De mi perfume, mi bazar y mi aoi

Últimamente me paso tarde sí y tarde también metida en un bazar chino que hay cerca de mi casa. Vale, estoy exagerando, no es tarde sí y tarde también, quizás sean dos tardes en semana, pero si no dramatizo no soy yo, y si no soy yo sería otra persona y si soy otra persona quizás tendría un trastorno de personalidad múltiple y como que no, bastante tengo con aguantarme a mi misma como para aguantar a mi alter ego. Buf, paso, que estrés, joder, que estrés… A todo esto, siempre os estoy dando explicaciones y lo mismo ni existís, menuda movida, una movida muy gorda ¿no? En fin, sigo.

Entro en mi bazar. Vale, no es mío pero lo hago mío por unos minutos, qué pasa, ¿tenéis envidia? pues buscaos uno, este es mío, sólo mío y paso de compartirlo.

Es enorme, con techos súper altos, estanterías repletas de cosas y dos chinas, probablemente ninjas, apostadas en los pasillos por si a alguien se le olvida que robar es un pescado capital (no se de qué país, pero es capital)

Lo recorro despacito, me detengo, toco, acaricio, parpadeo, olisqueo. A veces imagino que me va a saltar un Gremlim de la sección de disfraces, pero nunca me ha llegado a suceder, supongo que cuando voy está durmiendo la siesta y eso, por muy Gremlim que uno sea, se respeta.

Avanzo unos pasos, disfruto observando las cajas de cartón apiladas unas sobre otras. La grande, la mediana, la pequeña, las chiquititas… Me dejo caer por el pasillo de las cintas de regalo. Las hay de tela, de papel, con brillos, mates, con filigranas. Busco el color aoi, mi color favorito, se llama así, aoi (palabra japonesa) y es entre verde y azul, pero ni verde ni azul, raya un poquito el turquesa pero no es turquesa, es aoi, punto, joder qué pesados sois…

Observo tarros repletos de estrellas de mar, de conchas, de piedras, de líquidos de colores, de arena, y me pregunto quién los habrá rellenado, en qué estaría pensando, qué mes sería…y recuerdo mi viaje a China, los chinos y sus sonrisas, su amabilidad, sus gestos, su curiosidad por el color de mi pelo. Aún conservo el olor de todo, es curioso, los olores son el Delorean de los sentidos, te retrotraen al pasado, como ese perfume que uso y que te gusta tanto. Se me está acabando, se agota, como lágrimas en la lluvia, como todo lo que se usa, como el tiempo, como la vida cuando la vives, la bebes, la respiras…

Sushi Q.

Imagine

Te pasas media vida intentando enhebrar agujas con hilos deshilachados, pensando en que dirán si tus calcetines amanecen desemparejados, sonriendo con la boca cuando tus ojos claman por unas cuantas lágrimas, preocupándote de quien no se preocupa por ti, siendo esclava de lenguas ajenas, anejas y añejas. Mirando al horizonte anclada a puerto.

Un día el estómago te arde. Te sientas en un sofá silencioso y te preguntas:

-Eh, un momento ¿es esto lo que quiero?

Sin mucho esfuerzo llegas a la conclusión de que no y decides dejar de hacerlo. Decides cruzar al otro lado, golpear la perfecta piñata que pretendías hacer de tu vida y afrontar expectante el chaparrón sin miedo a mojarte.

Comienzas a cruzar los pasos de cebra en ámbar para sonrojar al semáforo. Sacas el dedito corazón a los pitidos que resuenan, como sirenas de guerra, en tus oídos. Te desintoxicas de toxinas ajenas. Pisas los charcos, chapoteas, decides vivir TU vida.

Entonces, una buena mañana, suena -Imagine- en el coche y te das cuenta de que nada importa, sólo ese preciso momento, sólo ese instante, únicamente lo que tú quieras que importe. Y sientes que eres libre. Y notas que tu mundo de abracadabras al fin se ajusta a tu cuerpo.

You may say I’m a dreamer. But I’m not the only one.

*Entrada que escribí hace tiempo en mi antiguo blog- “A la sombra de un sauce”-  y que curiosamente hoy acabo de comprender del todo.

