Lo que se aprende de las salamandras

Pensaba escribir acerca de nuestras vacaciones, de los 1.800 kilómetros existentes entre Cracovia y Budapest si uno conduce, carretera y mantra, deteniéndose en una Venecia que no estaba en ruta pero nos atrapa. No lo haré, sin embargo, necesito escribir de algo carente de rumbo, sin itinerario. 

Hoy me apetece escribir sobre palabras, de conversaciones de porche hasta las mil de la mañana, acerca del disfrute de lo sutil, sobre lo que se aprende del silencio y de las salamandras.

Necesito hablar del poco interés que me generan las vidas prefabricadas, esas vidas carentes de pausas, saturadas de compromisos, de postureos, de sonrisas con la boca que los ojos no acompañan, de hipocresía rancia, repletas de todo y vacías de esencia, de sustancia. Vidas sin tuétano.

El otro día alguien me dijo:

-Eres auténtica, Sushi Q. 

Me sentí reconfortada, bien. Mola ser auténtica, o que así te consideren sin tener tú consciencia de nada. Me gustó mucho aquello. No sé si lo soy, pero tengo claro que si estoy mal no me planto una sonrisa de plexiglás en la cara; si estoy mal, lloro, hablo sola, digo palabrotas, agoto las existencias de clínex y dejo que se me hinchen los ojos como una rana afónica y amargada.

También sé que cuando estoy bien, sonrío, sonrío muy grande, muy alto y contagio de alegría al que está a mi lado.

Cuando no quiero hablar, callo, escucho y me maravillo, o no, de lo que otros hablan, sueltan, largan… Vigilo a las salamandras del porche cuando callo. Estiro las piernas, las observo, aprendo del sigilo de sus movimientos, de su fuerza para no caer, de sus ojos saltones y de cómo el salamandro se acerca a la salamandra y ésta huye dejándole el alma destrozada.

Escucho más que hablo, salvo cuando estoy contigo, claro… cuando estoy contigo no paro… ¿A quién podría contarle, sino, que las salamandras están flirteando o que cuando dices abedul veo y paladeo una gominola azul? Podría contárselo a cualquiera, pero es que cualquiera no entiende de sinestesias. 

Sutil, mantra, silencio, esencia, sustancia, tuétano, sigilo, abedul, sinestesia…es alucinante lo que se puede aprender de las salamandras tan sólo con detenerse y observarlas…

 

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6 thoughts on “Lo que se aprende de las salamandras

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