De boleros, Jeremy Irons y médicos de cabecera

Si nos dejan nos vamos a querer toda la viiiida, si nos dejan nos vamos a vivir a un mundo nuevoooo….

De esta guisa me encontraba ayer en casa haciendo deporte, con la música a tope, cantando y sudando cual Cerda sobre elíptico con crujiente de endorfinas, cuando caí en la cuenta de que normalmente no me pongo este tipo de música para deportivear, sino todo lo contrario: heavy metal, rock, música indie… y que llevo como dos o tres días, yo no sé que me ha dao, que no paro de escuchar boleros. Por cierto, Luis Miguel: vozarrón ¿eh? un hortera que te cagas pero vozarrón… y claro me quedé así, como rara… No sé si es algo pasajero o si ya va a ser siempre así, pero no me preocupa mucho, la verdad es que me la suda, como el deporte.

El jueves estuve en el médico, no mi médico de cabecera, el amor de mi vida, mi pareja, no, otro. Había una mujer tristísima en la sala de espera. No sé que le pasaba pero algo gordo era. Su gesto cabizbajo, sus gafas de sol, su gesto amargo… yo creo que ni con deporte hubiera logrado sentirse menos vacía.

Noté que su tristeza me invadía y dejé de mirarla, no quería acabar como ella, porque la tristeza se pega, es como el chapapote, se pega y no hay modo humano de deshacerse de ella. Fui egoísta, lo reconozco, normalmente voy por ahí ofreciendo caramelos de menta a la gente, así sin conocerla, pero con ella no pude, lo siento: no pude acercarme a ti, desprendías tanto dolor y yo tanta alegría que no quería perderla y acabar como tú, espero que estés algo mejor, de corazón.

Mi médico es un cachondo, un tipo genial. A veces me gusta tener la garganta inflamada, gastroenteritis o cualquier cosa que acabe en -itis, para ir a su consulta y acabar como el otro día, hablando de ateísmo, agnosticismo, literatura, historia y arte en todas sus variedades. Parece una partida de Trivial pero sin quesitos ni tablero, ahí todo a capella y sin orquesta.

Salí de allí de buen rollo, ya estaba yéndose el sol. Quedé con mi amor, mi otro médico, en un sitio de Madrid y, como siempre, me perdí. Ya estoy acostumbrada, el gps y yo no tenemos ningún tipo de química orgánica, lo he asumido, me pierdo y disfruto callejeando porque sé que al final me acabo encontrando.

Pues en esas estaba: y ahíiii, juntitos los dooooosssss, cerquita de diooooossss, será lo que soñamooossssss, cuando de repente ¡plas!

OSTIÓN

Retrovisor estampado contra contenedor de papel repleto…. un ostión como dios manda, vamos.

-Eso me pasa por atea- pensé- a qué cojones se me ocurre cantar a todo trapo lo de y ahiiii, cerquita de diooossss…. es que no tienes conocimiento, hija, mira que eres inocente, dios te ha castigao…

Respiré hondo, mantuve la calma y  me paré en un paso de cebra para, desde mi asiento, estirar la mano intentando enderezarlo.

De pronto, así como de la nada, apareció un hombre, no había nadie en la calle lo prometo, y de repente, apareció él, un Jeremy Irons de la vida, os lo juro era Jeremy Irons o un tipo clavado: manos delicadas, uñas perfectamente cortadas, pelo canoso y liso un pelín largo, delgado y rostro atractivo.

-¿Puedo ayudarte en algo?- me dijo con una educación exquisita.

-Pues mira, me acabo de dar un golpe contra un contenedor y no sé si esto tiene arreglo, Jeremy (pensé para mis adentros)

-Déjame mirar, por lo que veo tiene unas patitas de plástico, voy a apretar el cristal a ver si encaja… ¿te parece?

-Sí, sí, claro, Jeremy, todo tuyo.

Y con sus preciosas manos y un gesto delicado hizo: clic y ¡joder, encajó a la primera!

-Eres la polla, Jeremy (volví a pensar para mis adentros)

-Muy amable de verdad, muchísimas gracias….(le dije en realidad)

-De nada, de nada…

Y se fue igual de rápido que había llegado, no me dio tiempo ni a ofrecerle un caramelo de menta. Estuve a punto de pararme a llorar de la emoción, la gente amable puede conmigo: Os odio, gente amable, dejad de ser amables conmigo porque una es sensible y también amable y claro, con tanta gente amable por el mundo al final voy a tener que comprar los caramelos de menta a granel en el Makro y no, no me da para tanto…

Me encantaría haber hablado un ratito más con Jeremy, saber a dónde iba, pero todo fue muy rápido, como la vida, así que me quedé con buen sabor de boca y sus huellas dactilares plantadas en mi espejo retrovisor.

Por favor, si alguien sabe de quién son que me lo diga a fin de encontrarle y volver a agradecerle el detalle. Dejo fotos por si acaso y la promesa de un caramelo de menta a quien me dé la respuesta. Gracias.

Ah, os dejo a Luis Miguel también, pero cuidado, si sois ateos omitid lo de: ahiiii juntitos los dos, cerquita de dioooossss…

 

 

 

 

Anuncios

One thought on “De boleros, Jeremy Irons y médicos de cabecera

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s