Imagine

Te pasas media vida intentando enhebrar agujas con hilos deshilachados, pensando en que dirán si tus calcetines amanecen desemparejados, sonriendo con la boca cuando tus ojos claman por unas cuantas lágrimas, preocupándote de quien no se preocupa por ti, siendo esclava de lenguas ajenas, anejas y añejas. Mirando al horizonte anclada a puerto.

Un día el estómago te arde. Te sientas en un sofá silencioso y te preguntas:

-Eh, un momento ¿es esto lo que quiero?

Sin mucho esfuerzo llegas a la conclusión de que no y decides dejar de hacerlo. Decides cruzar al otro lado, golpear la perfecta piñata que pretendías hacer de tu vida y afrontar expectante el chaparrón sin miedo a mojarte.

Comienzas a cruzar los pasos de cebra en ámbar para sonrojar al semáforo. Sacas el dedito corazón a los pitidos que resuenan, como sirenas de guerra, en tus oídos. Te desintoxicas de toxinas ajenas. Pisas los charcos, chapoteas, decides vivir TU vida.

Entonces, una buena mañana, suena -Imagine- en el coche y te das cuenta de que nada importa, sólo ese preciso momento, sólo ese instante, únicamente lo que tú quieras que importe. Y sientes que eres libre. Y notas que tu mundo de abracadabras al fin se ajusta a tu cuerpo.

You may say I’m a dreamer. But I’m not the only one.

*Entrada que escribí hace tiempo en mi antiguo blog- “A la sombra de un sauce”-  y que curiosamente hoy acabo de comprender del todo.

Sushi Q.

john-lennon

 

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El Otoño en Madrid

He recuperado una entrada acerca del Otoño que escribí hace tiempo en mi antiguo blog: “A la sombra de un sauce”.

Un día decidí matarlo, sí, matarlo, aniquilarlo. Necesitaba cambiar de espacio, de rutina, de árbol. Ya no me venía bien y a las cosas que no me vienen bien las mato, o las acaricio y las despido con cuidado, o las meto en un tupper y lo lanzo al espacio, no pierdo tiempo en lo que no me viene bien, el tiempo es un regalo, no puede una desperdiciarlo.

Os la dejo por aquí. Espero que os guste.

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Llevo toda la tarde en modo perezoso. Estoy tan perezosa que hasta me he tenido que mirar la mano, varias veces, para comprobar que no tenía tres dedos, como un oso perezoso, sino cinco.

Las tardes de otoño en Madrid son así: vagas, lentas, aletargadoras. Si te fijas, hasta las hojas de los árboles caen despacio, sin prisa, bailando un minué con el viento.

En las tardes de otoño madrileñas la gente llega diez minutos tarde a sus citas, toman más café para no olvidar que la semana tiene siete días y hasta los atascos duran más.

Si caminas rápido Gran Vía arriba el viento te corta la cara y te obliga a disminuir el paso. Si aparcas el coche en Tudescos, el ticket se estropea y debes pagar en caja. Si decides tomarte una cerveza en Casa Labra, probablemente haya una cola enorme y debas esperar al invierno para quemarte la lengua con una croqueta de bacalao.

En Callao te chocarás con más personas de lo habitual. En El Gaucho los chorizos criollos tardarán un rato más en estar en su punto. En el MAC de Fuencarral no quedarán lápices de ojos Phone Number porque volaron un día en que un remolino otoñal entró en la tienda y pegó con más violencia de lo esperado.

Todo esto es lo que hace que ame el Otoño. Frena nuestro reloj para que nos detengamos y no dejemos de admirar su color. Frena nuestro frenético caminar para que abramos los ojos y no miremos sólo a nuestros pies. Probablemente sea mi estación preferida del año, probablemente, hasta que inventen otra…

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*Por cierto ¿aún estamos en Otoño? Paso de calendarios, de relojes, de horas y de estaciones. Las vivo, con eso me vale.

*Si alguna vez detectáis una falta de ortografía en algún post, decídmelo. Jamás las paso por el corrector. Soy una chunga.

Sushi Q.

