Topos

Hace mucho que no llueve, demasiado, desde la última vez.

Me seco. Necesito un buen aguacero. No sé por qué a los aguaceros se les denomina así.: Agua-Ceros, pero tampoco sé por qué en los velatorios no hay ninguna vela. Curioso.

A veces trato de no pensar, quizás así llueva. A veces creo que no llueve porque pienso demasiado en que llueva. Necesito saber, seguir sabiendo.

Pienso tanto y tan a lo ancho que mi cama, enorme, se hace chiquitita, como Pepita Pulgarcita y mis pensamientos lo ocupan todo. Necesito pensar, saber, aprender…

El saber no ocupa lugar ¡ja!, ocupa mi cama entera, la desborda, la inunda, la desbarata y todos los cojines y almohadas se me desmadran.

No llueve y pienso. Cuando llueve no lo hago, solo disfruto, me regodeo.

Qué complicado se vuelve todo de noche. Qué complicadas las rubias en pijama, en sus camas grandes, rodeadas de pensamientos (y a veces hasta de petunias)

Qué raro es esto, el pensar, el querer seguir sabiendo, el naufragar y volver nadando a una orilla inhóspita de la que eres dueña pero que en las noches se adueña de ti.

El saber sí ocupa lugar: en mi edredón, en mis pestañas, en mis calcetines de topos (adoro a los topos cegados de sol, de luz, de apatía) Si los topos pudieran ver, todo el universo entero ocuparía sus madrigueras. De repente conocerían lo que son los colores y querrían seguir sabiendo más y más.

Estoy feliz. Estoy feliz. Hoy abracé mucho, los abrazos si ocupan lugar, en mi pecho, aquí adentro, en el alma. Los recojo, los acuno, los cultivo. Estoy feliz.

Los topos, las gotas de lluvia, los parabrisas desmembrados después de un verano seco, reseco, agónico…

Sushi Q. (Feliz, topándome con nueva gente, rodeada de topos, insomne, deshilachada, desmesurada)

Encaramarse a lo sencillo

No me parece mala idea esa de encaramarse a lo sencillo, llevo años haciéndolo y he aprendido que es, a esa altura, donde mejor respiro.

Huyo de lo tóxico, de los tóxicos, de lo plastificado. Demasiado de eso hay ya en los mares. Demasiado hollín, humo y humos de gente malhumorada que se agarra al volante y comienza su mañana de forma desatinada. Uñas, uñas, demasiadas uñas.

Creo mi hogar bajo la capa de la armonía. Muchas veces la armonía se desarmoniza, así que sintonizo con lo sencillo y todo vuelve a fluir. Cero interferencias, salvo las que nos llegan y, cuando llegan… resiliencia. Kintsugi.

Encaramarse, qué bonita palabra y qué poco usada. Me maravillan las palabras en desuso, yo las reciclo y les doy un nuevo uso.

Tengo ganas de rapear, utilizar palabras, hacer una sopa de letras muy espesa y cantarla con mi hijo a todo trapo, a saco.

La gente que conforma mi vida no es aleatoria, la elige mi sapiencia (si ese término está permitido usarlo a una rubia) el resto lo deshecho, lo abandono, lo despido con cariño o lo mato.

Ayer, mi vecina, una abuelita encantadora que habla por los codos, me regaló una planta. Mi hijo la invitó a entrar en casa. Se la enseñé entera, no tengo secretos ni recovecos, me dejo llevar por las olas y el destormento (salvo cuando llueve, ya sabéis que las tormentas me afinan el alma, no necesito diapasón)

Qué bonito detalle regalarme una planta, yo le regalo a ella sonrisas en la entreplanta.

Todo es sencillo, o lo sencillo que queramos hacerlo.

Encaramarse a lo sencillo es lo mejor para vivir en este mundo a veces mágico y a ratos podrido.

