Axiomas

Las grapadoras han de ser rojas, los alicates, amarillos y en los cajones de la cocina ha de haber gomas, pero no de cualquier tipo, no, gomas de esas que si te haces una coleta con ellas y luego intentas quitártelas como en un anuncio de pelazo Pantene, te arrancas medio cuero cabelludo y se te quedan unos pelos que ni Donald Trump tras una noche de farra en Las Vegas (por ejemplo)

Pues eso, que hay cosas que tienen que ser así porque sí, por evidentes, porque son inexorables, de acero inoxidable, axiomas (¡joder, cuántas equis, parece esto un post pornográfico o, lo que es peor, una quiniela!)

Lo curioso es que estoy en contra de los axiomas (salvo que los formule yo, claro, siempre ha habido clases…) pero por lo general estoy en contra. No hay verdades absolutas, las verdades absolutas se tornan en obtusas y al final a la gente se le pira la flapa, se le va la olla y hace cosas espantosas (como votar a gente de color naranja en unas elecciones presidenciales cuando es bien sabido que la gente naranja no es de fiar salvo Naranjito)

Las verdades absolutas suelen ser antropomórficas, humanoides, reumatoides (pienso yo) jamás me he cruzado con un perro que dijera:

-Lo que yo ladro va a misa !Guau!

Tampoco he conocido perros que hablaran, claro…pero siempre son humanos los portadores de verdades como puñales. Curioso.

La cosa varía con los gatos, esos si que son axiomáticos y creen que su verdad es la que vale y yastá. No me gustan los gatos, van por la vida con cara de sobrados y bueno, ellos pueden ¿eh? que con 7 vidas quien no iría de sobrado… pero jode mucho que te miren así, de esa manera, de esa guisa, desaguisadamente, con sus ojos de sobrados y sus contoneos milimétricamente ensayados.

En el ámbito floral los equivalentes axiomáticos a los gatos serían las rosas. Son pretenciosas, petulantes (cómo no, son flores y están llenas de pétalos) pero se puede ser más mejor sin ir de sobradas ¿sabéis, rosas?) y si no mirad a las margaritas, mi flor favorita. Son sensibles y tiernas. Yo de pequeña me las comía, quería ser vaca, pensaba que comiendo margaritas del campo me saldrían ubres, pero no, ni me salieron ubres, ni me convertí en vaca, ni me dediqué a anunciar quesos de vacas risueñas en sus montañas (y mira que me chifla el queso…)

Por cierto, que hace poco alguien me llenó la casa de margaritas y claro, casi colapso…pero esa es otra historia y no la voy a contar ahora. (*Te quiero. Gracias)

Jamás se de qué leches voy a escribir cuando me pongo a ello, siempre pienso: voy a escribir sobre esto… pero es que luego no se que pasa que acabo desvariando y a dios rogando y con el mazo dando (ohhhh wait, no ¡que soy atea!)

Todo parece muy elemental querido Watson, muy evidente, pero hay veces que es mejor volverse invidente, abrir bien las orejas y escuchar, pararse, detenerse, aprender un  rato…se aprende mucho escuchando (si quieres aprender, claro)

*No me hagáis ni puto caso, esto que acabo de formular es muy axiomático. Es una verdad como un templo, sí, pero son mis verdades y mis templos 😉

Sushi Q.

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