Axiomas

Las grapadoras han de ser rojas, los alicates, amarillos y en los cajones de la cocina ha de haber gomas, pero no de cualquier tipo, no, gomas de esas que si te haces una coleta con ellas y luego intentas quitártelas como en un anuncio de pelazo Pantene, te arrancas medio cuero cabelludo y se te quedan unos pelos que ni Donald Trump tras una noche de farra en Las Vegas (por ejemplo)

Pues eso, que hay cosas que tienen que ser así porque sí, por evidentes, porque son inexorables, de acero inoxidable, axiomas (¡joder, cuántas equis, parece esto un post pornográfico o, lo que es peor, una quiniela!)

Lo curioso es que estoy en contra de los axiomas (salvo que los formule yo, claro, siempre ha habido clases…) pero por lo general estoy en contra. No hay verdades absolutas, las verdades absolutas se tornan en obtusas y al final a la gente se le pira la flapa, se le va la olla y hace cosas espantosas (como votar a gente de color naranja en unas elecciones presidenciales cuando es bien sabido que la gente naranja no es de fiar salvo Naranjito)

Las verdades absolutas suelen ser antropomórficas, humanoides, reumatoides (pienso yo) jamás me he cruzado con un perro que dijera:

-Lo que yo ladro va a misa !Guau!

Tampoco he conocido perros que hablaran, claro…pero siempre son humanos los portadores de verdades como puñales. Curioso.

La cosa varía con los gatos, esos si que son axiomáticos y creen que su verdad es la que vale y yastá. No me gustan los gatos, van por la vida con cara de sobrados y bueno, ellos pueden ¿eh? que con 7 vidas quien no iría de sobrado… pero jode mucho que te miren así, de esa manera, de esa guisa, desaguisadamente, con sus ojos de sobrados y sus contoneos milimétricamente ensayados.

En el ámbito floral los equivalentes axiomáticos a los gatos serían las rosas. Son pretenciosas, petulantes (cómo no, son flores y están llenas de pétalos) pero se puede ser más mejor sin ir de sobradas ¿sabéis, rosas?) y si no mirad a las margaritas, mi flor favorita. Son sensibles y tiernas. Yo de pequeña me las comía, quería ser vaca, pensaba que comiendo margaritas del campo me saldrían ubres, pero no, ni me salieron ubres, ni me convertí en vaca, ni me dediqué a anunciar quesos de vacas risueñas en sus montañas (y mira que me chifla el queso…)

Por cierto, que hace poco alguien me llenó la casa de margaritas y claro, casi colapso…pero esa es otra historia y no la voy a contar ahora. (*Te quiero. Gracias)

Jamás se de qué leches voy a escribir cuando me pongo a ello, siempre pienso: voy a escribir sobre esto… pero es que luego no se que pasa que acabo desvariando y a dios rogando y con el mazo dando (ohhhh wait, no ¡que soy atea!)

Todo parece muy elemental querido Watson, muy evidente, pero hay veces que es mejor volverse invidente, abrir bien las orejas y escuchar, pararse, detenerse, aprender un  rato…se aprende mucho escuchando (si quieres aprender, claro)

*No me hagáis ni puto caso, esto que acabo de formular es muy axiomático. Es una verdad como un templo, sí, pero son mis verdades y mis templos 😉

Sushi Q.

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Feliz cumpleaños 

No creo en el destino, no creo en Dios, no creo en las hipotenusas, adoro las medusas.

Creo en la alegría, en las salidas de emergencia cuando no queda salida, en las margaritas.

Creo en los marcianos, en la carne de gallina, creo en los sugus de piña que no saben a piña.

No soy de sectas, me molan las setas a la plancha en mi cocina, a fuego lento y consentidas.

Me encanta la lima, las coronitas sin rey ni reina, el primer buche que rima con mapuche.

Me gusta la nostalgia, el otoño, las latas de sardinas. Me gustas tú.

Adoro los números impares, al arroz con leche de mi madre, Ella Fitzgerald me maravilla.

No sabía que podía hablar hasta la extenuación sin extenuarme. Gracias.

Eres mis cosquillas en las rodillas y mis branquias cuando me agoto de tanto reír y suspirar. Reír y suspirar.

Te mereces esto, lo otro, lo de más allá. Música con velas, bandas sonoras que guardamos en la despensa.

Primer cigarro del día, bueno, de la noche. No tenía planeado escribir nada, ya no planeo nada, bueno, San Francisco-Tokio de madrugada.

Está lloviendo. Llueve sin piedad.

Feliz cumpleaños. Este es mi primer regalo 🙂

Sushi Q.