De atracos, tirugones y mi móvil

Llevo ya un tiempo perdiendo el móvil a propósito. Ya se que perder y a propósito no encajan, pero me gustan las cosas que no encajan (y también las que encajan, como tus manos acariciándome la cara)

Pierdo el móvil, lo dejo por ahí por casa, a veces incluso silenciado (sí, soy una chunga: silenciado) y me digo así en alto :

-!A tomar por culo la vida! !móvil: que te den!

Y me pongo a hacer algo, sí, algo. Tengo siempre muchos algos que hacer y cuando no quiero hacer algo pues nado, no hago nada, nado, a crol, a espalda, a braza, me doy un abrazo cuando salgo del agua, respiro, me quiero, te quiero, os quiero.

!Móvil: que te den!

Hablo sola, sí, como todos los que me leéis, lo se, y si no lo hacéis pues os respeto vale, que soy la chunga pero soy tolerante. Pienso que hablar sola no es malo, salvo que te conteste alguien con voz ronca, navaja en mano y te suelte:

-Cierra el pico, rubia, abre la caja fuerte, dame las joyas, y no me mires a la cara o tendré que matarte (y no quiero matarte…)

Si eso sucede es que han entrado en tu casa y te están atracando y como eres la chunga y has dejado el móvil a tomar por culo la vida, pues no puedes llamar a los “Fuerzos y cuerpas de seguridad del Estado” (perdón por las erratas, me están atracando, estoy nerviosa ¿vale?) y tienes que asumir tu condición de atracada. Punto. Te jodes y te aguantas. Lo bueno es que como no tienes joyas (no te molan) ni caja fuerte y solo te queda un euro que guardas en el bolsillo derecho del abrigo para el carro del supermercado, pues contestas a tu atracador:

-Toma, atracador, un euro y unas croquetas de mi madre que hay en la nevera, pero no te lleves la birra, por favor, antes prefiero que me claves la navaja. Gracias.

Y entonces el atracador se apiada de ti y con gesto cabizbajo se va pensando:

-Pobrecilla, qué imbécil.

Y se va a atracar un barco.

Se acabó el atraco, ya no estoy nerviosa, me abro una cerveza y continúo hablando.

Dejo el móvil, me pongo a hacer algo, a observar como atardece. Ayer atardecía y el cielo que se veía desde mi cocina (no se el del resto de cocinas) era asalmonado, azul y no estaba enladrillado. Tenía unos colores estridentes, chirriantes, acojonantes, estaba tan bonito que observarlo hacía hasta daño.

-!Ala mamá qué presioso! parese juego quemado (fuego quemado)

Y la verdad es que era presioso, sí, maravilloso.

Me gusta que mi hijo vea cosas, toque cosas, sienta cosas, huela cosas. Me encanta enjabonarle la cabeza y dejar que se aclare con una regadera. La bañera se llena de tirugones (tiburones) de coches, de barcos hechos con botes de crema corporal que reciclo cuando se me han acabado.  Pierdo el móvil. Antes lo dejaba en el baño a mi lado, ahora lo pierdo, salvo cuando decido meterme con mi niño en la bañera y escuchar a Louis Armstrong.

He silenciado todas las notificaciobnes, todos los globos, las tiras, las alarmas …me he dado cuenta de que perdiendo el móvil gano momentos. Perder cosas me hace ganar algos. Perder el tiempo me hace encontrarlo. No tener joyas hace que los atracos sean frustrados.

Atardece, salmón en la cocina, la bañera se llena, el móvil a su bola, un tirugón acecha.

Sushi Q.

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