Gracias por su visita

Las servilletas de los bares no absorben, es espantoso, te pones a llorar así de repente como una motalena* y cuando vas a secarte los ojos, con pequeños toquecitos laterales (porque una es muy fina y tiene clase) lo único que obtienes es un Gracias por su visita pegado en la mejilla, que tus lágrimas continúen corriendo a borbotones y que la puta servilleta se mantenga ahí impoluta, desafiante, impía, sin signos de violencia.

Ese día, además, no llevas rimmel waterproof, no tenías pensado llorar, o sí, pero olvidaste ponértelo porque estabas pendiente de despertar a tu hijo con mimos, cantarle las Mañanitas, besarle en las orejitas y claro… pues se te olvida.

Desayuna el niño, yo ya lo he hecho antes, me gusta despertarme con tiempo para tomarme el café sola, despacito, sin tele de fondo, leyendo cosas en el móvil  y abriendo un poquito las cortinas de la terraza para mirar a las montañas que ya amanecen nevadas.

Acaba el niño su desayuno. Disfraz de Papá Noel del chino (2,80 €) excelente calidad, consistente en barba de Papá Noel, gorro de Papá Noel y pantalones de Papá Noel. Niño feliz, vamos al cole, observamos las montañas, nos queremos mucho, yo soy una prinsesa y él es mi prínsipe.

Las servilletas de los bares no absorben pero la compañía sana, sana culito de rana. Y acabas brindando con la compañía, por la compañía, con el rímmel corrido, compartiendo patatas. Bendita compañía que te hace llorar de nuevo pero esta vez de risa. Bendita locura*. Benditas hamburguesas del bar de debajo de mi casa que ponen música de esa que nos gusta y que suena como siempre nos ha sonado por separado pero que ahora escuchamos entrelazados (lo escribo sin comas porque hay veces que las comas sobran y hay que vivir un poco al límite para anestesiar al pasado)

Gracias por su visita, Doctor, cura usted con su mirada, con su risa, con su bendita y maldita locura, con su alegría.

Motalena*: vocablo inventado por mi hijo para rebautizar a las madalenas.

Bendita locura*: Frase que dice mucho mi amiga Rebe (la que es un hada) que no se si es suya o robada pero que mía no es.

Sushi Q.

gracias

 

 

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De mi perfume, mi bazar y mi aoi

Últimamente me paso tarde sí y tarde también metida en un bazar chino que hay cerca de mi casa. Vale, estoy exagerando, no es tarde sí y tarde también, quizás sean dos tardes en semana, pero si no dramatizo no soy yo, y si no soy yo sería otra persona y si soy otra persona quizás tendría un trastorno de personalidad múltiple y como que no, bastante tengo con aguantarme a mi misma como para aguantar a mi alter ego. Buf, paso, que estrés, joder, que estrés… A todo esto, siempre os estoy dando explicaciones y lo mismo ni existís, menuda movida, una movida muy gorda ¿no? En fin, sigo.

Entro en mi bazar. Vale, no es mío pero lo hago mío por unos minutos, qué pasa, ¿tenéis envidia? pues buscaos uno, este es mío, sólo mío y paso de compartirlo.

Es enorme, con techos súper altos, estanterías repletas de cosas y dos chinas, probablemente ninjas, apostadas en los pasillos por si a alguien se le olvida que robar es un pescado capital (no se de qué país, pero es capital)

Lo recorro despacito, me detengo, toco, acaricio, parpadeo, olisqueo. A veces imagino que me va a saltar un Gremlim de la sección de disfraces, pero nunca me ha llegado a suceder, supongo que cuando voy está durmiendo la siesta y eso, por muy Gremlim que uno sea, se respeta.

Avanzo unos pasos, disfruto observando las cajas de cartón apiladas unas sobre otras. La grande, la mediana, la pequeña, las chiquititas… Me dejo caer por el pasillo de las cintas de regalo. Las hay de tela, de papel, con brillos, mates, con filigranas. Busco el color aoi, mi color favorito, se llama así, aoi (palabra japonesa) y es entre verde y azul, pero ni verde ni azul, raya un poquito el turquesa pero no es turquesa, es aoi, punto, joder qué pesados sois…

Observo tarros repletos de estrellas de mar, de conchas, de piedras, de líquidos de colores, de arena, y me pregunto quién los habrá rellenado, en qué estaría pensando, qué mes sería…y recuerdo mi viaje a China, los chinos y sus sonrisas, su amabilidad, sus gestos, su curiosidad por el color de mi pelo. Aún conservo el olor de todo, es curioso, los olores son el Delorean de los sentidos, te retrotraen al pasado, como ese perfume que uso y que te gusta tanto. Se me está acabando, se agota, como lágrimas en la lluvia, como todo lo que se usa, como el tiempo, como la vida cuando la vives, la bebes, la respiras…

Sushi Q.