Sushi Q.

john-lennon

 

El Otoño en Madrid

He recuperado una entrada acerca del Otoño que escribí hace tiempo en mi antiguo blog: “A la sombra de un sauce”.

Un día decidí matarlo, sí, matarlo, aniquilarlo. Necesitaba cambiar de espacio, de rutina, de árbol. Ya no me venía bien y a las cosas que no me vienen bien las mato, o las acaricio y las despido con cuidado, o las meto en un tupper y lo lanzo al espacio, no pierdo tiempo en lo que no me viene bien, el tiempo es un regalo, no puede una desperdiciarlo.

Os la dejo por aquí. Espero que os guste.

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Llevo toda la tarde en modo perezoso. Estoy tan perezosa que hasta me he tenido que mirar la mano, varias veces, para comprobar que no tenía tres dedos, como un oso perezoso, sino cinco.

Las tardes de otoño en Madrid son así: vagas, lentas, aletargadoras. Si te fijas, hasta las hojas de los árboles caen despacio, sin prisa, bailando un minué con el viento.

En las tardes de otoño madrileñas la gente llega diez minutos tarde a sus citas, toman más café para no olvidar que la semana tiene siete días y hasta los atascos duran más.

Si caminas rápido Gran Vía arriba el viento te corta la cara y te obliga a disminuir el paso. Si aparcas el coche en Tudescos, el ticket se estropea y debes pagar en caja. Si decides tomarte una cerveza en Casa Labra, probablemente haya una cola enorme y debas esperar al invierno para quemarte la lengua con una croqueta de bacalao.

En Callao te chocarás con más personas de lo habitual. En El Gaucho los chorizos criollos tardarán un rato más en estar en su punto. En el MAC de Fuencarral no quedarán lápices de ojos Phone Number porque volaron un día en que un remolino otoñal entró en la tienda y pegó con más violencia de lo esperado.

Todo esto es lo que hace que ame el Otoño. Frena nuestro reloj para que nos detengamos y no dejemos de admirar su color. Frena nuestro frenético caminar para que abramos los ojos y no miremos sólo a nuestros pies. Probablemente sea mi estación preferida del año, probablemente, hasta que inventen otra…

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*Por cierto ¿aún estamos en Otoño? Paso de calendarios, de relojes, de horas y de estaciones. Las vivo, con eso me vale.

*Si alguna vez detectáis una falta de ortografía en algún post, decídmelo. Jamás las paso por el corrector. Soy una chunga.

Sushi Q.

Axiomas

Las grapadoras han de ser rojas, los alicates, amarillos y en los cajones de la cocina ha de haber gomas, pero no de cualquier tipo, no, gomas de esas que si te haces una coleta con ellas y luego intentas quitártelas como en un anuncio de pelazo Pantene, te arrancas medio cuero cabelludo y se te quedan unos pelos que ni Donald Trump tras una noche de farra en Las Vegas (por ejemplo)

Pues eso, que hay cosas que tienen que ser así porque sí, por evidentes, porque son inexorables, de acero inoxidable, axiomas (¡joder, cuántas equis, parece esto un post pornográfico o, lo que es peor, una quiniela!)

Lo curioso es que estoy en contra de los axiomas (salvo que los formule yo, claro, siempre ha habido clases…) pero por lo general estoy en contra. No hay verdades absolutas, las verdades absolutas se tornan en obtusas y al final a la gente se le pira la flapa, se le va la olla y hace cosas espantosas (como votar a gente de color naranja en unas elecciones presidenciales cuando es bien sabido que la gente naranja no es de fiar salvo Naranjito)

Las verdades absolutas suelen ser antropomórficas, humanoides, reumatoides (pienso yo) jamás me he cruzado con un perro que dijera:

-Lo que yo ladro va a misa !Guau!

Tampoco he conocido perros que hablaran, claro…pero siempre son humanos los portadores de verdades como puñales. Curioso.

