De costillas y otras cosillas…

-¿Para qué sirven las costillas flotantes?- me pregunto mientras me toco, elegantemente (una es así, qué le vamos a hacer), el costado derecho en pos de calmar el dolor que estoy sintiendo (¿que por qué me duele? no viene al caso, no me apetece contarlo, sería muy largo y súper dramático)

Sigo.

Supongo que si fueran flotantes de verdad no nos hundiríamos ni en la piscina, ni en el mar, ni en los lagos de Bariloche, ni en la sopa de letras que le hago a mi hijo para que aprenda a usar la palabra y no la fuerza (hasta que le den la primera, claro, y le diga: Hijo, si te dan devuelve, hay que ser generosos con el prójimo, lo de poner la otra mejilla ni de mentirijilla)

Sigo.

Pues no, no son flotantes. Ayer fui a nadar, como siempre que salgo de currar, y me puse a probar (sin mover las manos ni los pies, al escondite inglés) si lo de “flotante” hacía honor al nombre…

Y no, vive dios que no, no floté una mierda, ni un ápice, así que, antes de morir ahogada y encima quedar como una pringada, hice mis correspondientes largos a crol y a espalda y dejé mis miserias ahí, en una calle poco transitada. Suena egoísta, parece egoísta, es egoísta, pero la vida es así. A veeeeeer, que una es empaaaaaaática pero hay veces que me canso y necesito un descanso. Por favor, los de la calle poco transitada que no traguen mucho agua, tampoco es plan de ir pescando miserias y movidas ajenas como quien pilla un resfriado una mañana falsa de primavera.

Me mola nadar, supongo que me hace sentir libre como una ballena, un delfín o un lenguado menier, por ejemplo. Al no poder volar (aunque una tenga alas, que las tengo) debe ser que nado como para desquitarme, no se, me siento ligera, como en un anuncio de mantequilla light pero sin el hombrecillo del helicóptero de Tulipán bajando a una piscina repleta de niños que fueron a EGB. Yo fui a EGB, sí, así es y bebía Tang Tropical y mi libro de Sociedad era azul con círculos de colores en la portada. Sí, Yo fui a EGB.

Sigo.

Me gusta el agua, pero me mola más la birra, que le voy a hacer si no nací en el Mediterráneo. No me gusta el mar, sólo a veces, no se, me gusta y no me gusta pero jamás me disgusta. Me pasa algo parecido, pero no igual, con el cordero: me gusta el cordero asado pero no me gustan las costillas de cordero, me dan palo. Vaya día de costillas llevamos…

Sigo.

Gracias a mi costilla conocí a mi osteópata y nos hicimos amigas (bravo, bien, me molas, nos molamos, mañana nos achuchamos)

Supongo que mi costilla seguirá ahí, espero que no le de por flotar, no lo necesito, nado bien, soy valiente (que rima con resiliente) Espero poder seguir nadando muchos años. Espero seguir volando (sin alas) muchos años. Espero seguir viajando, educando a mi hijo, recordando. Espero que sigan sin gustarme las costillas de palo…

Sushi Q.

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Ahí estás tú

Cansada pero contenta. Destilo alegría. Existe un árbol llamado tilo del que nacen los sobrecitos de tila. Infusión. Calorcito. Destilo alegría, despilfarro alegría, desprendo alegría.

Mola reírse, reírnos, hacer el imbécil y despertar a la madrugada a carcajadas con la chimenea en ascuas.

Me encantan los domingos, no temo a los domingos. No me dan tristeza, las tristezas (no siempre, claro) me las zampo como las hamburguesas. No me vienen bien, me dan acidez las tristezas. Demasiadas en poco tiempo, demasiado poco tiempo como para entristecerse.

Llueve, me gusta el cielo gris, morado, plomizo, completamente encapotado. Mi abuela me enseñó esa palabra: encapotado. Me gusta Truman Capote, odio los capotes, los rodeos, los ruedos, las plazas (de toros)… amo la plaza de Siena, la memoricé y aún puedo volver a ella.

