Empatía

Mi hijo me preguntó hoy qué era la empatía. Todo viene de una circular del cole en la que decía que se iba a trabajar la empatía. Se la leí y me preguntó que qué demonios era eso.

-Hijo, la empatía es ponerse en el lugar del otro. Por ejemplo, tú hoy, quizás, te has sentido mal por algo, no lo sé, quizás, y te hubiera gustado que un amigo te dijera:

– No te preocupes…Y te diera un súper abrazo.

-No lo entiendo, mami.

-A ver, hoy tu amigo de kárate y tú os habéis chocado, ha sido sin querer pero le has hecho daño en la orejita. Tú le has abrazado. Eso es empatía, hijo, eso es y estoy muy orgullosa de ti.

Se ha quedado callado, pensando, masticando sus filetes de merluza.

Cuando sea mayor le invitaré a que lea uno de mis libros de cabecera: ‘Matar a un ruiseñor’. Ahí, mi adorado Atticus Finch le explica a su hija Scout qué es la empatía:

“Nunca conoces realmente a una persona hasta que no has llevado sus zapatos y has caminado con ellos”.

Me volví a comprar el libro, el que tenía se lo regalé a mi abogada de cabecera; una tía empática, inteligente, pulcra en su trabajo y maravillosa. Gracias, Ana.

Ojalá lo adultos pudiéramos aprehender lo que es la empatía. No sé si los niños la desarrollan ellos solitos o les es inculcada. Mi hijo lo es, y mucho: empático (y simpático)

No soy nadie para dar lecciones de moralidad a ningún ser humano, pero sé que la empatía mueve montañas, pantanos, hace regurgitar volcanes y que es… mazo importante 😎

Ojalá mas empatía, menos creerse dignos de aleccionar sin tan siquiera saber cómo funciona el mecanismo de nada. Ojalá más prudencia y menos sonrisas enlatadas; ojalá más de lo de verdad, de lo que importa, de ayudarse.

Me siento tan fuerte y tan agotada. Me siento tan enorme y tan abierta a lo inefable. Menos mal que sé de lo que escribo y hablo, menos mal que cuando no sé de algo me callo. A veces, el silencio es la mejor respuesta a lo incomprensible (por desmesurado) a lo chabacano, a lo punzante.

Empatía para callarse, empatía para hablar, empatía para anular los dedos anulares. Sin guerra, sin violencia, solo con la sabiduría que el dolor te ha otorgado (me ha otorgado)

Sushi Q. (Cuidando de vosotros: mi familia, mis amigos. Siento no estar a todo, a todos, pero no me da la vida) GRACIAS a los que siempre estáis… y a las putas arterias coronarias de mi madre. ¡Qué fuerte eres, joder, qué fuerte eres!)

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