La cosa varía con los gatos, esos si que son axiomáticos y creen que su verdad es la que vale y yastá. No me gustan los gatos, van por la vida con cara de sobrados y bueno, ellos pueden ¿eh? que con 7 vidas quien no iría de sobrado… pero jode mucho que te miren así, de esa manera, de esa guisa, desaguisadamente, con sus ojos de sobrados y sus contoneos milimétricamente ensayados.

En el ámbito floral los equivalentes axiomáticos a los gatos serían las rosas. Son pretenciosas, petulantes (cómo no, son flores y están llenas de pétalos) pero se puede ser más mejor sin ir de sobradas ¿sabéis, rosas?) y si no mirad a las margaritas, mi flor favorita. Son sensibles y tiernas. Yo de pequeña me las comía, quería ser vaca, pensaba que comiendo margaritas del campo me saldrían ubres, pero no, ni me salieron ubres, ni me convertí en vaca, ni me dediqué a anunciar quesos de vacas risueñas en sus montañas (y mira que me chifla el queso…)

Jamás se de qué leches voy a escribir cuando me pongo a ello, siempre pienso: voy a escribir sobre esto… pero es que luego no se que pasa que acabo desvariando y a dios rogando y con el mazo dando (ohhhh wait, no ¡que soy atea!)

Todo parece muy elemental querido Watson, muy evidente, pero hay veces que es mejor volverse invidente, abrir bien las orejas y escuchar, pararse, detenerse, aprender un  rato…se aprende mucho escuchando (si quieres aprender, claro)

*No me hagáis ni puto caso, esto que acabo de formular es muy axiomático. Es una verdad como un templo, sí, pero son mis verdades y mis templos 😉

Sushi Q.

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De miserias, super héroes y polillas

Ayer me “sorprendí” intentando alcanzar un objeto de la mesilla sin mover un sólo músculo de mi escandalosa anatomía ¿Qué cómo? muy fácil: con la mente, simple y llanamente.

No os riáis, eso no es bien, no tengáis la desvergüenza de ocultar que vosotros lo habéis intentado una y otra vez y que el objeto en cuestión (*léase: mando a distancia, vaso de agua, ibuprofeno, una mandarina, una pila alcalina -de las de Alcalá de toda la vida-) se ha movido unos milímetros haciéndoos sentir como el Super Héroe Americano, del que estaba enamorada de pequeña, al que escribí una carta y que me contestó, al día siguiente, diciéndome que era una niña super bonita (benditos padres que la redactaron ya traducida del inglés al castellano y qué bien funcionó FEDEX aquél día…)

¿Veis? Todos tenemos miserias que esconder, todos, no estoy tan mal de la cabeza, salvo por el amor incomprensible que profesaba al Super Héroe Americano, a su cuerpecillo de Super Man venido a menos y a sus pelos rubios y rizados peinados con petardos.

Todos tenemos miserias y secretos inconfesables de peli de Antena 3 al mediodía, todos. Todos tenemos taras. Todos. A ver, no es plan de ir proclamándolas por ahí. Yo, por ejemplo, no voy diciendo que mi abuela se ha reencarnado en polilla y que por eso no mato polillas por si alguna de ellas es mi abuela le doy un zapatillazo y la palma, de nuevo, del golpetazo, no, ni de coña, no, pero si surge el tema de reencarnaciones y expedientes x varios, pues lo suelto y me da igual quien esté, cómo me miren o como me fulminen….si me cae un aluvión de cítricas me hago un zumo y a saco paco con la vitamina C, subidón, subidón, !arriiiiiiibaaaaaa! Vamos, que mis miserias son mías, que las asumo, las río, las comparto y que no me avergüenza lo más mínimo que se sepan (salvo la del Super Héroe Americano, claro, estoy hoy saliendo del armario…)

*Aplausos* Gracias*

¿Algún miserable, como yo, en la sala? ¿Algún tarado? ¿Alguno que desee salir del armario y desapolillarlo? ¿Alguno con miserias que sacar pa’fuera? Venga animáos, que yo no juzgo, que no muerdo, que no mato, que soy una tía dura pero tampoco una chunga (por no matar, no mato ni polillas…)

Sushi Q.

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Gente de Amor

Es increíble el descoloque que le causa a la mayoría de los mortales que les regalen una sonrisa. Sí, llevo años haciendo estudios zoológicos al respecto y cada vez soy más consciente de ello.

