Viento

Hace viento. Alguien escucha jazz en mi bloque. Me gusta el jazz, de siempre, desde pequeña, desde que tenía coletas. Lo Shazameo, pero mi Shazam debe estar sordo o absorto: Ningún resultado. Decido disfrutarlo sin saber quien toca así el piano, es algo brutal, extraordinario.

Soy una valiente, los días de viento no se deben tomar decisiones arriesgadas, pero decido que lo quiero disfrutar, así que cierro los ojos y me pongo a ronronear.

Una vez, también fui valiente; tendría ocho ó nueve años y decidí que de mayor quería viajar. Fue una decisión tomada un día como el de hoy y claro, el viento, en represalia por mi osadía, borró todas las pecas de mi cara, me las arrebató, se las llevó.

Echo de menos mis pecas, pero he conocido mundo, mucho mundo, así que, aunque haga viento, decido Shazamear, otra vez, ese piano de caramelo que se está derritiendo, que me está derritiendo. Error, nada, la sordera sigue ahí, los días de viento todo se escapa.

Odio el viento, es chaquetero, veleta, traicionero, te descoloca los pelos, te roba las pecas, te da la vuelta al sombrero. Al viento le da igual si ese día no estás para farolillos, es cruel y despiadado, es Eolo cabreado.

Me levanto del sofá, son las cuatro ó cinco de la tarde, el viento se cuela por mi terraza, golpea el toldo, me saca la lengua, me da la espalda. No es delicado, siempre aparece a horas *interfestivas, no tiene cuidado.

Abro la puerta, dejo que entre, no le tengo miedo, sólo rabia y rencor (se llevó mi inocencia) No quiere café, sólo incordiar. No le hablo, le observo cruzada de brazos, se cansa, se aburre, se va. Cierro la puerta y pienso que dejar de tomar decisiones, aunque haya huracanes de por medio, es de cobardes, así que sigo inventando, chascando los dedos, moviéndome.

Me pongo a colgar cuadros de cine en el salón. Estoy sola con mi jazz. Agarro el martillo, no tengo nivel, me importa un carajo, a ojo, lo haré a ojo. Acabo y me gusta el resultado. Me regocijo, me doy besos y abrazos, me abro una cerveza.

Ya es de noche, madrugada. Un gran estruendo me hace saltar de la cama. No es tormenta, no son truenos, son los cuadros, sí, han de ser ellos ¿Cuántos se habrán lanzado al vacío…? No me levanto. Mañana decidiré si los recojo, si los dejo o si los regalo, aunque vuelva a hacer viento, mucho viento, o quizás precisamente por eso.

*Va por ti, Dani (sigue inventando palabras. Te quiero)

viento

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s