¡Feliz Navidad y Próspero Año Tuerto!

Y es que no es normal, lo que sucede en las cabalgatas de Reyes no es normal.

Desde el Rey Baltasar teñido de betún de Judea que parece una puerta (exceptuando el cuello y las orejas; flipo) hasta majorettes, de verdad, un año vi majorettes, muertas de frío y con la bandera de Estados Unidos….vaaaaaale, que no es plan de poner al Negro del Pollón, que tendrá un caché tan bestia como su rabo, pero coño, que negros de verdad hay, por dios ¡dejad de pintar de negro a concejales blancos, que los niños ahora son muy avispados y luego te fríen a preguntas y acabas loca perdida!

Pero lo más fuerte, lo más heavy, lo más brutal, son los lanzadores profesionales de caramelos. Sí, ellos, homicidas en potencia que tiran a dar, joder, que se les ve, que van a matar, que los lanzan a degüello, que si os fijáis bien lo tienen todo estudiado: se muerden el labio de abajo, agarran bien la munición, te miran, siiiiiii, te están mirando a ti, y ¡zas! te lanzan los caramelos que si no los esquivas acabas tuerto* ¡Feliz Navidad y prospero Año Tuerto!

 *Yo este año voy a hacerme con unas  gafas de soldador, hago un llamamiento a la comunidad que no quiera perder un ojo, o los dos, a hacerlo. Gracias.

Otra figura típica, y con cada vez más acogida dentro de esta celebración lúdica, es la del Abuelo Ninja…. sí, ese abuelo que ves todos los días llevado a rastras por sus nietos al colegio,  aterido de frío e inmóvil (ole por los abuelos ¿eh? ole por ellos) y que en la cabalgata de Reyes no se qué cojones se toman que cuando los padres queremos coger unos cuantos caramelos: ¡fiiiiuuuummmm! en una maniobra física paranormal que ni Bruce Lee podría imitar, ya se han agachado y han arrasado con todos,  salvo los de anís ¿¡¡pero seréis cabrones!!? Flipo con los abuelos ninjas, qué capacidad de reacción, de rastreo de la zona, de discriminación entre los buenos y los de anís y de recogida. Me quito el sombrero, de verdad, me quito el sombrero.

A mí me da mucho miedo cuando viene Bob Esponja. Está loco, muy loco y como los niños empiezan a corearle se viene arriba y claro, pues luego los padres tenemos pesadillas. Esos dientes de castor hipertrofiado, esos ojos de consumidor habitual de metanfetamina azul que nunca parpadean, ese vaivén para un lado y para otro sobre sus piernecitas flacas de Mick Jagger… diosssssss es aterrador…

Y luego están los bomberos: mi carroza favorita, cuando empieza a acercarse no sé que me da que se me quita el frío. Muy fan del cuerpo de bomberos, mucho ¡ole por ellos! Pero claro, cuando ya tienes en frente a la carroza y te fijas… ¿dónde cojones están los bomberos de los calendarios que compras para hacer el bien a los más necesitados? ¡Por ningún lado! en mi cabalgata no salen ellos… de verdad, que puto timo, un timazo…

Así que ya sabéis, para poder disfrutar de una cabalgata lo más segura posible: ataviaos con unas buenas gafas de soldador, evitad que los niños se acerquen a Bob Esponja (no sea que les inicie en el consumo de drogas), distraed a vuestros hijos si el Rey Baltasar está pintado de negro (evitaréis que el niño os fría a preguntas luego) y dejad a los abuelos su hueco para no caer en reyertas y otro tipo de escenas nada navideñas.

¡Feliz navidad y prospero año Tuerto!

Sushi Q.

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