Un día, hace ya bastante tiempo, o no tanto, según la escala de Richter con la que se mida el tiempo de una rubia, decidí armonizar mis placas tectónicas (las tetónicas las tengo bastante armonizadas por el momento)  y saqué la sonrisa a pasear.

Comencé a detenerme, a mirar a los ojos de la gente y a regalarles sonrisas. La respuesta, después de una larga y tediosa investigación, ha sido positiva, salvo por unos electrones que, supongo, han de existir para que los buenos sean buenos gracias a los malos y los malos sean aún más malos para hacer más buenos a los buenos y la carga negativa de las pilas de botón se compense con un buen revolcón.

Respiro y sigo….. uffffffff

El caso es que he llegado a la contusión, sí, a la contusión, ya que me ha llevado varios tropiezos, desmanes y hostias como panes pillar el punto a la flora y fauna que se contonea por el mundo… que hay tres tipos de gentes totalmente divergentes (podría utilizar el término diferentes para referirme a ellos, pero como tengo estudios y soy una persona ocultísima, pues uso divergentes aunque suene prepotente)

Y aquí están:

  • Gente de Amor:  La de colores, la que en seguida responde con una sonrisa, con una mirada de plastilina, con una caricia o todo a la vez, porque son como tú, como yo, que no entienden de sonrisas de madera, que recogen arándanos en primavera y se rascan la tripilla mientras comen cucharadas de Nocilla.
  • Gente Pichín Pichán: La que al recibir una sonrisa fuera de lugar se bloquea y cambia de acera, bien porque no sabe, no puede, le da palo, rosa palo, pero sabes que en cuanto les tiendas la mano, la ropa, les pegues un poco tu locura, les en-tiendas aunque estén colgados de una percha y les centrifugues, se volverán más Pichán que Pichín y alguna mañana, cuando te vean, te sacarán la sonrisa ellos a ti y se cambiarán de acera.
  • Gente directamente Gilipollas: Sí, ahí están, los directamente gilipollas o imbéciles (*nótese que la M en esta palabra ha de pronunciarse deteniéndose largamente en ella y arqueando un pelín las cejas) Esta gente, al recibir una sonrisa, o pasa directamente de tu culo o te da la espalda  No hay más. Yastá. Fin. Y coges y te preguntas: ¿esta gente de qué va? ¿cómo se mueve por la vida? ¿cuál es su motor para caminar? Y te planteas si en lugar de una sonrisa o una palabra amable necesitarían  4 hostias por delante, 4 por detrás, una ristra de latigazos, una avalancha de collejas o golpecitos sinusales en la cabeza con un martillo de feria (eso jode un huevo, mucho, muchísimo, un huevo).

Entonces te paras y miras a tu alrededor y te das cuenta de que, tras años y años estudiando, analizando, filtrando, colando, cribando… has logrado neutralizar a la Gente Directamente Gilipollas, has conseguido que la Gente Pichín Pichán cambie de acera, aunque sólo sea un rato, una mañana, una semana, un miércoles de resaca, y te has quedado con la Gente de Amor, mi gente, mi buena gente, de todos los colores, matices, tallas y pesos, pero siempre transparentes, contundentes, sonrientes, incongruentes.

*Gente de Amor: Término no propio acuñado del amigo de una amiga (que es un hada, mi amiga, digo)

Sushi Q.

!Viva la Guardia Civil!

¿Alguien sabe qué es la tarjeta verde del coche y si mi coche ha pasado la ITV?

Yo tampoco.

Os pongo en situación:

Tarde de ayer (creo) 18:30, solazo, mi hijo detrás con la cara pintada como un ratón, nos dirigimos a Decatlón…

Control de la Guardia Civil.

-! Anda, una Poke Parada!- le digo al ratón que llevo detrás.

El ratón no contesta, se limita a observar.