Sushi Q. (Feliz, disfrutando de mi estación favorita, conociendo gente sin envoltorios, sin filtros, encaramándome a lo sencillo)

Os dejo esta maravilla. Encaramáos a ella. Fue mi banda sonora de este ratito en el que escribí esta entrada. Gracias por leerme 🙏🏻

https://open.spotify.com/track/17i5jLpzndlQhbS4SrTd0B?si=CQ8IrsnOSiK6cAvYv9lWEQ

No creo en Dios, creo en la lluvia

No creo en Dios, creo en la lluvia.

Me hacía tanta falta…

Tormenta, rayos, truenos. Lluvia.

Necesitaba salir de mi aletargamiento. El verano me ‘muere’, el calor me apaga, me enrrabieta, me hace desear que llegue el Otoño. Otoño todo el rato y a todas horas. Ojalá un dial para cambiar de Verano a Otoño. Hojarasca. Humedad. Color.

No entiendo a la gente que odia la lluvia, pero la respeto. A mi me genera tal cantidad de sensaciones que necesitaría un incunable para vomitar lo que siento.

La lluvia hace cosquillas, relaja, limpia lo caduco, cala los toldos, llena de vida las aceras, provoca locura en los niños y hace que las madres busquemos las botas de agua de otras temporadas como posesas.

No creo en Dios, creo en la lluvia.

De pequeña, viviendo en la montaña, mi madre nos sacaba a mi hermano y a mi cuando tronaba. Nos explicaba que no había que temer, solo disfrutar y eso mismo le estoy enseñando a mi hijo, ya de seis años. Cómo pasa el tiempo.

Veníamos hace un rato en el coche:

-¡Mamá, mira un rayo! ¡Mamá, mira es granizo!

-Hijo, es una maravilla ¿te gusta? ¡Está cayendo la del pulpo!

-Mamá, ¿qué pulpo?

-Hijo, es una expresión, significa que se ha liado una tormenta enorme y que me encanta estar contigo disfrutándola. Te quiero, hijo.

-Mami, yo también te quiero.

-Vale, ahora voy a poner música, no hablemos, necesito estar pendiente de la carretera. Voy a poner una canción, ¿Vale?

-Vale, Mami, no te hablo más.

-¡Mami, he visto un Bugatti en la carretera!

-Hijo, ¿no íbamos a callarnos?

-Vale, Mami, conSentráte en la lluvia, en el coche, en el volante.

-Vale.

Y he puesto esta canción a todo trapo.

Sushi Q. (Intentando hacer lluvia, rayos y centellas sobre la cabeza de mi hijo)

https://open.spotify.com/track/6FjAGZp7c0Z2uaL3eHkXsx?si=oWDxF0RTSjm_Pr8WEugxew

Vivir en gerundio

¿Y por qué todo tiene que ser según lo prefijado? ¿Y por qué no vivir todo el tiempo en gerundio?

El gerundio mola. Es el momento en el que abres un regalo de Navidad y después todo se desvanece… ese momento, ese justo momento.

El gerundio es eso que estás haciendo y, de repente, ya no está porque es pasado.

Deberíamos enamorarnos y desenamorarnos en gerundio, es decir, enamorarte al máximo y, después, desenamorarte para volver a sentir, de nuevo, mariposas por todo el cuerpo.

Es injusto disponer de un solo momento en tu vida para ello, más que injusto es antinatura, creo yo. Huele como a rancio, a humo de puro, a anticuado.

Es tan bonito el coqueteo. Es tan fascinante el aleteo de las mariposas. No creo en el amor para siempre, no creo en el amor de manual: verdadero e imperturbable para toda la vida.

Creo en el amor, quizás desatinado, de una noche de verano en el que lo das todo y después, después vuelve el gerundio con su aleteo, coqueteo, pestañeo y te pone ‘lo fregao’ patas arriba.

Otoño, ya se acerca, siempre lo ansío, lo abrazo y lo enamoro. Otoño, la mejor estación (hasta que inventen otra)

Sushi Q. (Romántica empedernida pero solo para un rato)

*’Til I find somebody new…

De Quantico y la lluvia

No sé qué hora será ahora mismo en Quantico (Virginia), pero sé que odio ver salir el arco iris después de una tormenta.

