Yo también soy albóndiga

-Hola, mi nombre es Sushi Q. y yo también soy albóndiga.

-Hola, Sushi Q.

¿No os pasa a veces que imagináis cosas que diríais y que nunca decís porque el tiempo no acompaña, pensáis que os van a mirar raro y no os mola que os miren raro porque lo raro os aparta del rebaño?

A mi me pasa mogollón, lo de imaginarme cosas que diría. Muchas veces las digo, otras las escribo. Una vez, al rellenar el formulario para apuntarme al gimnasio, escribí en la casilla de profesión: Astronauta, y me quedé tan pancha. Es que, a ver, los astronautas también son personas ¿no? y, además: ¿a quién cojones le importa a qué me dedico? ¿acaso voy a agarrar las mancuernas de manera distinta si soy astronauta, apicultora, arquitecta o *pizpireta? Pues no, vamos, creo yo.

A mi me encanta mucho la gente que sale de sus armarios, la gente que es albóndiga (o almóndiga) y lo dice, o no lo dice pero les mola ser albóndiga. Me mola la gente que sale de sus neveras, de sus sótanos, de sus chisteras.  Me gusta la gente, da igual su sexo, incluso si no lo tienen, como los ángeles.

A mi los únicos autobuses que me molan son los de Londres, de dos pisos, como las tartas de dos pisos, rojos y cosmopolitas. No me gustan los buses naranjas como la cara de Trump, no me gustan los axiomas (salvo los míos, claro Axiomas) me gusta la gente libre, la gente liebre, hasta la gente liendre. Me gustan los ángeles, los angelitos negros de Machín, las manzanas, las peras y las ensaladillas rusas bien mezcladas y revueltas.

-Hola, mi nombre es Sushi Q. y yo también soy albóndiga.

*Pizpireta: me encanta esta palabra y el modo en que luce sus pecas (*sinestesia)

*No soy albóndiga ¿eh? soy rubia (que os lo creéis todo XD)

*He tomado la foto prestada de internet. Espero no ofender :_)

-Respect 🤙🏻https://open.spotify.com/track/5AoTuHE5P5bvC7BBppYnja

corazones

 

 

 

 

 

 

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Ocre

Me sienta bien el color amarillo de mi jersey de punto. Es amarillo mostaza, amarillo ocre. Me gusta la palabra ocre, sabe a trozo de pintalabios desprendido de su barra y es tremendamente suave y blando (pero no blandito como un peluche, no, blandito como el ocre) (*sinestesia)

Llevo unos pendientes hippies de mi madre. Hoy no llevo el collar largo de piedras verdes de mi abuela, que no se bien qué son pero una vez, comprando tabaco en un quiosco de Gran Vía, me dijo la quiosquera:

-Qué collar más bonito, se nota que es bueno.

-Claro que es bueno -le dije- era de mi abuela.

La mujer sonrió y yo me emocioné porque mi abuela ya no está pero sí que está (*se ha convertido en polilla,  ya os he hablado de esto, creo…) y claro, fue un momento bonito entre la quiosquera, Gran Vía, Plaza de España y yo.

Cuando hay polillas por ahí revoloteando no puedo matar ni una porque lo mismo son mi abuela y, claro, una tiene sentimientos, es empática (y creo que también simpática) y no está bien matar, no porque lo digan los Mandamientos (No matarás) sino porque me parece muy gore, muy triste y muy cansado ir matando por ahí a gente, a polillas y a ilusiones efímeras. No se quienes son los que matan las ilusiones, no lo se ni me interesa, la gente que mata ilusiones no es de mi acera.

Mañana me pondré el collar verde de mi abuela polilla, hoy me quitaré el jersey ocre y los pendientes hippies con cuidado, antes de ir a nadar. Me gusta ir a nadar y me da pereza, mucha pereza, pero así es la vida, hay cosas perezosas, como los osos perezosos de tres dedos, y otras que no lo son tanto y claro, cuando el cielo está nublado, llevo puesto mi jersey de punto ocre y necesito respirar, pues escribo, escribo de manera perezosa, nado despacio, saboreo el color ocre, echo de menos a mi abuela y sigo ilusionándome aunque haya homicidas de ilusiones de color indeterminado y que probablemente no sea ocre.

Sushi Q.

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Paso de cebras

Ayer cedí el paso, en un paso de cebra, a una mujer. Normal: peatón, paso de cebra, ceder el paso.

Era una abuelita, a ver, no se si tenía nietos o no, pero para mi era una abuelita.

Caminaba tipo teletubie, la rotundidad del cuerpo no le permitía moverse de otro modo, y su pelo corto aparecía despiadadamente revuelto por el viento de marzo (que este año nos ha llegado por adelantado) No sabría describir el color, pero era tirando a pelirrojo desgastado, sí, a pelirrojo desgastado, como el que tienen las panochas que cultivo en mi huerto de Sikeston (Misuri) y que observo tumbada desde la hamaca en los largos y cálidos veranos Paul Newmanianos. Las contemplo con una pierna fuera de la hamaca, aire despreocupado y bebiendo limonada. Así ha de hacerse, la gente sureña somos así: sureños.

La abuelita se emocionó, me miró a los ojos y me saludó. Yo me emocioné (eso no es difícil cuando una tiene el corazón desvalijado, descabalado, desvencijado y enamorado) y comencé a saludarla del mismo modo que ella a mí: levantando y balanceando grácilmente la mano. Parecíamos dos reinas saludando a nuestros cortesanos.

Permaneció todo el recorrido del paso meneando la mano y, cuando dio su trayecto por finalizado, sin fractura de cadera y con las tibias enteras, se detuvo, me sonrió y no pude evitar lanzarle una beso. ¡Zasca! te lanzo un beso porque sí, por guapa, porque te han brillado los ojos, porque tus pelos revueltos me han parecido de lo más fashion, porque paso de cebras y porque desde hace ya tiempo hago cosas que me hacen cosas, cosas que me provocan cosquillas, cosas que elijo sin aleatoriedad porque se que me van a sentar bien, como las rayas blancas y negras sientan a las cebras aunque pase de ellas: Bien.

Este verano tengo pensado visitar mi plantación de Sikeston (Misuri). Me tumbaré en la hamaca, me abriré una cerveza (seguramente ya habré tomado unas cuantas limonadas y necesite zumo de cebada) y observaré como el atardecer va enrojeciendo y anaranjando las mazorcas que crecen en ella. Irremediablemente, y me alegro de que así sea, me acordaré de la abuelita, de sus pelos de panocha, sonreiré y pasaré de cebras. Una vez que pasas de cebras ya no vuelves a atrás, jamás vuelves atrás. Hay que avanzar, hay que ceder el paso, hay que lanzar besos, detenerse un rato, pero una vez hecho esto es importante seguir avanzando, siempre avanzando.

Sushi Q.