Son tres y, sí, parece que me han leído los labios y no les ha molado eso de Poke Parada. Dejan pasar al coche de delante, sumamente sospechoso, de secuestrador de peli de Antena 3, estoy convencida y plas, me paran. Sí, a mí, a la pringada, aunque ya estoy bastante acostumbrada…

El agente me mira, yo le sonrío. No. No es un Pokemon, es un agente de la Ley y no puedo cazarle, así que me limito a sonreír… (a ver, no le voy a escupir ¿no?) 

El agente va rodeando beneméritamente mi coche, echa un ojo a la parte de atrás y ve que hay un ratón mirándole. Le choca, disimula, hace como que no lo hay y se dirige a mi ventanilla…

La bajo, le miro y vuelvo a sonreír.  Ay, yo qué sé, soy así, un ser amable y estoy feliz…además aún conservo todas las piezas dentales, si estuviera mellada pues vale…

-Buenas tardes- me dice- tarjeta (no se qué del coche) y carnet de conducir.

-Si, un momento, sí.

Abro el monedero y saco todas las tarjetas: Adeslas, carnés de biblioteca, Visas, tarjeta de gasolina, tarjeta de la Seguridad Social, tarjeta del Carrefour… sólo me falta escalera de color, Póker y Repóquer…

Joderrrrr, el tío ya me mira como mal y yo empiezo a inquietarme…

-! Ay! !aquí, aquí está! se obra el milagro.

Le entrego el carnet.

-¿El coche es suyo? me pregunta.

-Sí, sí, es mío (me dan ganas de contestarle que no, que acabo de robarlo en una gasolinera y que la presencia del ratón, ahí detrás, a mí también me ha sorprendido… pero creo que no es el momento, no, hoy no, no sigas porque no…)

-Entiendo- me dice- por favor tarjeta (de no sé qué).

-¿Qué es eso? -le digo.

El tío, que ya se va poniendo a mi nivel (viva la empatía), me explica:

-A veeeerrrr, es una tarjeta verde…

-!Ah, sí, ya sé lo que dice!

Abro la guantera.

-Madre mía lo que lleva Usted ahí- me dice (ya va tomando confianza, se ha debido dar cuenta que no soy una yihadista camuflada)

-¿Ay si, verdad? jajaja (me río en plan Norma Desmond en Sunset Boulevard)

Saco todo así de golpe y voy entregándoselo:

Resguardo de la matrícula del cole del niño, un chupete rosa que hacía siglos no encontraba (!bien!), documentos del banco, tickets de compra caducados…de todo, de todo menos la puñetera tarjeta verde!

Entonces, comprendo que así no voy a ningún lado, que soy culpable, asumo mi situación, suelto los papeles y le digo:

-Mire, múlteme, si quiere multarme, múlteme, no tengo lo que me pide, es más, no sé lo que me pide, múlteme.

Le miro con ojos de cachorrito, esos que pone el gato de Shrek… Se  hacerlo bien, como este tipo de cosas me suceden asiduamente ya aprende una a defenderse…

-No me gusta multar a nadieeee, me dice- además son 200 € de multa…

-! Ay, 200 €! !ay, ay! entonces olvídese de lo que le acabo de decir, no me multe.

Mis ojos de cachorrito se muestran acuosos, estoy lográndolo, sí, venga, un poquito más, aguanta aguanta…

El agente me devuelve el carnet y me dice:

-A ver, a ver ¿a que la próxima vez va a usted a tenerlo todo a mano?

-Sí, sí, lo tendré todo a mano !Gracias, gracias!

Me sonríe, no es mal tipo, hace su papel, le mola, ha disfrutado de su autoridad.

-Continúe, anda, continúe… me da paso y va moviendo la cabeza con desesperación mientras se dirige a contarle a sus compañeros de Poke Parada que ha dado con una tarada.

Cierro la ventanilla, sonrío ya sin ojos de cachorrito y le digo a mi hijo:

-Ya está ratón, ya está. 

-¿Qué pasado mamá, qué pasado mamá…?

-Nada hijo nada… !que viva la Guardia Civil y las Poke Paradas!

