Cuarentena

Me gusta mi cuarentena; leo con gafas de cerca pero me sientan tan bien que no me afecta.

Los años me están haciendo más paciente, menos cuando me cabreo porque no tengo batería en el cepillo de dientes.

Me gustan mis ojeras, mi piel ya no es como a los treinta. No me cambio por los treinta, prefiero mi cabeza de ahora, mi fortaleza de ahora, mis arruguitas de ahora, salvo cuando veo alguna foto de esa época y caigo en que estaba tremenda. Pero no, no me cambio, estoy hecha de cachitos que juntos conforman un algo bonito.

Voy templando mi carácter, menos cuando un jélipoller me quita una plaza de parking.

-Bravo- le digo – adelante, toda tuya, la has conseguido.

Y como no sabe qué decir porque le hablo con una sonrisa amable,  pues no dice nada y se marcha. Y claro, me dan ganas de abofetearle pero no lo hago porque tengo que comprar sushi para una sushi cena yo sola con mi mismidad y no me apetece que nadie me joda mi mismidad, mi cena, mi peli antigua y mi plan.

Disfruto haciendo las cosas despacio, sin correr, sin ir a destajo, salvo cuando estoy hasta el coño y meto los platos en el lavavajillas a su puta bola porque sí, porque mi cuarentena me ha vuelto más calmada pero soy humana, soy persona, soy persiana veneciana…

No me gusta la palabra cuarentona, prefiero las carantoñas. Cuarentona es despectivo y no puede ser uno despectivo con una mujer que está en plena cuarentena y que va repartiendo alegría y bordería a partes desiguales por la vida; soy más de alegrías que de borderías, la verdad, lo bueno es que ahora lo suelto, paso de anclas y de morderme la lengua, eso ya lo dejé, lo desterré…

Me gusto, me asusto, a veces desearía esconderme en un arbusto…pero soy valiente, puñetera, fuerte, me gusta mi cuarentena pero sin estar aislada, sin zona de confort almohadillada.. salgo, entro, corro, me despeino, viajo, viajo, viajo… dios, adoro perderme por el mundo, en los brazos de mi hijo, en un libro…

Me gusta mi cuarentena, me gusta mi compañero, que viene así de repente y me da un beso en el cuello y me dice que soy preciosa, que sin rimmel estoy maravillosa como una mariposa…

Entonces me relajo, valoro más aún mi vida de ahora, el amor que me rodea y me convierto en caramelo de tofe, me derrito y dejo sobre el suelo un charco de ternura que no quiero limpiar porque limpiarse de ternuras envejece el alma, reseca el corazón y aumenta el colesterol…

Me gusta mi cuarentena y mis gafas de cerca…

Sushi Q.

cuarentena

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