Manhattan (o Monjiti)

Cuando una peli te deja así: con una sonrisa nostálgica y bobalicona en la cara es que te ha removido.

Hacía tiempo que no la revisaba, hoy lo he hecho: ‘Midnight in Paris’. El otro día revisé ‘Manhattan’.

No solo es Woody, no solo es la música, el color, los diálogos, la ternura que lo envuelve todo. También es mi padre, con su herencia en vida del cine y de Allen. También es mi hijo, con su curiosidad.

Una noche, no hace mucho, le costaba dormirse y se metió en mi cama. Yo estaba volviendo a releer ‘Manhattan’ y él, curioso y preguntón como su madre, me soltó:

-Mami ¿qué lees?

-‘Manhattan’, de Woody Allen.

Se quedó pasmado y me preguntó:

-¿Me lo lees?

-Claro, hijo. Le respondí.

Comencé a leerle (por favor, l@s que piensen que leer un cachito de una obra de teatro de Allen a un niño de 6 años es pecado mortal, que se tapen los oídos y cierren la bocaza, no pasa nada, una madre siempre sabe dónde está el límite. Gracias)

Pues bien, se quedó flipado. Me preguntó qué era un letrero luminoso y qué era Manhattan. Se lo expliqué, le dije que yo había estado allí y, milagrosamente, se quedó dormido.

Después de unos meses, con un poco de fiebre, me pidió que le leyera. Fue a mi librería (aún pequeña porque tengo todos los libros de la carrera en casa de mis padres) y agarró el mismo libro: ‘Manhattan’. Se volvió a meter en mi cama y me soltó:

-Monjiti, día uno, exterior.

Me quedé pasmada.

-Hijo ¿cómo recuerdas eso? hace mucho que te lo leí.

-No sé, Mami, lee, me gusta cómo lees.

Ojalá más niños así. Ojalá más Woody Allen. Ojalá menos imposiciones morales sin fundamento.

Ojalá más realidad, más salirse del rebaño, menos tratar de vendernos vidas rotas como si fueran muy bien cuando, en realidad, no lo van. Menos modernos con sus moderneces de moda. Ojalá mas medias noches en París. Ojalá se te acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta…

Ojalá más dulzura y mirar a los ojos. Ojalá más de lo de verdad, menos lenguas de trapo, menos postureo y más ayudar a los demás sin cuadriculaturas.

Te quiero, hijo. Continuaremos leyendo a Woody cuando seas mayor y comprendas de qué trata la vida. Espero que no tengas que sufrir dolores inmensos y, si eso sucede, ya estaré yo para enseñarte de qué va esto, que de eso sé un rato (o, al menos, algo)

Por favor, sed vosotros mismos, tened criterio, no os dejéis manejar ni llevar por lo políticamente correcto, escuchad, comprended el sufrimiento de los demás e intentad poner un poco de cordura cuando la locura sectaria campa a sus anchas.

Ojalá más medias noches en París con Dalí, Picasso, Hemingway… con jamón york.

Sushi Q. (fuerte, desde hace ya mucho, sensible, escuchona, empática. Pa’fuera lo malo, lo sectario, lo que no aporta)

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