El arco iris lo estropea todo, es como el final feliz de una comedia romántica. Es el beso, el puñetero beso. Paradójicamente, me encantan las comedias románticas, no todas, claro, pero las que lo hacen me calan mucho y muy húmedo… ¡uy! volvamos a la tormenta y al puto arco iris.

Pues eso, que lo estropea todo, lo mata, pone paz… acaba con el desvarío de los rayos, con el estruendo de los truenos, con la locura de la lluvia enrabietándolo todo con sus baquetas salvajes…

Una vez, cumplí treinta y cuatro años en Guilin (China). Digo una vez sabiendo que estoy siendo pleonásmica pero me apetecía aclararlo por si alguien pensaba que tenía siete vidas como un gato. De momento, solo tengo una y, además, soy alérgica a los gatos. No sé qué hora será ahora mismo en Quantico (Virginia), pero sé que odio a los gatos.

Sigo con mi cumple…

Pues allí estaba, tomando una cerveza Tsingtao maravillosa cuando, ¡oh milagro!, comenzó a llover de una manera arrebatadora, estrepitosa, furiosa… La terraza donde me encontraba colapsó en cinco minutos, todo se llenó de agua, ríos de agua y yo estaba encantada. Fue uno de los cumpleaños más felices que recuerdo, y y no por la compañía, sino por la lluvia, que lo llenó todo de Magia y Vida.

Al día siguiente recorrí el Río Li en barco hasta Yangshuo. El río estaba marrón, tenía una fuerza titánica. El barco estaba lleno de chinos del interior, hablando en chino cerrado (como en chino granaíno) y comiendo cosas chinas.

Me miraban de arriba abajo, observaban mis pies, mi pelo rubio y, cuando se percataron de que no mordía y que estaba descojonándome, comenzaron a fotografiarse conmigo, por turnos, claro, muchos chinos en aquél barco oriental, demasiados…

No sé qué hora será en Quantico (Virginia), pero sé, casi con total seguridad, que mi foto cuelga de alguna pared de un salón oriental, que odio a los gatos, que sin lluvia muero (y morirse teniendo una sola vida es una putada) y que en aquel viaje a China el arco iris no salió, jamás salió…

Sushi Q.

Mariposas

El destino. No creo en él, jamás he creído en él. Soy una descreída, también, a veces, una engreída. Últimamente me veo muy bonita y chuleo de ello. Tengo unas bolsas bajo los ojos tremendas, antes las camuflaba, ahora ya menos. Tengo bolsas de tanto reír y también de tanto llorar, pero últimamente de reír y eso es muy placentero.

El destino, no creo en él pero sí en el karma.

Está apareciendo nueva gente en mi vida, como los alligators que descubrí en Miami hace ya siglos. Están ahí rezagados y de repente aparecen (o regresan)

Gracias a todos por aparecer y, a algunos, por regresar a mi vida.

Hoy, buscando en Alcampo un termo para mantener el agua fresquita, me atendió una mujer maravillosa, como de unos cincuenta:

-Ese termo es muy caro. Mira aquí abajo, los hay más baratos y hacen lo mismo.

-¡Ay¡Muchas gracias! ¡Qué amable!

-No cuesta nada ser buena persona, nada.

-Pienso lo mismo. Le he contestado. Gracias. Gracias, de verdad, gracias.

MARIPOSAS he sentido. Muchas MARIPOSAS.

Estoy tan feliz. Me iré en tren con mi hijo a la playa. Hoy me ha dicho:

-Mami, cuando voy en ‘altobús’ en excursión, todos mis amigos miran a la tele. Yo miro el país (paisaje) y miro Madrid y las nubes y el cielo.

-Hijo, eso es muy bonito, pero que cada uno mire lo que quiera, nosotros no nos metemos.

Creo que estoy haciendo algo bien. El destino no sirve para nada, el momento y el karma es lo que cuenta (bajo mi humilde opinión de rubia despistada y algo alocada)

Te quiero, hijo, y ahí estaré pa’siempre, como haces tú conmigo, que con seis años me das auténticas lecciones de vida.

