¡Sorpresa!

¡Sorpresa!

Y así entré, el finde pasado, en la cuarentena.

Ahí estaban todos, a oscuras, agazapados en el salón del amor de mi vida, esperando a que una incauta rubia abriera la puerta y se derritiera.

¡Sorpresa!

Globos, niños, confeti, música.

Estaban todos. Todos los que han estado cuando no era fácil hacerlo. Es muy sencillo permanecer al lado de alguien cuando el viento sopla a su favor y la exaltación de la amistad se alimenta de brindis. Lo difícil, lo jodido, lo chungo, es estar cuando el viento sopla de cara y casi no te permite respirar.

¡Sorpresa!

Y en lugar de entrar y abrazarles, tuve que echarme atrás unos segundos, tomar aire y romper a llorar. Menos mal que llevaba rímel water proof, menos mal que son mi buena gente y mis niños y que soy madre, tita, hermana, cuñada y amiga de todos ellos. Gracias por el disfraz de Pipi Lamstrung. Gracias por mirarme así, de esa manera. Gracias por emocionaros conmigo.

Birra, vino, buen rollo de gente corriente que da calambre. Nada de tensiones raras. Es lo que pasa cuando las amistades se fraguan en las duras y en la más-duras. Por cierto ¿con 40 una ya es madura?

Y nos dieron las diez y las once, las doce y la Luna, y los globos se fueron explotando y los niños fueron cayendo como moscas y mosquitos, con las comisuras de los labios repletas de nocilla. Y nos dieron las dos y las tres y borrachos, a las seis de la mañana, caímos agotados pero no rendidos. Nunca nos rendimos.

Y amanecimos ojerosos. Y desayunamos churros y porras y yo me sentía como en un sueño. Y pensaba: ¿Y ésto por qué? Y las sonrisas sinceras, los abrazos y el pedazo beso de mi chico, me dieron la respuesta: ¿Y por qué no?

A todos vosotros (y a los que no pudisteis estar pero lo habéis hecho siempre) GRACIAS.

 

Cuarentena

 

Anuncios