Vivir en gerundio

¿Y por qué todo tiene que ser según lo prefijado? ¿Y por qué no vivir todo el tiempo en gerundio?

El gerundio mola. Es el momento en el que abres un regalo de Navidad y después todo se desvanece… ese momento, ese justo momento.

El gerundio es eso que estás haciendo y, de repente, ya no está porque es pasado.

Deberíamos enamorarnos y desenamorarnos en gerundio, es decir, enamorarte al máximo y, después, desenamorarte para volver a sentir, de nuevo, mariposas por todo el cuerpo.

Es injusto disponer de un solo momento en tu vida para ello, más que injusto es antinatura, creo yo. Huele como a rancio, a humo de puro, a anticuado.

Es tan bonito el coqueteo. Es tan fascinante el aleteo de las mariposas. No creo en el amor para siempre, no creo en el amor de manual: verdadero e imperturbable para toda la vida.

Creo en el amor, quizás desatinado, de una noche de verano en el que lo das todo y después, después vuelve el gerundio con su aleteo, coqueteo, pestañeo y te pone ‘lo fregao’ patas arriba.

Otoño, ya se acerca, siempre lo ansío, lo abrazo y lo enamoro. Otoño, la mejor estación (hasta que inventen otra)

Sushi Q. (Romántica empedernida pero solo para un rato)

*’Til I find somebody new…

De Quantico y la lluvia

No sé qué hora será ahora mismo en Quantico (Virginia), pero sé que odio ver salir el arco iris después de una tormenta.

El arco iris lo estropea todo, es como el final feliz de una comedia romántica. Es el beso, el puñetero beso. Paradójicamente, me encantan las comedias románticas, no todas, claro, pero las que lo hacen me calan mucho y muy húmedo… ¡uy! volvamos a la tormenta y al puto arco iris.

Pues eso, que lo estropea todo, lo mata, pone paz… acaba con el desvarío de los rayos, con el estruendo de los truenos, con la locura de la lluvia enrabietándolo todo con sus baquetas salvajes…

Una vez, cumplí treinta y cuatro años en Guilin (China). Digo una vez sabiendo que estoy siendo pleonásmica pero me apetecía aclararlo por si alguien pensaba que tenía siete vidas como un gato. De momento, solo tengo una y, además, soy alérgica a los gatos. No sé qué hora será ahora mismo en Quantico (Virginia), pero sé que odio a los gatos.

Sigo con mi cumple…

Pues allí estaba, tomando una cerveza Tsingtao maravillosa cuando, ¡oh milagro!, comenzó a llover de una manera arrebatadora, estrepitosa, furiosa… La terraza donde me encontraba colapsó en cinco minutos, todo se llenó de agua, ríos de agua y yo estaba encantada. Fue uno de los cumpleaños más felices que recuerdo, y y no por la compañía, sino por la lluvia, que lo llenó todo de Magia y Vida.

Al día siguiente recorrí el Río Li en barco hasta Yangshuo. El río estaba marrón, tenía una fuerza titánica. El barco estaba lleno de chinos del interior, hablando en chino cerrado (como en chino granaíno) y comiendo cosas chinas.

Me miraban de arriba abajo, observaban mis pies, mi pelo rubio y, cuando se percataron de que no mordía y que estaba descojonándome, comenzaron a fotografiarse conmigo, por turnos, claro, muchos chinos en aquél barco oriental, demasiados…

No sé qué hora será en Quantico (Virginia), pero sé, casi con total seguridad, que mi foto cuelga de alguna pared de un salón oriental, que odio a los gatos, que sin lluvia muero (y morirse teniendo una sola vida es una putada) y que en aquel viaje a China el arco iris no salió, jamás salió…

Sushi Q.

Mariposas

El destino. No creo en él, jamás he creído en él. Soy una descreída, también, a veces, una engreída. Últimamente me veo muy bonita y chuleo de ello. Tengo unas bolsas bajo los ojos tremendas, antes las camuflaba, ahora ya menos. Tengo bolsas de tanto reír y también de tanto llorar, pero últimamente de reír y eso es muy placentero.