Viajo con una gran mochila a mis espaldas pero no me da lumbalgia. He aprendido a sanar mi alma escuchando soul del bueno, de la Motwon, ese soul teñido de negro intenso como el caparazón de un grillo con un brillito en el medio.

Descargo la mochila cuando se hace muy pesada. La descuelgo de mis hombros, la poso en el descansillo, la vacío, no me viene bien, no me viene bien tanto peso, no, y a las cosas que no me vienen bien las acaricio, las hablo, las calmo y las despido con cariño.

Y ahí estás tú. Sí, de pronto tú. En todo lo que hago, en las bolas de nieve que aún no hemos fabricado. Ahí estás tú, tu alegría que se junta con la mía, tu manera de parpadear, tus ojos verdosos, tus manos, tus largas y dramáticas pausas mientras conversamos.

Ahí estás tú, en presente, en futuros inventados recorriendo las calles de agua de Venecia. Ahí estás tú, ahora, en presente, sin anillos (no me gustan los anillos) sin fechas, se nos olvidan las fechas. Ahí estás tú, y me mola y te molo y nos molamos. Y cuando haya poca luz encenderemos una vela, dos, tres, las que nos apetezcan y seguiremos, sin poder ni querer evitarlo, charlando ensimimados frente a la chimenea…

Sushi Q.

chimenea

Thelma y Louise

El otro día, el GPS de mi coche comenzó a hablarme en yardas. Sí, en yardas y en millas.

-A 1,5 millas abandone la autopista.

-A 200 yardas sitúese a la izquierda.

Juro que -no-hice-nada-, no toqué nada, no le hablé en inglés, no sé, debía estar ese día enfadada (la mujer, digo, la de dentro de mi navegador que, para más señas, es castaña, de pelo ondulado y blusa blanca ¿cómo es la de vuestros gp eses? me gustaría saberlo. Gracias)

El caso es que, acostumbrada a escucharle hablar en metros y kilómetros me chocó que, sin previo aviso y con total abuso de su autoridad como guía espiritual,  le diera por americanizarse de esa manera tan exacerbada (ese día yo creo que iba de guía espirituosa y en lugar de brújula llevaba encima una buena cogorza…)

Me quedé in albis, bajé la música y aparqué el coche.

-Somos como Thelma y Louise- le dije a mi compañera de viaje.

-¿Cómo quiéeeeen? me contestó mirándome a los ojos con esa curiosidad y extrañeza que sólo lleva Ella y que rima con listeza.

-Uffff cariño ¿no la has visto? eso hay que arreglarlo, es una peli de dos amigas que se quieren, se ayudan y viven la vida. Lo que hay que hacer cuando una está viva ¿sabes…? (Sí lo sabes, eres una ratona lista y amorosa) ¿Un día la vemos, quieres?

-Sí, quiero. !!!Te quiero muuuuuuchoooooo!!!

Intentamos hacer entrar en razón a Violeta: la navegadora, la de la blusa blanca, cabello ondulado y castaña. Sí, Violeta se llama, Violeta, pero no hubo manera, así que decidimos seguir avanzando en yardas, en millas y continuar nuestra road movie como dos americanas de jayoua (Iowa) pero sin Bourbon, claro, Violeta no había dejado ni para un trago.

Nos perdimos, no nos perdimos, nos reímos, cantamos Eva María se fue buscando el sol en la playa, dejamos a la izquierda el Circuito del Majara (pero no llegamos a verle, supongo que estaba con su moto haciendo eses…)

Mola tener compañera de viaje. Mola su pelo negro, larguísimo y brillante. Tiene ya 13 y es un hada, un hada joven pero muy sensata, con un buen par de alas y cuando sus manos rozan las teclas del piano, el mundo se para durante un buen rato…

Te quiero mucho (yo también te quiero mucho)

*He tenido que mirar en internet cómo se escribía Iowa. Lo reconozco.

Sushi Q.

De miserias, super héroes y polillas

Ayer me “sorprendí” intentando alcanzar un objeto de la mesilla sin mover un sólo músculo de mi escandalosa anatomía ¿Qué cómo? muy fácil: con la mente, simple y llanamente.

