, pero a que lo hagáis con ganas, con rabia, con lagrimones, con mocos, con la cara roja y los ojos saltones.

Y si no estáis bien, aún después de haber llorado, os animo a estarlo, al menos aunque solo sea un rato.

Sushi Q.

gracias

Efímeros

Somos efímeros…

Mi hijo de cuatro años dormido en mi cama; Totoro, Thomas Jerry, Kanta, cojines y almohadas le resguardan.

Yo, en la cocina disfrutando de mi infusión de raíces de jengibre y canela. La probé en Camboya hace ya largo tiempo, me encandiló y ya no me separo de ella.

En Camboya los niños se te agarran de la ropa, te venden su sonrisa, una sonrisa que no es la de un niño como el mío.

Te venden su alma, les sonríes, te sientes impotente, culpable, mala. Les das caramelos, jabones… y te sonríen, pero es una sonrisa vacía, vacua.

Somos efímeros, como mi taza de jengibre y canela de esta noche.

Somos efímeros pero podemos aportar algo: Una sonrisa, un no desprecio, un abrazo de los de verdad a alguien que sólo tiene como amiga a su soledad.

Podemos hacer poco y mucho. Podemos sonreír, escuchar, observar sin prejuicios. Podemos hacer mucho bien y mucho mal, yo elijo lo primero ¿y vosotros?

Somos efímeros, todos acabaremos del mismo modo, da igual las partidas de ajedrez que juguemos con la muerte *

¿Por qué no compartir un poco de nuestra ‘efimeridad’ (si esta palabra existe) con aquellos que no tienen ni por donde empezar?

*https://es.m.wikipedia.org/wiki/El_séptimo_sello

Elegante

El otoño es elegante. Pisar con mi hijo hojas crujientes y recoger piñas en el parque es elegante.

Un abrigo de paño azul oscuro sin abrochar al que de repente el viento abre de par en par es elegante.

Tus lentos parpadeos y tus ojos verde azulados son elegantes.

Elegantes son los Temptations cantando y bailando My girl.

Es elegante el pescadero cuando descama el pescado y todo se llena de virutas, como una ventisca de nieve.

El seseo de Louis Armstrong, al acabar cada estrofa, es elegante.

Es elegante que una persona que conoces en una fiesta de Halloween te regale un broche de murciélago con luces y lo prenda sobre tu disfraz, al lado del corazón. Esto es elegante, por el modo de hacerlo, y tremendamente tierno, muy tierno.

Las zanahorias estofadas en un guiso de mi madre son elegantes.

El hombrecillo que toca el serrucho, a modo de violín, en una calle de Budapest es elegante.

El barrendero de mi barrio es elegante y su sonrisa amable.

Tus manos bien cuidadas, dedicadas a curar gente, son elegantes.

Estamos rodeados de belleza y elegancia. Es una maravilla, es como magia.

¿Y a vosotros, qué os parece elegante? Me encantaría saberlo, escribir una lista, leerla frente a la chimenea y quemarla luego.

Es elegante el fuego quemando letras. No es elegante un bosque agonizando en llamas.

Sushi Q.

De boleros, Jeremy Irons y médicos de cabecera

Si nos dejan nos vamos a querer toda la viiiida, si nos dejan nos vamos a vivir a un mundo nuevoooo….

De esta guisa me encontraba ayer en casa haciendo deporte, con la música a tope, cantando y sudando cual Cerda sobre elíptico con crujiente de endorfinas, cuando caí en la cuenta de que normalmente no me pongo este tipo de música para deportivear, sino todo lo contrario: heavy metal, rock, música indie… y que llevo como dos o tres días, yo no sé que me ha dao, que no paro de escuchar boleros. Por cierto, Luis Miguel: vozarrón ¿eh? un hortera que te cagas pero vozarrón… y claro me quedé así, como rara… No sé si es algo pasajero o si ya va a ser siempre así, pero no me preocupa mucho, la verdad es que me la suda, como el deporte.

El jueves estuve en el médico, no mi médico de cabecera, el amor de mi vida, mi pareja, no, otro. Había una mujer tristísima en la sala de espera. No sé que le pasaba pero algo gordo era. Su gesto cabizbajo, sus gafas de sol, su gesto amargo… yo creo que ni con deporte hubiera logrado sentirse menos vacía.