El destino, no creo en él pero sí en el karma.

Está apareciendo nueva gente en mi vida, como los alligators que descubrí en Miami hace ya siglos. Están ahí rezagados y de repente aparecen (o regresan)

Gracias a todos por aparecer y, a algunos, por regresar a mi vida.

Hoy, buscando en Alcampo un termo para mantener el agua fresquita, me atendió una mujer maravillosa, como de unos cincuenta:

-Ese termo es muy caro. Mira aquí abajo, los hay más baratos y hacen lo mismo.

-¡Ay¡Muchas gracias! ¡Qué amable!

-No cuesta nada ser buena persona, nada.

-Pienso lo mismo. Le he contestado. Gracias. Gracias, de verdad, gracias.

MARIPOSAS he sentido. Muchas MARIPOSAS.

Estoy tan feliz. Me iré en tren con mi hijo a la playa. Hoy me ha dicho:

-Mami, cuando voy en ‘altobús’ en excursión, todos mis amigos miran a la tele. Yo miro el país (paisaje) y miro Madrid y las nubes y el cielo.

-Hijo, eso es muy bonito, pero que cada uno mire lo que quiera, nosotros no nos metemos.

Creo que estoy haciendo algo bien. El destino no sirve para nada, el momento y el karma es lo que cuenta (bajo mi humilde opinión de rubia despistada y algo alocada)

Te quiero, hijo, y ahí estaré pa’siempre, como haces tú conmigo, que con seis años me das auténticas lecciones de vida.

Sushi Q. (asustada, feliz a ratos, desmejorada cuando hace calor y feliz cuando llueve)

*Escuchad este tema. Yo lo he hecho mientras escribía esta entrada. Canela.

https://open.spotify.com/track/3weNRklVDqb4Rr5MhKBR3D?si=QTInDGS0QT6NswEtz_48xQ

No sé el autor de esta foto, pero gracias, gracias. Mariposas, mariposas siempre, karma, recibes lo que das y yo últimamente recibo muchas mariposas.

Despertadme cuando Septiembre acabe

¿Y sabéis lo que pasa? Que esperamos a septiembre después del periodo estival y creemos que todo se pondrá en su sitio… y nunca se pone en su sitio. Siempre hay algo, siempre hay un pólipo, una astilla, una cerilla mal quemada, cera de velas que se desparrama en tapas de tarros de verdura y te inunda el puto mueble rojo de Ikea.

Siempre hay algo. Siempre. Y no nos damos cuenta de que esto es lo que es: después de septiembre jamás tendremos un noviembre dulce, bueno, sí, qué coño, a veces hay noviembres dulces (que saben a membrillo de ese que hacía mi abuela la extremeña) y después de ese noviembre volverán las navidades y todos tendremos que hacer un esfuerzo por estar bien (como si todos tuviéramos que estar bien por navidad)

No hay que estar bien por navidad, no hay que disfrutar del verano porque haga calorcito y todo el mundo esté de vacaciones. Odio el calor del verano, odio el gentío, odio las cáscaras de sandía en la orilla, odio a los primeros del cole, esos que pillan primera línea de playa y se sienten los putos David Hasselhoff del mar.

Prefiero los septiembres a punto de mutar en otoño, los pelos de punta cuando el fresquito comienza a dar señales de alarma, el ¡bum! al cerrarse la puerta de la cocina porque el viento ya corre y va avisando de que el verano se acaba. Corrientes de aire. Cambios. Vida. Libertad.

Wake me up when September ends.

Ojalá menos largos y cálidos veranos, más abrazos de hojarasca y menos dramas por depresión post vacacional.

Por favor, despertadme cuando acabe Septiembre y comience mi estación. Ese tren nunca lo pierdo.

https://youtu.be/NU9JoFKlaZ0

Sushi Q.