Sushi Q. (asustada, feliz a ratos, desmejorada cuando hace calor y feliz cuando llueve)

*Escuchad este tema. Yo lo he hecho mientras escribía esta entrada. Canela.

https://open.spotify.com/track/3weNRklVDqb4Rr5MhKBR3D?si=QTInDGS0QT6NswEtz_48xQ

No sé el autor de esta foto, pero gracias, gracias. Mariposas, mariposas siempre, karma, recibes lo que das y yo últimamente recibo muchas mariposas.

Despertadme cuando Septiembre acabe

¿Y sabéis lo que pasa? Que esperamos a septiembre después del periodo estival y creemos que todo se pondrá en su sitio… y nunca se pone en su sitio. Siempre hay algo, siempre hay un pólipo, una astilla, una cerilla mal quemada, cera de velas que se desparrama en tapas de tarros de verdura y te inunda el puto mueble rojo de Ikea.

Siempre hay algo. Siempre. Y no nos damos cuenta de que esto es lo que es: después de septiembre jamás tendremos un noviembre dulce, bueno, sí, qué coño, a veces hay noviembres dulces (que saben a membrillo de ese que hacía mi abuela la extremeña) y después de ese noviembre volverán las navidades y todos tendremos que hacer un esfuerzo por estar bien (como si todos tuviéramos que estar bien por navidad)

No hay que estar bien por navidad, no hay que disfrutar del verano porque haga calorcito y todo el mundo esté de vacaciones. Odio el calor del verano, odio el gentío, odio las cáscaras de sandía en la orilla, odio a los primeros del cole, esos que pillan primera línea de playa y se sienten los putos David Hasselhoff del mar.

Prefiero los septiembres a punto de mutar en otoño, los pelos de punta cuando el fresquito comienza a dar señales de alarma, el ¡bum! al cerrarse la puerta de la cocina porque el viento ya corre y va avisando de que el verano se acaba. Corrientes de aire. Cambios. Vida. Libertad.

Wake me up when September ends.

Ojalá menos largos y cálidos veranos, más abrazos de hojarasca y menos dramas por depresión post vacacional.

Por favor, despertadme cuando acabe Septiembre y comience mi estación. Ese tren nunca lo pierdo.

https://youtu.be/NU9JoFKlaZ0

Sushi Q.

Mimetizarse o morir

Estoy feliz. No es lo mismo estar feliz que serlo. Ser feliz todo el rato no es posible y creo que hasta podría ser denunciable (gente que sois felices todo el rato: bajad de ahí que ahí no es)

Estar feliz mola: es puntual, sencillo, práctico ¿verdad?

Cuando una está feliz saltan chispas.

Odio el polen. No soy alérgica pero lo odio. Cuando nieva polen no estoy feliz. Tampoco estoy infeliz, simplemente me cabreo.

Cabrearse es bueno, estirar todo tu cuerpo y bostezar sin taparse la boca es bueno.

Hace años, conociendo China (un mes estuve allí) descubrí por qué los chinos viven tanto y por qué están tan felices (bueno, los que están felices):

Cuidan su cuerpo y su alma, pasean, frotan su espalda contra los árboles, escupen, hacen Tai Chi en los parques, bailan, se suenan los mocos sin pañuelo.

Al principio me chocaba, joderrr, que asco… después de estar allí un tiempo y observarles (parece que esté hablando de monos en un zoo y no es eso, observaba para empaparme, para mimetizarme) comprendí por qué lo hacían: para liberarse de toda la mierda que llevaban dentro.

En Pekín no había tanta polución, pero fue llegar a Shanghai y … el horror. No se podía ni respirar. Visité a Los Guerreros y, en plena tormenta de arena, lo único que quería hacer era escupir, sonarme los mocos y respirar.

Cuánto he aprendido de mis viajes por el mundo, cuánto. Solo hace falta dejarse llevar, sonreír y no prejuzgar.

Este verano tengo unos días libres y estoy planeando hacer un viaje sola, alone, con mi mochila y mi curiosidad; nada de viajes programados, los odio. Necesito perderme, conocer, hablar con desconocidos, intercambiar palillos, cigarros, copas de vino. Llevo necesitándolo mucho tiempo.

