Ternura

La ternura no tiene color, es llana, humilde y no entiende de gritos.

Suele encontrarse en el brillo de los ojos de los abuelos, en el polvo de las alas de las mariposas y en el tacto de los pétalos de los tulipanes.

Ternura es mi hijo peinándome, sus orejas coloradas cuando duerme y sus pelos revueltos como los de una abuela que sale de casa en bata por la mañana.

Hay veces que la ternura se esconde en sitios muy extraños, una vez encontré ternura al ir a purgar un radiador; empezó a soltar aire y después sólo agua, mucho agua. Decidí detener el exceso de ternura con el destornillador pues ese día no quería llorar, sólo sentirme tierna.

También existe la sopa de ternura; la sopa de ternura está hecha de estrellas y ha de servirse calentita, si no pierde sus propiedades organolépticas y todo se va a la mierda.

Hay ternura en la voz de la  mujer del estanco de abajo.

El musgo es ternura.

Los charcos de lluvia están conformados en parte por ternura, en parte por agua y un poco de pis de perro abandonado.

Una uña desconchada, porque he estado jugando con mi hijo y no he tenido tiempo de pintármela, es ternura.

Una prenda de ropa cayendo de su percha en una tienda, donde todo el mundo la ve pero nadie la recoge, es ternura.

Si encuentras ternura en el hall de tu casa no la barras, quizás en algún momento te haga falta.

Llevo con un nudo en la garganta desde hace unos cuantos días. Necesitaba escribir esto, necesitaba poner un poco de ternura a ese nudo y deshacerlo. Creo que algo lo he disuelto…

Sushi Q.sopa-de-ternura

 

 

 

Las verdades no existen

Llueve y siempre que llueve mis ojos se achinan y mi cuerpo se destensa.

No entiendo a la gente que no ama la lluvia, pero la respeto.

Supongo que cada uno nacemos amando u odiando algo ya de serie.

Hay gente de agua, tormentas y otoño (como yo) Hay gente de sol, calor y agosto.

Odio el agosto. No odio a los agostados. No se me ocurriría.

Se puede ser de sal sin tener que gustarte el tequila. A mí me gusta la lluvia y el morado del cielo antes de estallar en tormenta.

Mi hijo no ve el cielo morado justo antes de llover, él lo ve gris. Nos entendemos. Nos llevamos bien, nos amamos.

Uno puede ser de arena, otro de canela y jengibre. El truco es no imponer, no acallar, no creerse poseedor de la verdad absoluta.

Las verdades absolutas no existen, existen las mentiras piadosas. La única verdad que concibo es esta, el ahora, este ratito en el que mientras llueve escribo sin que nadie me mire, ni me frene, ni tan siquiera me lea.

La única verdad que concibo es aquella que no mira mal a las mentirijillas y que se deja hacer cosquillas en la barriga.

Sushi Q.