Encaramarse a lo sencillo

No me parece mala idea esa de encaramarse a lo sencillo, llevo años haciéndolo y he aprendido que es, a esa altura, donde mejor respiro.

Huyo de lo tóxico, de los tóxicos, de lo plastificado. Demasiado de eso hay ya en los mares. Demasiado hollín, humo y humos de gente malhumorada que se agarra al volante y comienza su mañana de forma desatinada. Uñas, uñas, demasiadas uñas.

Creo mi hogar bajo la capa de la armonía. Muchas veces la armonía se desarmoniza, así que sintonizo con lo sencillo y todo vuelve a fluir. Cero interferencias, salvo las que nos llegan y, cuando llegan… resiliencia. Kintsugi.

Encaramarse, qué bonita palabra y qué poco usada. Me maravillan las palabras en desuso, yo las reciclo y les doy un nuevo uso.

Tengo ganas de rapear, utilizar palabras, hacer una sopa de letras muy espesa y cantarla con mi hijo a todo trapo, a saco.

La gente que conforma mi vida no es aleatoria, la elige mi sapiencia (si ese término está permitido usarlo a una rubia) el resto lo deshecho, lo abandono, lo despido con cariño o lo mato.

Ayer, mi vecina, una abuelita encantadora que habla por los codos, me regaló una planta. Mi hijo la invitó a entrar en casa. Se la enseñé entera, no tengo secretos ni recovecos, me dejo llevar por las olas y el destormento (salvo cuando llueve, ya sabéis que las tormentas me afinan el alma, no necesito diapasón)

Qué bonito detalle regalarme una planta, yo le regalo a ella sonrisas en la entreplanta.

Todo es sencillo, o lo sencillo que queramos hacerlo.

Encaramarse a lo sencillo es lo mejor para vivir en este mundo a veces mágico y a ratos podrido.

Sushi Q. (Feliz, disfrutando de mi estación favorita, conociendo gente sin envoltorios, sin filtros, encaramándome a lo sencillo)

Os dejo esta maravilla. Encaramáos a ella. Fue mi banda sonora de este ratito en el que escribí esta entrada. Gracias por leerme 🙏🏻

https://open.spotify.com/track/17i5jLpzndlQhbS4SrTd0B?si=CQ8IrsnOSiK6cAvYv9lWEQ

No creo en Dios, creo en la lluvia

No creo en Dios, creo en la lluvia.

Me hacía tanta falta…

Tormenta, rayos, truenos. Lluvia.

Necesitaba salir de mi aletargamiento. El verano me ‘muere’, el calor me apaga, me enrrabieta, me hace desear que llegue el Otoño. Otoño todo el rato y a todas horas. Ojalá un dial para cambiar de Verano a Otoño. Hojarasca. Humedad. Color.

No entiendo a la gente que odia la lluvia, pero la respeto. A mi me genera tal cantidad de sensaciones que necesitaría un incunable para vomitar lo que siento.

La lluvia hace cosquillas, relaja, limpia lo caduco, cala los toldos, llena de vida las aceras, provoca locura en los niños y hace que las madres busquemos las botas de agua de otras temporadas como posesas.

No creo en Dios, creo en la lluvia.

De pequeña, viviendo en la montaña, mi madre nos sacaba a mi hermano y a mi cuando tronaba. Nos explicaba que no había que temer, solo disfrutar y eso mismo le estoy enseñando a mi hijo, ya de seis años. Cómo pasa el tiempo.

Veníamos hace un rato en el coche:

-¡Mamá, mira un rayo! ¡Mamá, mira es granizo!

-Hijo, es una maravilla ¿te gusta? ¡Está cayendo la del pulpo!

-Mamá, ¿qué pulpo?

-Hijo, es una expresión, significa que se ha liado una tormenta enorme y que me encanta estar contigo disfrutándola. Te quiero, hijo.

-Mami, yo también te quiero.

-Vale, ahora voy a poner música, no hablemos, necesito estar pendiente de la carretera. Voy a poner una canción, ¿Vale?

-Vale, Mami, no te hablo más.

-¡Mami, he visto un Bugatti en la carretera!

-Hijo, ¿no íbamos a callarnos?

-Vale, Mami, conSentráte en la lluvia, en el coche, en el volante.

-Vale.

Y he puesto esta canción a todo trapo.

Sushi Q. (Intentando hacer lluvia, rayos y centellas sobre la cabeza de mi hijo)

https://open.spotify.com/track/6FjAGZp7c0Z2uaL3eHkXsx?si=oWDxF0RTSjm_Pr8WEugxew