No sé a donde iré, solo se que me mimetizaré con lo que encuentre. Cuando te mimetizas, aprendes y aprender es lo que mueve mi mundo.

Mimetizarse o morir.

Sushi Q. (Casi recuperada de mi lesión del pie y con ganas de mimetizarme con el ambiente)

*Con estas zapatillas recorrí Vietnam y Camboya. No quiero tirarlas, están destrozadas pero son parte de mi vida. Las llevaré en mi viaje.

Magnetismo

Esta noche me siento en paz.

Mi hijo duerme, yo leo cosas, cosas de esas que me hacen bien. Mis cosas.

Estoy recostada en la cama. Un enorme cojín suave sostiene la curvatura de mi espalda. Una bonita espalda.

Salgo de mi cuerpo, me elevo y observo desde arriba mi figura. Me gusta ese plano cenital y me envío una amplia sonrisa.

Voy volando por todas las estancias de casa. Me detengo sobre la cama de mi hijo sonrío.

-Te quiero, hijo.

Sigo flotando y observando lo que he construido durante estos años. No me falta nada, me sobraban cosas, lugares y personas.

Tengo la habilidad de atraer lo bueno. Soy una especie de imán que absorbe lo que le hace bien y deja ir lo que le provoca dentera, nervios y acidez. Inteligencia emocional, lo llaman, yo prefiero hablar de ‘rubia que a veces tiene accesos de listeza’.

Me siento en paz. Mi respiración es pausada. Mi gesto, relajado. No tengo presión en el pecho.

Me levanto, voy al baño, me deshago la coleta. Me miro al espejo.

-Qué guapa eres. Bueno, guapa no, atractiva. Siempre has tenido un magnetismo especial para atraer lo que has ido necesitando. Quizás sea la magnetoterapia de la rehabilitación, no te flipes… que chula te están volviendo los años… cuánto descaro…

Regreso a la cama. Vuelvo a recostarme. Sonrío, estiro las piernas. Sonrío.

Soy un imán de cosas buenas. Soy un imán de gente amorosa, abrazona, amable, creativa, sonriente, auténtica.

Ahora sí que sí. Vuelvo a ser. Me he encontrado sin necesidad de buscar abrazos, amores sin sentido, miradas descalzas, palabras sin voz, cuerpos sin esperanza.

Bendita soledad. Bendito magnetismo. Bendita seguridad en mi.

Sushi Q. (en vías de mi recuperación física, en vías de volver al gym, en mis vías, en mis cabales y en mis descabales)

 

Punto y final •

A veces te centras en un solo algo y te absorbe de tal manera que no ves el todo.

Después de darle vueltas a ese algo, a ese solo algo, he visto el todo.

Punto y final •

Gracias a mi ‘fractura por stress del segundo y tercer metatarso del pie izquierdo’ por obligarme a frenar. Gracias, en serio, gracias, lo necesitaba y el cuerpo me lo gritaba.

Únicamente necesitaba pararme y ordenar los pájaros de mi cabeza.

Esta semana por fin los solté, dejé partir a mis pájaros, llevaban unos meses comiendo alpiste y sin volar.

Hay que dejar volar a aquello que tiene alas. No puede una enjaularse entre barrotes cuando en el fondo sabe que ha nacido para no atarse, para no esclavizar su alma libre y loca, para no dejar de ser un ave migratoria sin miedo a arribar a otros lugares. Nunca me dio miedo viajar.

Jamás podría prescindir de mis alas, me faltaría al respeto y me volvería azul oscuro, gris, gris plomo, gris pesado y herrumbroso…

No ha llegado aún el día en el que algo me vuelva gris. Soy de colores ¡nací y me hice de colores!

Pájaros libres ya por fin. Pie recuperándose cuando al fin lo escuché y comprendí. Ilusión de nuevo. Mejillas sonrosadas. Flequillo despeinado.

Vuelvo a ser. Estoy volviendo a ser 💜🙃

Punto y final •

Comienzo a caminar.

Sushi Q.