!Viva la Guardia Civil!

¿Alguien sabe qué es la tarjeta verde del coche y si mi coche ha pasado la ITV?

Yo tampoco.

Os pongo en situación:

Tarde de ayer (creo) 18:30, solazo, mi hijo detrás con la cara pintada como un ratón, nos dirigimos a Decatlón…

Control de la Guardia Civil.

-! Anda, una Poke Parada!- le digo al ratón que llevo detrás.

El ratón no contesta, se limita a observar.

Son tres y, sí, parece que me han leído los labios y no les ha molado eso de Poke Parada. Dejan pasar al coche de delante, sumamente sospechoso, de secuestrador de peli de Antena 3, estoy convencida y plas, me paran. Sí, a mí, a la pringada, aunque ya estoy bastante acostumbrada…

El agente me mira, yo le sonrío. No. No es un Pokemon, es un agente de la Ley y no puedo cazarle, así que me limito a sonreír… (a ver, no le voy a escupir ¿no?) 

El agente va rodeando beneméritamente mi coche, echa un ojo a la parte de atrás y ve que hay un ratón mirándole. Le choca, disimula, hace como que no lo hay y se dirige a mi ventanilla…

La bajo, le miro y vuelvo a sonreír.  Ay, yo qué sé, soy así, un ser amable y estoy feliz…además aún conservo todas las piezas dentales, si estuviera mellada pues vale…

-Buenas tardes- me dice- tarjeta (no se qué del coche) y carnet de conducir.

-Si, un momento, sí.

Abro el monedero y saco todas las tarjetas: Adeslas, carnés de biblioteca, Visas, tarjeta de gasolina, tarjeta de la Seguridad Social, tarjeta del Carrefour… sólo me falta escalera de color, Póker y Repóquer…

Joderrrrr, el tío ya me mira como mal y yo empiezo a inquietarme…

-! Ay! !aquí, aquí está! se obra el milagro.

Le entrego el carnet.

-¿El coche es suyo? me pregunta.

-Sí, sí, es mío (me dan ganas de contestarle que no, que acabo de robarlo en una gasolinera y que la presencia del ratón, ahí detrás, a mí también me ha sorprendido… pero creo que no es el momento, no, hoy no, no sigas porque no…)

-Entiendo- me dice- por favor tarjeta (de no sé qué).

-¿Qué es eso? -le digo.

El tío, que ya se va poniendo a mi nivel (viva la empatía), me explica:

-A veeeerrrr, es una tarjeta verde…

-!Ah, sí, ya sé lo que dice!

Abro la guantera.

-Madre mía lo que lleva Usted ahí- me dice (ya va tomando confianza, se ha debido dar cuenta que no soy una yihadista camuflada)

-¿Ay si, verdad? jajaja (me río en plan Norma Desmond en Sunset Boulevard)

Saco todo así de golpe y voy entregándoselo:

Resguardo de la matrícula del cole del niño, un chupete rosa que hacía siglos no encontraba (!bien!), documentos del banco, tickets de compra caducados…de todo, de todo menos la puñetera tarjeta verde!

Entonces, comprendo que así no voy a ningún lado, que soy culpable, asumo mi situación, suelto los papeles y le digo:

-Mire, múlteme, si quiere multarme, múlteme, no tengo lo que me pide, es más, no sé lo que me pide, múlteme.

Le miro con ojos de cachorrito, esos que pone el gato de Shrek… Se  hacerlo bien, como este tipo de cosas me suceden asiduamente ya aprende una a defenderse…

-No me gusta multar a nadieeee, me dice- además son 200 € de multa…

-! Ay, 200 €! !ay, ay! entonces olvídese de lo que le acabo de decir, no me multe.

Mis ojos de cachorrito se muestran acuosos, estoy lográndolo, sí, venga, un poquito más, aguanta aguanta…

El agente me devuelve el carnet y me dice:

-A ver, a ver ¿a que la próxima vez va a usted a tenerlo todo a mano?

-Sí, sí, lo tendré todo a mano !Gracias, gracias!

Me sonríe, no es mal tipo, hace su papel, le mola, ha disfrutado de su autoridad.

-Continúe, anda, continúe… me da paso y va moviendo la cabeza con desesperación mientras se dirige a contarle a sus compañeros de Poke Parada que ha dado con una tarada.

Cierro la ventanilla, sonrío ya sin ojos de cachorrito y le digo a mi hijo:

-Ya está ratón, ya está. 

-¿Qué pasado mamá, qué pasado mamá…?

-Nada hijo nada… !que viva la Guardia Civil y las Poke Paradas!

