Deja los tuppers de lentejas en la nevera

Ojalá todo fuera como cuando era niña. Diez, once años, no estoy segura.

Elvis sonando en mi cabeza y en mi radiocasete. Los Beach Boys. Películas de mi padre de esas en blanco y negro. Mi madre disfrazándome de punki. Ocho años, sí, ocho.

Yo imaginando y escribiendo poesías. Tímida a raudales pero siempre fuerte, muy fuerte, como ahora.

La lluvia, siempre ahí.

Mi hermano llevándoselas a todas de calle con su monopatín y siempre sonriendo y oliendo a calle (como decía mi abuela, la de Madrid)

Un bate de béisbol en la urba. El bote botero. El rescate. El escondite inglés.

Ojalá todo fuera como cuando era niña, pero no lo es. Ahora soy madre, hija, tía y amiga de un montón de seres infinitos que aportan a mi vida Magia y consuelo.

Tengo suerte, mucha suerte. No puedo quejarme.

Mi hijo construyó hoy, con una caja de zapatos, celo y unas cuantas pajitas un invento para que las canicas fueran de un extremo a otro.

-¡Mami, esto es importante, tienes que verlo!

Me he sentado a su lado en la cama y hemos hecho rodar la canica.

-Hijo, me siento tan orgullosa de ti. Esto que has hecho es Magia, Magia de la buena.

-¡Mami, abrázame! ¡Abrázame fuerte!

Y nos hemos abrazado.

Me siento tan orgullosa de él. Es un ser empático, da luz a mis días. Es generoso, siempre comparte las uvas que le llevo a la hora de merendar con sus amigos.

Ojalá todo fuera como cuando era niña, o no, mejor no, la vida, la gente, los árboles, los charcos, van mutando. Así es la vida, transformación y crecimiento.

Todo va a salir bien, mamá, te quiero. Tú me enseñaste a darle sentido a lo inexplicable y a no darle cancha a lo sin sentido. No te emociones al leer esta entrada. No te conviene. Estás pachucha pero fuerte. Gracias por enseñarme tanto y por mostrar a mi hijo y a mis sobrinos de qué va esto de la vida. Y si la ‘cascas’, como acabas de escribirme ahora, por favor, deja los tuppers de lentejas en la nevera.

Gracias. Te quiero.

Sushi Q. (avanzando, pa’ fuera lo malo, pa’ dentro lo que importa, que es mucho y muy bello)

Cachitos

Enrollé los toldos para que el otoño entrara, jamás pongo barreras al otoño, hacerlo me parecería un ejercicio de maldad extrema y yo de maldad no entiendo.

La lluvia llegó, el viento de la sierra lo removió todo, la maceta que rezaba: ‘I will survive’ se precipitó contra el suelo y murió. Ahí continúa, desmembrada, hecha cachitos.

Los cachitos son muy importantes. La vida está compuesta por cachitos de cosas. A veces, los cachitos conforman collages atemporales que atesoras para no perder la cuenta de los días, de las horas.

Ya no acumulo, dejé de hacerlo el día que comprendí que acumular solo sirve para ocupar espacio. Suena a banalidad pero así es y yo digo las cosas como son, como las siento, como las padezco.

Antes coleccionaba cosas inservibles, materiales, físicas, ahora solo conservo cachitos, recuerdos, nada que ocupe un espacio real y tangible en mi vida.

Pienso que amontonar cosas amontonables resta espacio a lo que va llegando, a lo nuevo, a lo que ladra, a lo estrepitoso, a lo silencioso.

Los cachitos son otra especie, a esos no los reciclo. Los cachitos sois vosotras: mis amigas. Los cachitos sois vosotros: mis niños, mi familia, mis soledades.

Deshacéos de lo que no sean cachitos. Agarráos a lo importante. La vida ya se encarga de reciclar aquello que no conmueve, no ladra, no chirría y no corta el aliento…

Sushi Q. (Llena de cachitos, pensamientos locuaces y tonterías a mansalva)

Topos

Hace mucho que no llueve, demasiado, desde la última vez.

Me seco. Necesito un buen aguacero. No sé por qué a los aguaceros se les denomina así.: Agua-Ceros, pero tampoco sé por qué en los velatorios no hay ninguna vela. Curioso.

A veces trato de no pensar, quizás así llueva. A veces creo que no llueve porque pienso demasiado en que llueva. Necesito saber, seguir sabiendo.

Pienso tanto y tan a lo ancho que mi cama, enorme, se hace chiquitita, como Pepita Pulgarcita y mis pensamientos lo ocupan todo. Necesito pensar, saber, aprender…

El saber no ocupa lugar ¡ja!, ocupa mi cama entera, la desborda, la inunda, la desbarata y todos los cojines y almohadas se me desmadran.

No llueve y pienso. Cuando llueve no lo hago, solo disfruto, me regodeo.

Qué complicado se vuelve todo de noche. Qué complicadas las rubias en pijama, en sus camas grandes, rodeadas de pensamientos (y a veces hasta de petunias)

Qué raro es esto, el pensar, el querer seguir sabiendo, el naufragar y volver nadando a una orilla inhóspita de la que eres dueña pero que en las noches se adueña de ti.

El saber sí ocupa lugar: en mi edredón, en mis pestañas, en mis calcetines de topos (adoro a los topos cegados de sol, de luz, de apatía) Si los topos pudieran ver, todo el universo entero ocuparía sus madrigueras. De repente conocerían lo que son los colores y querrían seguir sabiendo más y más.

Estoy feliz. Estoy feliz. Hoy abracé mucho, los abrazos si ocupan lugar, en mi pecho, aquí adentro, en el alma. Los recojo, los acuno, los cultivo. Estoy feliz.

Los topos, las gotas de lluvia, los parabrisas desmembrados después de un verano seco, reseco, agónico…

Sushi Q. (Feliz, topándome con nueva gente, rodeada de topos, insomne, deshilachada, desmesurada)