Luna Hiena

Hoy había una luna enorme, supongo que ‘hiena’, no la oí reírse.

Salía del gimnasio y ahí estaba: entera, verdadera, como para mi sola, como una llamada de atención o algo…

No podía dejar de mirarla y, como soy tan despistada, despisté mis sentidos arácnidos y acabé tropezando y cayendo en el agujero de un árbol.

Me reí yo sola, soy así, me reí como una hiena y la Luna me miraba y yo la miraba a ella (parezco García Lorca, pero no, solo soy una rubia enloquecida y abrumada por las cosas buenas que le pasan)

Saqué la compra del coche, subí a casa, tiré la bolsa de ensalada a la nevera como si no me importara, como si fuera Escarlata O’Hara y me importara un bledo Clark Gable.

Hice compra antes de ir al gimnasio. Hago compra despistada, sin lista, pillando lo que veo sin fijarme en las ofertas porque soy así y sonrío cuando veo que en mi nevera hay más cosas empaquetadas que las cajas que he hecho en todas mis mudanzas.

No me asustan las mudanzas, me asusta perder la cuenta de las veces que me he ilusionado y no ha servido de nada.

Soy el espíritu de la contradicción, pero así soy: loca, cuerda, valiente, apasionada…

La Luna, probablemente, se rió mucho de mi al verme caer y chocar contra el árbol. Se rió como una hiena, estoy segura, sin piedad y sin pena, pero bueno, no la culpo, hace su trabajo: alucinar a la gente y hacerle saber que ahí sigue: maravillosa. inmensa y un poco lunática.

Sushi Q. (Sigo estando)

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