Desaturnarse

No tengo hambre. En navidades suelo tener el hambre justa. Supongo que me saturnan: las navidades y el cadmio de las cabezas de las gambas, por supuesto.

Una vez, hace ya años, recorriendo Estados Unidos, costa oeste, coche alquilado, navidades, me saturné. Al principio, molaba: Santa Clauses por cada rincón de San Francisco haciendo sonar sus campanillas, villancicos de esos que me apasionan en cualquier dial de radio, adornos, coches ataviados con cuernos de reno en los interminables atascos de Los Angeles, Las Vegas inconmensurables… acabé hasta el pesebre de tanta navidad. Fue bonito, sí, pero para un rato.

Las cosas bonitas han de durar lo justo, si no enmohecen, se vuelven ‘jartura’, te trastabillan. Creo que es mejor un poquito de todo … me río de mi misma escribiendo esto porque soy pura intensidad, pero, joder, acabé hasta el nacimiento.

Comienza un año nuevo. Celebraremos, beberemos como peces en el río, lloraremos y reiremos. Somos tremendamente humanos y deshumanos.

Necesito calma, noche de paz, noche de amor.

Me saturno con tanta bondad coyuntural, me descoyunto con tanta sonrisa falta de afecto.

Os deseo lo mejor en este nuevo año, pero no os engañéis, va a ser igual (mejor o peor) pero igual. Un cambio de cifras no cambia nada a no ser que nosotros, los humanos, obremos el milagro. Nada de dioses ni Fe va a modificar el sustrato.

Lo único que pido a este año es seguir acompañada de los de siempre, continuar acogiendo a los nuevos, seguir deshaciéndome de los que sobran.

Hay que sacarse más los calcetines y caminar rumbo a Saturno, creo que es la mejor manera de desaturnarse.

Sushi Q. (Llené el depósito, me piro a Saturno)

Propósitos de Año Nuevo

Mi propósito de año nuevo es seguir igual: Igual de imbécil, igual de importante para los que me rodean, igual.

Creo que hacer propósitos de Año Nuevo no conduce a nada, salvo a estresarse de mala manera y a idealizar sobre imposibles que nunca vas / vamos a lograr.

Antes amaba las navidades, ahora las esquivo como puedo. Me parece todo demasiado metódico, también apresurado. Somos presa de una locura endemoniada que nos hace ir a toda pastilla y, al final, derrapas y llegas a enero descuartizada.

Una vez, cuando aún creía en lo que nos venden y no era consciente de ello, hice una lista de propósitos de Año Nuevo: dejar de fumar, ser más empática, no alarmarme por cosas que alarman…

¡Joder! No cumplí ni una, y aquí estoy, resquebrajada a veces, fuerte otras y con la cabeza entre pinto y Valdemoro.

No creo en Papá Noel, en los Reyes Magos creo un poco más (no me preguntéis por qué) 🤷‍♀️

Creo en los niños y su inocencia, en la gente que es capaz de remendarse por muy rota que esté, en la sapiencia, en los que callan aún pudiendo dar lecciones de sabiduría, en la ternura de una medusa a la que todos destierran porque pica.

Creo en los delfines, a veces en los unicornios (sin fumar nada, que no fumo), creo en la gente que recoge prendas desprendidas de una percha en una tienda.

Creo en vosotros, ya sabéis quienes sois.

Creo en que la vida sería mucho más fácil si no nos metiéramos en la de los demás.

Creo en mi hijo.

No creo en que cambiando de año todo aquello que anhelamos se vaya a cumplir. Ni de coña.

Creo en el esfuerzo personal de cada uno, creo que estoy delirando, creo que no debiéramos ser juez y parte, creo en el desmadre.

Creo en tí. En tí, con acento en la í.

Propósitos de Año Nuevo: cero.

Sushi Q. (deseando que acabe ya esta pantomima. Anhelando mimos de una mimosa que murió congelada en el jardín de mis padres. Sobreviviendo al meteorito que aún no ha caído. Triste. Fuerte. Valiente. Lo de siempre)

Y si queréis llorar, hacedlo. Pero siempre llorad lagrimas negras, si no, no mola 👍

Feliz Navidad.

Manhattan (o Monjiti)

Cuando una peli te deja así: con una sonrisa nostálgica y bobalicona en la cara es que te ha removido.

Hacía tiempo que no la revisaba, hoy lo he hecho: ‘Midnight in Paris’. El otro día revisé ‘Manhattan’.

No solo es Woody, no solo es la música, el color, los diálogos, la ternura que lo envuelve todo. También es mi padre, con su herencia en vida del cine y de Allen. También es mi hijo, con su curiosidad.

Una noche, no hace mucho, le costaba dormirse y se metió en mi cama. Yo estaba volviendo a releer ‘Manhattan’ y él, curioso y preguntón como su madre, me soltó:

-Mami ¿qué lees?

-‘Manhattan’, de Woody Allen.

Se quedó pasmado y me preguntó:

-¿Me lo lees?

-Claro, hijo. Le respondí.

Comencé a leerle (por favor, l@s que piensen que leer un cachito de una obra de teatro de Allen a un niño de 6 años es pecado mortal, que se tapen los oídos y cierren la bocaza, no pasa nada, una madre siempre sabe dónde está el límite. Gracias)

Pues bien, se quedó flipado. Me preguntó qué era un letrero luminoso y qué era Manhattan. Se lo expliqué, le dije que yo había estado allí y, milagrosamente, se quedó dormido.

Después de unos meses, con un poco de fiebre, me pidió que le leyera. Fue a mi librería (aún pequeña porque tengo todos los libros de la carrera en casa de mis padres) y agarró el mismo libro: ‘Manhattan’. Se volvió a meter en mi cama y me soltó:

-Monjiti, día uno, exterior.

Me quedé pasmada.

-Hijo ¿cómo recuerdas eso? hace mucho que te lo leí.

-No sé, Mami, lee, me gusta cómo lees.

Ojalá más niños así. Ojalá más Woody Allen. Ojalá menos imposiciones morales sin fundamento.

Ojalá más realidad, más salirse del rebaño, menos tratar de vendernos vidas rotas como si fueran muy bien cuando, en realidad, no lo van. Menos modernos con sus moderneces de moda. Ojalá mas medias noches en París. Ojalá se te acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta…

Ojalá más dulzura y mirar a los ojos. Ojalá más de lo de verdad, menos lenguas de trapo, menos postureo y más ayudar a los demás sin cuadriculaturas.

Te quiero, hijo. Continuaremos leyendo a Woody cuando seas mayor y comprendas de qué trata la vida. Espero que no tengas que sufrir dolores inmensos y, si eso sucede, ya estaré yo para enseñarte de qué va esto, que de eso sé un rato (o, al menos, algo)

Por favor, sed vosotros mismos, tened criterio, no os dejéis manejar ni llevar por lo políticamente correcto, escuchad, comprended el sufrimiento de los demás e intentad poner un poco de cordura cuando la locura sectaria campa a sus anchas.

Ojalá más medias noches en París con Dalí, Picasso, Hemingway… con jamón york.

Sushi Q. (fuerte, desde hace ya mucho, sensible, escuchona, empática. Pa’fuera lo malo, lo sectario, lo que no aporta)