 

 

I got you, babe

Últimamente, ya sea en el coche, en mi casa o en la radio, acaba sonando I got you babe, sí, la de Sony y Cher, una cosa tremenda, oye…

Y no me ha sucedido un par de veces, no, ya van unas cuantas, como seis ó siete en el último mes y, claro, el tema empieza a ser preocupante…

Cada vez que comienza a sonar, chas, la quito… y digo para mis adentros:

-Lagarto, lagarto, lagarto, lagarto- cuatro veces sí, así ha de ser, si lo digo tres seguro que la neutralización no funciona y si no funciona algo terrible ocurrirá y un apocalipsis zombie llegará. Y ¡siiiii! todo será por mi culpa, porque no dije lagarto cuatro veces, y tendré unos remordimientos atroces durante toda mi vida y por la calle la gente dirá: ¡fue ella, fue, ella! con sus dedos acusadores y me llamaran la Walking Dead… ¡que viene la Walking Dead! y los niños huirán aterrados y Godzilla se quedará corto a mi lado y, y, y….

-Vuelve nena, vuelve- Ok. Sigo.

El caso es que esta mañana al arrancar el coche para ir a trabajar, zas, I got you babe, na-na, na-na, y  digo:

-Joderrrr, atrapada en el tiempo, el día de la marmota, soy como Bill Murray pero en rubia. Me encanta la peli, me encanta Bill, no entiendo mucho de marmotas, sinceramente, mi hermano y yo sólo tuvimos un hámster bipolar que nos mordía y nos hacía polvo la vida…. así estoy, con unos traumas que alucina vecina…

El caso es que visto lo visto, he decidido que esto ha de ser una señal y la he escuchado enterita. Aún no sé qué tipo de señal, pero he de asumirlo y aceptar que quizás este tema sea la banda sonora de mi verano, o, quién sabe, de esta nueva etapa de mi vida.

Es todo como muy extraño y desconcertante. Últimamente recibo señales por todos lados. La otra noche, riéndome con una amiga en mi nueva casa, le puse tanto ímpetu a la carcajada que al echarme para atrás en el sillón, plas, el pico de la ventana del salón me sacudió con fiereza en  la cabeza. El golpe fue tan brutal que casi acabo trepanada, así como si nada, o con un traumatismo cráneo ence-fálico severo que, bueno, no me importaría, la verdad, pero sólo para un rato, claro, que estoy muy bien sola, que a esto a mi me mola.

Volviendo al golpe. Mi amiga, que es muy buena pendona (sí, tú, sí) se empezó a reír, y yo a llorar y a reírme al mismo tiempo (soy mujer, puedo hacerlo) Ella me decía:

– ¡Ponte hielo, ponte hielo!- y claro, una que es rubia, que está descojonándose y que no acostumbra a beber vino blanco porque le da a la cerveza, pues ¿qué hizo?: abrir el congelador, coger la hielera entera y plantársela a modo de tocado de Ascot,  en la cabeza. ¿Y qué hace una amiga buena pendona? Pues foto y al Face.

Fue un hostión antológico, algo extraordinario. Ahora, un chichón a lo Mortadelo se alza sobre mi coronilla pero… ¿y qué? menudas risas, fue todo una maravilla…

Por suerte no sonó I got you babe, na-na,na-na, hubiera sido demasiado humillante, pero sé que volverá a sonar, lo sé y también se cuándo, dónde y cómo:

Esta tarde, en mi nueva casa, con mi hijo en brazos, estrenando soltería, partidos de la risa, dándonos besos, haciéndonos cosquillas, na-na, na-na….

*Luego pongo foto (o no…)

Hay que dejar espacio 

Hay que dejar espacio. Los rincones se llenan de pelusas.

Hay que dejar surgir. Lo forzado no amanece, no da frutos, no es azul como los miércoles.

Tengo la costumbre de dibujar corazones abiertos; se los dibujo a mi hijo, a mis sobrinos, a mis amigos…

Los corazones cerrados son como los abrefáciles de los envases de café: al final, acaba una mordiéndolos, rasgándolos, cortándolos con las tijeras y termina todo derramado por los rincones, por las esquinas, por los quicios de la puertas, por peteneras…

Hay que dejar volar a las mariquitas, no arrancarles las alas, que son suyas, que son coquetas y bonitas, que quitarles las alas no les hace cosquillas.

