Curvas

Mi vida está llena de cosas redondeadas. Tiendo a redondearlo todo, desde mi espalda, cuando acabo de entrenar en el gimnasio y me estiro como un gato, hasta las figuras de plastilina que moldeo junto a mi hijo.

El bolso que llevo hoy es de lunares, la funda de las gafas y el tarro de crema de manos, igual. Todo redondo, curvo, apacible.

Me limo las uñas con cuidadito para que no quede ningún pico.

Mi letra se curva como si quisiera proteger mi mundo en un abrazo perfecto y circular. No me gustan las aristas ni la gente arisca. Curvas.

Trato de enseñar a mi hijo el poder de las sonrisas y que si curvas los labios hacia arriba te brillan los ojos y atraes lo bueno… es curioso como imita mi manera de dibujar corazones,  los acabo con un trazo curvo al final y él los hace igual, como si solo existiera una forma de hacer corazones, espero que algún día encuentre la suya.

Odio a la gente que clava el boli al escribir y lo hace con furia, como si estuvieran apuñalando al papel…bueno, no odio a la gente, odio esa manera de escribir tan violenta, supongo que no saben hacerlo de otra forma o que no son de curvas sino de aristas…

Una vez, estando en Pekín, una amiga que vivía allí (china, chinísima de rasgos pero criada en Carabanchel 😂)me levantó de la mesa en la que estábamos cenando y recorrimos todo el restaurante observando curvas. Me contó que a los chinos no les gustan nada las formas que acaban en pico y  fue mostrándome la curva que había en cada mueble, plato, cubierto, fuente… jamás voy a olvidarlo, fue maravilloso, maravilloso y amable. Curvas.

Mi cuerpo es curvilíneo, muchos hombres se han mareado al recorrerlo, creo que a partir de ahora avisaré para que, por favor, se tomen una Biodramina a fin de evitar pájaras y desmayos dramáticos. Curvas, curvas, muchas curvas 😂

Últimamente estoy cuidando mucho mi corazón, calmándolo… tiende a precipitarse y se exalta, es un poco heavy, un poco macarra … lo acurruco y le digo palabras bonitas, después, redondeo mi cuerpo, lo abrazo, me convierto en bicho bola y me acuno entre mantas de topos dorados y música curvilínea…

Sushi Q.

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Queremos

Queremos tener una casa ‘mejor’, una cafetera ‘mejor’, un coche ‘mejor’…

Queremos un día sin nubes, una carne al punto pero que no sangre, unos hijos perfectos que sepan leer a los tres años y que no se manchen…

Queremos un amor de nuestra vida, una media naranja que nos complemente y nos haga zumo cada noche en la cama…

Queremos no salir de nuestra zona de confort porque lo de fuera nos aterra y nos revuelve…

Queremos, queremos, queremos…

Yo también quiero y muchas veces, de tanto querer, me pierdo en lo no importante.

Yo no tengo casa, vivo alquilada, me gusta mi ‘no casa’. Allá donde voy siempre creo mi hogar, no me da miedo, siempre acabo haciéndolo.

Quiero que me quieran, y me quieren.

Quiero seguir viajando sin guía, sin viaje organizado y sin zona de confort, el confort ya me lo busco yo.

Quiero mis días nublados y mi carne al punto sangrando.

No quiero ni media naranja, no existe; prefiero mi medio limón y que me de mucho amor.

No quiero que mi hijo sepa leer a los cinco años, quiero que aprenda cuando le llame y que de mayor devore libros como su madre (Yo aprendí a leer casi a los siete… benditos padres que hablaron con mi profe para que no me enseñara a leer hasta que yo no quisiera)

Pensamos demasiado, mucho, muy a lo largo…

Esta noche no voy a pensar a lo largo, voy a hacerlo a lo ancho, en mi cama enorme (porque la tengo y la disfruto), en mi mundo de introspección y de soledad (adoro la soledad)

Tengo miedo, y no es malo; todos tenemos miedo, el caso es reconocerlo, acariciarlo y no pensarlo tanto (si no se crece 😉)

Queremos, queremos, queremos y no nos damos cuenta que todo lo llevamos dentro…