El apartamento

Adiós casoplón.

Mudo de vida, de cimientos, de pellejo, me voy a un apartamento.

Me gustan los cambios, no les tengo miedo. Despeinan, claro que despeinan, pero más despeina la rutina, un domingo en Ikea, una vida sin tormentas…

Mi hijo y yo, comprando en el chino de abajo pan del malo. Sonreímos, subimos a nuestro apartamento sin ascensor, no nos hace falta tenemos un buen par de alas.

Colocamos margaritas en la mesa del salón, tomamos tarta, nos chupamos los dedos, nos damos besos.

Ordenamos los armarios, tiramos la basura espacial hasta el infinito y más allá… no tenemos trastero, no somos Diógenes, acumulamos momentos.

Nos tumbamos en el suelo, hacemos sombras chinescas en el techo. Nos decimos secretos…

Somos unos disfrutones, caminamos en calcetines, nos encantan las guerras de cojines.

Hoy beberé  vino con mi buena gente, con mis amigos, brindaremos con taninos, que rima con Tarantino, en nuestro apartamento, el mío, el suyo, el vuestro…ese vino acumulado que, si lo dejas más tiempo, se vuelve avaro…

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