De gente sonriente y no sonriente

Me gusta la gente que sonríe al otro lado del teléfono; no los ves, pero su voz sonríe.

Te llaman:

-Buenos días mi nombre es Verónica y le llamo del servicio de atención al cliente de tal, tal, tal…

Entonces le respondes:

-Hola, Verónica- y sonríes.

Verónica nota que estás sonriendo al otro lado, se relaja y deja de hablarte como una máquina expendedora de tristeza… ¡de pronto se siente humana!

Me encanta dirigirme a la gente por su nombre, para eso nos regalaron uno ¿no?

Debajo de mi casa hay una tienda pequeñita regentada por una familia china. Mi hijo de 4 años comenzó a gritar al padre:

– ¡Eh, chino! ¡Hola, chino!

Un día le dije:

-Hijo, seguramente tiene un nombre ¿por qué no se lo preguntamos? Estoy convencida de que le alegrará escucharlo. ¿A ti te gusta que digan tu nombre o preferirías que te chillaran: ¡Eh, niño! ¡Niño, eh, niño!?

Desde entonces le saludamos por su nombre: Yuping, y a su mujer por el suyo: Sao King y siempre tienen una enorme sonrisa china en la boca.

El hombrecito de correos sonríe, es amable, es gracioso, hace su trabajo mejor que bien.

-¡A ver, que dé un paso al frente el número 336 para recoger¡ ¡ Vamos número 336, no sea tímido…a la de una, a la de dos…. ¡adjudicado!

Voy mucho a correos con mi hijo y siempre que está el hombrecito salgo de allí con un chute de alegría enorme. Es como *George Bailey. Es tan amable y tan sencillo que siempre regreso a casa emocionada y llena de gratitud.

El barrendero de la calle donde viven mis padres es un tipo genial (ya le dediqué una entrada en mi antiguo blog) Siempre te sonríe y saluda, ya esté pelao de frío o achicharrado en pleno mes de julio… ¡gracias, joder, gracias!

¡Bravo por la gente que sonríe en su trabajo! ¡Bravo por los que sonreís al otro lado del teléfono! ¡Bravo por los que no sonreís! Sí, bravo también por vosotros, quizás no os enseñaron a hacerlo o quizás llevéis una pena inmensa dentro. No os juzgo, no sé nada sobre vuestras vidas pero si os veo por la calle os sonrío, y si no me devolvéis la sonrisa espero, que al menos, os haya conmovido.

Sushi Q.

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¡Feliz Navidad y Próspero Año Tuerto!

Y es que no es normal, lo que sucede en las cabalgatas de Reyes no es normal.

Desde el Rey Baltasar teñido de betún de Judea que parece una puerta (exceptuando el cuello y las orejas; flipo) hasta majorettes, de verdad, un año vi majorettes, muertas de frío y con la bandera de Estados Unidos….vaaaaaale, que no es plan de poner al Negro del Pollón, que tendrá un caché tan bestia como su rabo, pero coño, que negros de verdad hay, por dios ¡dejad de pintar de negro a concejales blancos, que los niños ahora son muy avispados y luego te fríen a preguntas y acabas loca perdida!

Pero lo más fuerte, lo más heavy, lo más brutal, son los lanzadores profesionales de caramelos. Sí, ellos, homicidas en potencia que tiran a dar, joder, que se les ve, que van a matar, que los lanzan a degüello, que si os fijáis bien lo tienen todo estudiado: se muerden el labio de abajo, agarran bien la munición, te miran, siiiiiii, te están mirando a ti, y ¡zas! te lanzan los caramelos que si no los esquivas acabas tuerto* ¡Feliz Navidad y prospero Año Tuerto!

 *Yo este año voy a hacerme con unas  gafas de soldador, hago un llamamiento a la comunidad que no quiera perder un ojo, o los dos, a hacerlo. Gracias.

Otra figura típica, y con cada vez más acogida dentro de esta celebración lúdica, es la del Abuelo Ninja…. sí, ese abuelo que ves todos los días llevado a rastras por sus nietos al colegio,  aterido de frío e inmóvil (ole por los abuelos ¿eh? ole por ellos) y que en la cabalgata de Reyes no se qué cojones se toman que cuando los padres queremos coger unos cuantos caramelos: ¡fiiiiuuuummmm! en una maniobra física paranormal que ni Bruce Lee podría imitar, ya se han agachado y han arrasado con todos,  salvo los de anís ¿¡¡pero seréis cabrones!!? Flipo con los abuelos ninjas, qué capacidad de reacción, de rastreo de la zona, de discriminación entre los buenos y los de anís y de recogida. Me quito el sombrero, de verdad, me quito el sombrero.