Noté que su tristeza me invadía y dejé de mirarla, no quería acabar como ella, porque la tristeza se pega, es como el chapapote, se pega y no hay modo humano de deshacerse de ella. Fui egoísta, lo reconozco, normalmente voy por ahí ofreciendo caramelos de menta a la gente, así sin conocerla, pero con ella no pude, lo siento: no pude acercarme a ti, desprendías tanto dolor y yo tanta alegría que no quería perderla y acabar como tú, espero que estés algo mejor, de corazón.

Mi médico es un cachondo, un tipo genial. A veces me gusta tener la garganta inflamada, gastroenteritis o cualquier cosa que acabe en -itis, para ir a su consulta y acabar como el otro día, hablando de ateísmo, agnosticismo, literatura, historia y arte en todas sus variedades. Parece una partida de Trivial pero sin quesitos ni tablero, ahí todo a capella y sin orquesta.

Salí de allí de buen rollo, ya estaba yéndose el sol. Quedé con mi amor, mi otro médico, en un sitio de Madrid y, como siempre, me perdí. Ya estoy acostumbrada, el gps y yo no tenemos ningún tipo de química orgánica, lo he asumido, me pierdo y disfruto callejeando porque sé que al final me acabo encontrando.

Pues en esas estaba: y ahíiii, juntitos los dooooosssss, cerquita de diooooossss, será lo que soñamooossssss, cuando de repente ¡plas!

OSTIÓN

Retrovisor estampado contra contenedor de papel repleto…. un ostión como dios manda, vamos.

-Eso me pasa por atea- pensé- a qué cojones se me ocurre cantar a todo trapo lo de yahiiii, cerquita de diooossss…. es que no tienes conocimiento, hija, mira que eres inocente, dios te ha castigao…

Respiré hondo, mantuve la calma y  me paré en un paso de cebra para, desde mi asiento, estirar la mano intentando enderezarlo.

De pronto, así como de la nada, apareció un hombre, no había nadie en la calle lo prometo, y de repente, apareció él, un Jeremy Irons de la vida, os lo juro era Jeremy Irons o un tipo clavado: manos delicadas, uñas perfectamente cortadas, pelo canoso y liso un pelín largo, delgado y rostro atractivo.

-¿Puedo ayudarte en algo?- me dijo con una educación exquisita.

-Pues mira, me acabo de dar un golpe contra un contenedor y no sé si esto tiene arreglo, Jeremy (pensé para mis adentros)

-Déjame mirar, por lo que veo tiene unas patitas de plástico, voy a apretar el cristal a ver si encaja… ¿te parece?

-Sí, sí, claro, Jeremy, todo tuyo.

Y con sus preciosas manos y un gesto delicado hizo: clic y ¡joder, encajó a la primera!

-Eres la polla, Jeremy (volví a pensar para mis adentros)

-Muy amable de verdad, muchísimas gracias….(le dije en realidad)

-De nada, de nada…

Y se fue igual de rápido que había llegado, no me dio tiempo ni a ofrecerle un caramelo de menta. Estuve a punto de pararme a llorar de la emoción, la gente amable puede conmigo: Os odio, gente amable, dejad de ser amables conmigo porque una es sensible y también amable y claro, con tanta gente amable por el mundo al final voy a tener que comprar los caramelos de menta a granel en el Makro y no, no me da para tanto…

Me encantaría haber hablado un ratito más con Jeremy, saber a dónde iba, pero todo fue muy rápido, como la vida, así que me quedé con buen sabor de boca y sus huellas dactilares plantadas en mi espejo retrovisor.

Por favor, si alguien sabe de quién son que me lo diga a fin de encontrarle y volver a agradecerle el detalle. Dejo fotos por si acaso y la promesa de un caramelo de menta a quien me dé la respuesta. Gracias.

Ah, os dejo a Luis Miguel también, pero cuidado, si sois ateos omitid lo de: ahiiii juntitos los dos, cerquita de dioooossss…

Sushi Q.