No os riáis, eso no es bien, no tengáis la desvergüenza de ocultar que vosotros lo habéis intentado una y otra vez y que el objeto en cuestión (*léase: mando a distancia, vaso de agua, ibuprofeno, una mandarina, una pila alcalina -de las de Alcalá de toda la vida-) se ha movido unos milímetros haciéndoos sentir como el Super Héroe Americano, del que estaba enamorada de pequeña, al que escribí una carta y que me contestó, al día siguiente, diciéndome que era una niña super bonita (benditos padres que la redactaron ya traducida del inglés al castellano y qué bien funcionó FEDEX aquél día…)

¿Veis? Todos tenemos miserias que esconder, todos, no estoy tan mal de la cabeza, salvo por el amor incomprensible que profesaba al Super Héroe Americano, a su cuerpecillo de Super Man venido a menos y a sus pelos rubios y rizados peinados con petardos.

Todos tenemos miserias y secretos inconfesables de peli de Antena 3 al mediodía, todos. Todos tenemos taras. Todos. A ver, no es plan de ir proclamándolas por ahí. Yo, por ejemplo, no voy diciendo que mi abuela se ha reencarnado en polilla y que por eso no mato polillas por si alguna de ellas es mi abuela le doy un zapatillazo y la palma, de nuevo, del golpetazo, no, ni de coña, no, pero si surge el tema de reencarnaciones y expedientes x varios, pues lo suelto y me da igual quien esté, cómo me miren o como me fulminen….si me cae un aluvión de cítricas me hago un zumo y a saco paco con la vitamina C, subidón, subidón, !arriiiiiiibaaaaaa! Vamos, que mis miserias son mías, que las asumo, las río, las comparto y que no me avergüenza lo más mínimo que se sepan (salvo la del Super Héroe Americano, claro, estoy hoy saliendo del armario…)

*Aplausos* Gracias*

¿Algún miserable, como yo, en la sala? ¿Algún tarado? ¿Alguno que desee salir del armario y desapolillarlo? ¿Alguno con miserias que sacar pa’fuera? Venga animáos, que yo no juzgo, que no muerdo, que no mato, que soy una tía dura pero tampoco una chunga (por no matar, no mato ni polillas…)

Sushi Q.

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No es coincidencia

Pan con queso, café contigo, con agua, sin leche, galletas, “Run around Sue” en bucle, bien temprano, bien de abrazos, cocinas madrugadoras, zombies adolescentes, el de 3 y sus “motalenas” (saben más ricas que las madalenas). No es coincidencia, nada es coincidencia.

Noches en el jardín, en la terraza, en la parra. Lunas llenas no, que empachan, molan más las hienaslunas hienas, sus risas desmelenadas y su sinestesia. Me duele la cabeza.

Barras de labios sin tapujos, rojas, muertas de besos. Yo me la pongo, tu me la quitas, todo es efímero, se difumina, efímero tiene algo de talco, tú ya lo sabes, ya me has calado. No es coincidencia.

Granitos de maíz de uno en uno, amarillos como las flores de la mimosa que aquél Invierno mató porque dijo que era suya. Se acabaron esos mimos, si, esos, sólo esos.

Polillas antes que mariposas. Son fuertes, duras, rotundas. Van directas a la luz, no se detienen, se golpean, se levantan y vuelven a la carga. Cuidamos, nos cuidamos, nos despreocupamos… pocas veces nos preocupamos. No es coincidencia.

Llave inglesa, alicates (amarillos, han de ser amarillos) martillo, taladro. Dependencia de tus abrazos, del resto paso, me gusta colgar mis cuadros, los tuyos, los nuestros… espejos, velas, botes de Cola Cao en la despensa…

Silencios que no molestan. Lima con cerveza, la última y nos vamos. No podemos, nos gusta contarnos la vida entera, comienzo una frase, la acabas, no es coincidencia…

No creo en las coincidencias, no creo en el destino, no creo en Dios… creo en la suerte, en la potra, en currarse las cosas…

No es coincidencia, nada de esto coincidencia.

Sushi Q.

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