Mimetizarse o morir

Estoy feliz. No es lo mismo estar feliz que serlo. Ser feliz todo el rato no es posible y creo que hasta podría ser denunciable (gente que sois felices todo el rato: bajad de ahí que ahí no es)

Estar feliz mola: es puntual, sencillo, práctico ¿verdad?

Cuando una está feliz saltan chispas.

Odio el polen. No soy alérgica pero lo odio. Cuando nieva polen no estoy feliz. Tampoco estoy infeliz, simplemente me cabreo.

Cabrearse es bueno, estirar todo tu cuerpo y bostezar sin taparse la boca es bueno.

Hace años, conociendo China (un mes estuve allí) descubrí por qué los chinos viven tanto y por qué están tan felices (bueno, los que están felices):

Cuidan su cuerpo y su alma, pasean, frotan su espalda contra los árboles, escupen, hacen Tai Chi en los parques, bailan, se suenan los mocos sin pañuelo.

Al principio me chocaba, joderrr, que asco… después de estar allí un tiempo y observarles (parece que esté hablando de monos en un zoo y no es eso, observaba para empaparme, para mimetizarme) comprendí por qué lo hacían: para liberarse de toda la mierda que llevaban dentro.

En Pekín no había tanta polución, pero fue llegar a Shanghai y … el horror. No se podía ni respirar. Visité a Los Guerreros y, en plena tormenta de arena, lo único que quería hacer era escupir, sonarme los mocos y respirar.

Cuánto he aprendido de mis viajes por el mundo, cuánto. Solo hace falta dejarse llevar, sonreír y no prejuzgar.

Este verano tengo unos días libres y estoy planeando hacer un viaje sola, alone, con mi mochila y mi curiosidad; nada de viajes programados, los odio. Necesito perderme, conocer, hablar con desconocidos, intercambiar palillos, cigarros, copas de vino. Llevo necesitándolo mucho tiempo.

No sé a donde iré, solo se que me mimetizaré con lo que encuentre. Cuando te mimetizas, aprendes y aprender es lo que mueve mi mundo.

Mimetizarse o morir.

Sushi Q. (Casi recuperada de mi lesión del pie y con ganas de mimetizarme con el ambiente)

*Con estas zapatillas recorrí Vietnam y Camboya. No quiero tirarlas, están destrozadas pero son parte de mi vida. Las llevaré en mi viaje.

Magnetismo

Esta noche me siento en paz.

Mi hijo duerme, yo leo cosas, cosas de esas que me hacen bien. Mis cosas.

Estoy recostada en la cama. Un enorme cojín suave sostiene la curvatura de mi espalda. Una bonita espalda.

Salgo de mi cuerpo, me elevo y observo desde arriba mi figura. Me gusta ese plano cenital y me envío una amplia sonrisa.

Voy volando por todas las estancias de casa. Me detengo sobre la cama de mi hijo sonrío.

-Te quiero, hijo.

Sigo flotando y observando lo que he construido durante estos años. No me falta nada, me sobraban cosas, lugares y personas.

Tengo la habilidad de atraer lo bueno. Soy una especie de imán que absorbe lo que le hace bien y deja ir lo que le provoca dentera, nervios y acidez. Inteligencia emocional, lo llaman, yo prefiero hablar de ‘rubia que a veces tiene accesos de listeza’.

Me siento en paz. Mi respiración es pausada. Mi gesto, relajado. No tengo presión en el pecho.

Me levanto, voy al baño, me deshago la coleta. Me miro al espejo.

-Qué guapa eres. Bueno, guapa no, atractiva. Siempre has tenido un magnetismo especial para atraer lo que has ido necesitando. Quizás sea la magnetoterapia de la rehabilitación, no te flipes… que chula te están volviendo los años… cuánto descaro…

Regreso a la cama. Vuelvo a recostarme. Sonrío, estiro las piernas. Sonrío.

Soy un imán de cosas buenas. Soy un imán de gente amorosa, abrazona, amable, creativa, sonriente, auténtica.

Ahora sí que sí. Vuelvo a ser. Me he encontrado sin necesidad de buscar abrazos, amores sin sentido, miradas descalzas, palabras sin voz, cuerpos sin esperanza.

Bendita soledad. Bendito magnetismo. Bendita seguridad en mi.

Sushi Q. (en vías de mi recuperación física, en vías de volver al gym, en mis vías, en mis cabales y en mis descabales)