Hay que dejar espacio. Fluir. No retener el agua, no contener la lluvia. Hay que dejar el corazón abierto, las palmas hacia arriba, que se cuelen tormentas de verano en la cocina…

Tonto el que lo lea

Hacemos las cosas al revés, complicamos lo bonito, nos alejamos.
Evitamos mirarnos a la cara en el metro, no se muy bien por qué, hacemos lo imposible por cerrar las puertas del ascensor cuando escuchamos a alguien en el descansillo, evitamos tocarnos, hablarnos, ayudarnos…rechazamos cualquier contacto humano…

Hay hombres buenos -algunos hombres buenos- pero los hay malos, muy malos, tipo Gargamel, sí, como “el vecinito” que dice mi niño…

Esto va dedicado a ti, vecinito cabrón, que agarras los aviones de papel de mi sobrino, cuando se cuelan en tu jardín, los arrugas, los haces una bola y los tiras, pedazo de cerdaco, a la calle… debe ser que te molesta que invadan tu espacio vital… verás cuando nos de por las cometas, te vas a enterar…

Pero, tranquilo,  hemos diseñado un plan para combatir tu mala leche, tu carencia total de sensibilidad, tu falta absoluta de empatía… aquí está, todo para ti, el avión  Tonto el que lo lea… un inocente avión que no te hace mal si no lo lees…pero !ay amigo como lo leas!… serás un tonto sin remisión, un tonto a las 3, un tonto a las 2, un tonto a todas horas y en cualquier posición en la que te pongas.

Eres tonto, mucho, mu tonto y muy cabrón… y lo mejor de todo ¿sabes qué es? que eres tonto aunque jamás llegues a leer el mensaje de nuestro avión…No te preocupes, nunca lo lanzaremos, estamos hechos de otra pasta, de sonrisas y de lágrimas, no nos llegas a la suela y mira: te sacamos la lengua…

Tu sigue rompiendo aviones, nosotros continuaremos echando a volar ilusiones…FullSizeRender.jpg

Aspiro

Aspiro a vivir serena.

Aspiro la alfombra del salón aunque sea primavera.

Aspiro a no morderme la lengua, que duele mucho y ya no se lleva.

Aspiro el pelo de mi hijo.

Aspiro las pelusas de detrás del la nevera.

Aspiro el olor a tierra húmeda justo antes de estallar una tormenta.

Aspiro oxígeno, lo aspiro fuerte, me lleno, me inflo, me crezco, me desvanezco.

Aspiro a ser, simplemente eso, a ser.

Aspiro a sentirme como me sienta bien: en una silla, en un sofá, en bragas, en la playa, ensimismada.

Aspiro y las Estrellas tintinean, siempre tintinean.

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El apartamento

Adiós casoplón.

Mudo de vida, de cimientos, de pellejo, me voy a un apartamento.

Me gustan los cambios, no les tengo miedo. Despeinan, claro que despeinan, pero más despeina la rutina, un domingo en Ikea, una vida sin tormentas…

Mi hijo y yo, comprando en el chino de abajo pan del malo. Sonreímos, subimos a nuestro apartamento sin ascensor, no nos hace falta tenemos un buen par de alas.

Colocamos margaritas en la mesa del salón, tomamos tarta, nos chupamos los dedos, nos damos besos.

Ordenamos los armarios, tiramos la basura espacial hasta el infinito y más allá… no tenemos trastero, no somos Diógenes, acumulamos momentos.

Nos tumbamos en el suelo, hacemos sombras chinescas en el techo. Nos decimos secretos…

Somos unos disfrutones, caminamos en calcetines, nos encantan las guerras de cojines.

Hoy beberé  vino con mi buena gente, con mis amigos, brindaremos con taninos, que rima con Tarantino, en nuestro apartamento, el mío, el suyo, el vuestro…ese vino acumulado que, si lo dejas más tiempo, se vuelve avaro…

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Cascabel

Lo más sensato sería cerrar el pico, no buscarle tres pies al gato, ver, oír y callar; disimular.

Lo más sensato…

¿!!!lo más sensato!!!?

