Cuarenta y tres

Veintiuno de abril.

Cuarenta y tres.

Astillada pero no rota.

Esta entrada me la dedico a mí, la merezco.

Tengo suerte, una suerte inmensa y descatalogada.

Cumplir años, pandemia mediante, con mi persona favorita del mundo, mi hijo, es un regalo que no puede catalogarse.

Anaqueles repletos de resiliencia, pompas de jabón volando libres, libros sin leer pero que serán leídos, notas a pie de página, en mi cabeza, recordándome lo fuerte que he sido, soy y continuaré siendo.

Música enrabietada, uñas sin pintar de rabiosa actualidad.

Mascarillas, máscara de pestañas, nunca caretas falsas.

Vamos a bailar un rock and roll a la plaza del pueblo. Sí, cuando amaine la tormenta, de momento sobre la cama elástica que monté para mi hijo.

Lágrimas de abril azuladas. Tarta de fresa para la cuarentañera en cuarentena. Velas rotas, no las quiero nuevas, las náufragas siempre sobrevivimos agarrando el timón, velas rasgadas, olas rompiéndote el pecho, dejándote herida pero jamás muerta, nunca muerta.

Confinamiento sin cofia, margaritas blancas cuando pueda ir a comprarlas, vaqueros ajustados, coleta, mi hijo colgado de mi cuello.

Videollamadas, vuelta a llorar, vuelta a reír, la vuelta a España desde un móvil que se ha convertido en bicicleta para visitar a todos sin contagiar nada, salvo mi sonrisa pizpireta.

Bonita palabra pizpireta. Pipi Lamstrung. Carnavales de hace mil años. Mi madre haciéndome trenzas con alambres y teñidas con spray naranja.

Mi hijo riéndose a raudales, confinado, confiado, feliz. Soy una buena madre.

Noches de insomnio, preocupación por todos. Tristeza por los que se han ido y se seguirán yendo.

Humor. Amor. Desazón. Yo le pongo sazón, son, son, le pongo sazón…

Ideas descabaladas pero inteligentes.

Ante el dolor saco pecho como un gorrión en invierno y me adapto. No resisto, me adapto.

Te quiero, os quiero. Me quiero.

Bien por los que expulsé de mi vida. Bien por los que voy acogiendo, por los que me acogen sin prejuicios, sin sentirse moralmente superiores. Humildad.

Gracias, infinitas gracias os doy. A todos, a los de siempre, a los nuevos. A los que se fueron en un tranvía en Gran Vía cuando aún había de eso.

Volveremos. Volveremos. Y cuando volvamos seremos distintos, diferentes, sobrehumanos y, también por desgracia, inhumanos.

Sushi Q. (Feliz Cumpleaños, me lo merezco)