A mí me da mucho miedo cuando viene Bob Esponja. Está loco, muy loco y como los niños empiezan a corearle se viene arriba y claro, pues luego los padres tenemos pesadillas. Esos dientes de castor hipertrofiado, esos ojos de consumidor habitual de metanfetamina azul que nunca parpadean, ese vaivén para un lado y para otro sobre sus piernecitas flacas de Mick Jagger… diosssssss es aterrador…

Y luego están los bomberos: mi carroza favorita, cuando empieza a acercarse no sé que me da que se me quita el frío. Muy fan del cuerpo de bomberos, mucho ¡ole por ellos! Pero claro, cuando ya tienes en frente a la carroza y te fijas… ¿dónde cojones están los bomberos de los calendarios que compras para hacer el bien a los más necesitados? ¡Por ningún lado! en mi cabalgata no salen ellos… de verdad, que puto timo, un timazo…

Así que ya sabéis, para poder disfrutar de una cabalgata lo más segura posible: ataviaos con unas buenas gafas de soldador, evitad que los niños se acerquen a Bob Esponja (no sea que les inicie en el consumo de drogas), distraed a vuestros hijos si el Rey Baltasar está pintado de negro (evitaréis que el niño os fría a preguntas luego) y dejad a los abuelos su hueco para no caer en reyertas y otro tipo de escenas nada navideñas.

¡Feliz navidad y prospero año Tuerto!

Sushi Q.

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Os animo

Feliz nuevo año, os animo a no desperdiciarlo.

Os animo a vivir, a enamoraros, a no acobardaros.

Os animo a continuar, siempre se puede avanzar un poco más, aunque la sopa se enfríe y se nos desgasten los calcetines.

Os animo, también, a veniros abajo de vez en cuando; es sano, muy sano y cuando volváis a levantaros sentiréis que sois fuertes, que lo habéis superado.

Somos humanos, necesitamos llorar, desahogarnos. Somos humanos, salvo los que nos matan, nos violan, nos maltratan, nos humillan y nos despedazan. Para ellos no va mi ánimo, para ellos va mi desprecio, mi odio, mi rabia y mi puño en alto.

Sororidad.

Os animo a que cada mañana destinéis uno segundos a estiraros en la cama, a ronronear y a daros cuenta de que los lunes, los martes y los miércoles son días de vida que matáis cada vez que gruñís porque el viernes aún no está (sois gilipollas, perdonadme, pero sois gilipollas)

Os animo a cultivar amigos, a regarlos y a florecerlos.

Os animo a repartir afecto y a no esquivar abrazos, que quedan pocos, que están faltando.

Cuando todo esté patas arriba haced el pino, os animo a ver todo desde otra perspectiva, comprad un caleidoscopio, haced de lo distinto buen acopio.

Todos tenemos dramas, dramas horrorosos. Todos tenemos un alguien que se fue, un tren que se perdió por miedo a subirnos a él… os animo a recordar con cariño a los que se fueron, a poner velas por ellos, a agradecerles lo que nos dieron y a seguir caminando sin culpa y sonriendo.

Cuando os hagan cosquillas no os separéis, reíos, descojonaos. Juntaos con gente a la que se le sonrojen las mejillas, acampad junto al buen humor, probad nuevos platos, nuevos perfumes, inventad nuevos colores.

Viajad sin rumbo, salid de vuestra zona de confort, no pasa nada, pasa mucho, por eso os animo a salir y a permitir que os pase mucho.

El Mundo es de los que se arriesgan: menuda frase típica, manida y vacua. El Mundo es de todos, no solo de los que se arriesgan. Os animo a arriesgaros, pero no por haceros con el Mundo, ¿acaso os cabe en el armario? sino por el simple placer que proporciona saltarse la rutina, bailar el mambo, caminar descalzo por la plaza de San Marco una madrugada veneciana y descubrir que hay vida más allá de vuestra mirilla.

Feliz año nuevo, y si no estáis bien os animo a que lloréis, pero a que lo hagáis con ganas, con rabia, con lagrimones, con mocos, con la cara roja y los ojos saltones.

Y si no estáis bien, aún después de haber llorado, os animo a estarlo, al menos aunque solo sea un rato.

Sushi Q.

gracias