¿Y para que inventaron la sin razón, el silbar, el caminar de puntillas o el taconear?

Necesito silencio pero a veces hago ruido. Me muero de risa y luego resucito. Voy por la vida según me da. Según las mareas, la Luna, las placas tectónicas o el nivel del mar. Voy con mi cascabel, sí, con él.

Se acabó el aparentar, el taparse la boca para bostezar; he puesto un finiquito al reírse bajito. Y si me sacan la amarilla quizás me ponga roja ¿y qué? ¿y qué más da?

Y si me pierdo ya me encontrarán y si no quiero que me encuentren lanzaré mi cascabel al mar.

Sushi Q.

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Perdiendo el tiempo

Los relojes en un cajón. Las fresas en remojo. Un libro. Silencio.

Harta de perder las llaves de casa, las gomas del pelo, la barra de labios roja – a lo Robert Smith- que he vuelto a usar tras un inacabado duelo,  me dedico, cuando quiero, a “perder” el tiempo…

Es lo que hacen los pájaros cuando hinchan su pecho durante el invierno, lo mismo que la lluvia cuando resbala por los cristales, lo que una polilla enorme y despistada hace girando alrededor de una bombilla cansada: “perder el tiempo”.

“Pierdo” el tiempo porque sí, porque me da la gana, porque puedo. Lo pierdo y, si se me antoja, no lo encuentro.

“Pierdo” el tiempo estirando sin prisas todo mi cuerpo, sesteando sobre un libro recién abierto, quitándole bolas a un jersey viejo…”Pierdo” el tiempo, la cabeza, la compostura, las maletas, los bostezos…

Las fresas en remojo. Pereza en el cajón de los relojes. Silencio. Pierdo el tiempo…

Sushi Q.

Últimamente 

Últimamente no veo la tele, sólo Bob Esponja y, sí, le asesinaría (como todos los padres y madres damnificados por él y sus secuaces) o le mandaría al psiquiatra a que le recetara valerianas, litio, o cuatro hostias bien dadas. No sé, cada vez me molesta más, así que ni la enciendo, ni la toco, ni la miro…simplemente le hago el vacío.

Últimamente el móvil me estresa. El otro día, mientras dormía a mi hijo, lo apagué, sí, lo apagué. Apagado, Off, Game Over, Fuera de cobertura, que rima con hartura. Además, lo hice con rabia, con mala leche, con ira, sin piedad.

-Joder- pensé ¡qué liberación y que fácil ha sido, esto hay que repetirlo!

Supongo que llevo mucho tiempo necesitando silencio, soledad, susurros, palabras amables que contengan ‘eses’ donde tumbarme, donde mecerme, donde acunarme…

Últimamente leo, leo mucho. Leo a mi hijo, leo mis pensamientos, leo las líneas de mi mano, leo los labios…

Ultimamente lloro, lloro mucho hasta que mis ojos se tiñen de luto. Las lágrimas hay que sacarlas, secarlas, consolarlas, hay que cantarles una nana…

Últimamente disfruto, soy feliz, inmensamente feliz.

Últimamente sufro, estoy triste, tremendamente triste.

Sigo aprendiendo. Sigo avanzando. Sigo tropezando y diciendo tacos.

Últimamente sonrío, sonrío grande, sonrío bonito.

Sushi Q.

Destacado

De qué va este blog…

Tendemos a estar tristes los domingos, a quejarnos los lunes y a ponernos como motos los viernes.

Tendemos la ropa, tendemos a infinito, tendemos a la cordura cuando quizás lo más sano es elogiar, un pelín, a la locura.

Este blog va de lo otro, de las pequeñas-grandes cosas, de tender una mano a la alegría, a la gente corriente que da calambre. Va de música, de cine, de viajes, de amores pasionales. De mi hijo.

Soy rubia, tengo mis sombras y mis dudas, no pretendo sentar cátedra, una rubia jamás osaría a algo tan complicado…🤪

Leedme, no me leáis, pero tratad de ser felices, que la vida es un ratito, que se pira ¡que se va por una alcantarilla! Sonreíd, brindad, emborrachad a la tristeza, que es muy mala, que es muy negra…

Sushi Q.