 

 

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I got you, babe

Últimamente, ya sea en el coche, en mi casa o en la radio, acaba sonando I got you babe, sí, la de Sony y Cher, una cosa tremenda, oye…

Y no me ha sucedido un par de veces, no, ya van unas cuantas, como seis ó siete en el último mes y, claro, el tema empieza a ser preocupante…

Cada vez que comienza a sonar, chas, la quito… y digo para mis adentros:

-Lagarto, lagarto, lagarto, lagarto- cuatro veces sí, así ha de ser, si lo digo tres seguro que la neutralización no funciona y si no funciona algo terrible ocurrirá y un apocalipsis zombie llegará. Y ¡siiiii! todo será por mi culpa, porque no dije lagarto cuatro veces, y tendré unos remordimientos atroces durante toda mi vida y por la calle la gente dirá: ¡fue ella, fue, ella! con sus dedos acusadores y me llamaran la Walking Dead… ¡que viene la Walking Dead! y los niños huirán aterrados y Godzilla se quedará corto a mi lado y, y, y….

-Vuelve nena, vuelve- Ok. Sigo.

El caso es que esta mañana al arrancar el coche para ir a trabajar, zas, I got you babe, na-na, na-na, y  digo:

-Joderrrr, atrapada en el tiempo, el día de la marmota, soy como Bill Murray pero en rubia. Me encanta la peli, me encanta Bill, no entiendo mucho de marmotas, sinceramente, mi hermano y yo sólo tuvimos un hámster bipolar que nos mordía y nos hacía polvo la vida…. así estoy, con unos traumas que alucina vecina…

El caso es que visto lo visto, he decidido que esto ha de ser una señal y la he escuchado enterita. Aún no sé qué tipo de señal, pero he de asumirlo y aceptar que quizás este tema sea la banda sonora de mi verano, o, quién sabe, de esta nueva etapa de mi vida.

Es todo como muy extraño y desconcertante. Últimamente recibo señales por todos lados. La otra noche, riéndome con una amiga en mi nueva casa, le puse tanto ímpetu a la carcajada que al echarme para atrás en el sillón, plas, el pico de la ventana del salón me sacudió con fiereza en  la cabeza. El golpe fue tan brutal que casi acabo trepanada, así como si nada, o con un traumatismo cráneo ence-fálico severo que, bueno, no me importaría, la verdad, pero sólo para un rato, claro, que estoy muy bien sola, que a esto a mi me mola.

Volviendo al golpe. Mi amiga, que es muy buena pendona (sí, tú, sí) se empezó a reír, y yo a llorar y a reírme al mismo tiempo (soy mujer, puedo hacerlo) Ella me decía:

– ¡Ponte hielo, ponte hielo!- y claro, una que es rubia, que está descojonándose y que no acostumbra a beber vino blanco porque le da a la cerveza, pues ¿qué hizo?: abrir el congelador, coger la hielera entera y plantársela a modo de tocado de Ascot,  en la cabeza. ¿Y qué hace una amiga buena pendona? Pues foto y al Face.

Fue un hostión antológico, algo extraordinario. Ahora, un chichón a lo Mortadelo se alza sobre mi coronilla pero… ¿y qué? menudas risas, fue todo una maravilla…

Por suerte no sonó I got you babe, na-na,na-na, hubiera sido demasiado humillante, pero sé que volverá a sonar, lo sé y también se cuándo, dónde y cómo:

Esta tarde, en mi nueva casa, con mi hijo en brazos, estrenando soltería, partidos de la risa, dándonos besos, haciéndonos cosquillas, na-na, na-na….

*Luego pongo foto (o no…)

 

Hay que dejar espacio 

Hay que dejar espacio. Los rincones se llenan de pelusas.

Hay que dejar surgir. Lo forzado no amanece, no da frutos, no es azul como los miércoles.

Tengo la costumbre de dibujar corazones abiertos; se los dibujo a mi hijo, a mis sobrinos, a mis amigos…

Los corazones cerrados son como los abrefáciles de los envases de café: al final, acaba una mordiéndolos, rasgándolos, cortándolos con las tijeras y termina todo derramado por los rincones, por las esquinas, por los quicios de la puertas, por peteneras…

Hay que dejar volar a las mariquitas, no arrancarles las alas, que son suyas, que son coquetas y bonitas, que quitarles las alas no les hace cosquillas.

Hay que dejar espacio. Fluir. No retener el agua, no contener la lluvia. Hay que dejar el corazón abierto, las palmas hacia arriba, que se cuelen tormentas de verano en la cocina…