Estoy hasta el coño

Estoy hasta el coño.

Estoy hasta el coño, así, en líneas generales.

Estoy hasta el coño de tus soliloquios, de tu gesto adusto, de tu cara de arbusto (immmmbécil).

Estoy hasta el coño al cubo; hasta el triquini de la operación bikini.

Estoy hasta el coño de que si eres madre tengas que mantener el tipo aunque estés hecha añicos. Quéjate, tienes derecho, estás hasta el coño, nada más que eso, eres una buena madre, la mejor, solo que estás, así, hasta el coño…

Estoy hasta el coño del puto verano con su puto calor.

Las princesas Disney también están hasta el coño. Están hasta el coño de sus zapatitos de cristal, de que las saquen a bailar cuando no les apetece una mierda bailar el vals, de cantar con los animalitos del bosque como si fueran cast-members – perturbadas- de Faunia, de soñar con príncipes azules cuando en realidad los prefieren con barba, sin espada y sin coraza.

Estoy hasta el coño de los que se quejan de los lunes, de los martes, de los miércoles, de los jueves y solo están de buen rollo cuando es viernes… ¿qué mierda estáis haciendo? ¡vivid y dejad de quejaros, que me tenéis hasta el coño!

Ayer fui a comprar el pan y me preguntó la de la tienda:

-¿Qué tal?

-Pues mira, muy bien, hasta el coño…

Se rió, se puso colorada y se relajó.

La del pan también está hasta el coño, como tú, como yo, y saber que no es la única mujer sobre la faz de la tierra que está hasta el coño le hace sentirse aliviada, liviana, más mejor.

Hola me llamo Sushi Q. y yo también estoy hasta el coño.

*Por favor, las que estéis hasta el coño manifestaos (bueno, si os sale del coño, claro)

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